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Opinando
Un nuevo gobierno

Si se llegase a fundir una libertad económica con una libertad política, podría lograrse crear en este país un ambiente propicio para una auténtica democracia y un progreso económico y social

Publicada 27 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Rafael Rodríguez Loucel
El Diario de Hoy

rloucel@utec.edu.sv

Un nuevo gobierno se iniciará en pocos días en El Salvador. Ese significativo acontecimiento induce a la reflexión de la profundidad de los problemas del país en todos los órdenes: en lo económico, en lo político y en lo social, pero al mismo tiempo se generan nuevamente expectativas cuando un diferente gobierno asume el poder y promete en un programa económico y social rescatar al país de esa crisis y conseguir que un bienestar social y un crecimiento económico se conjuguen en un proceso de desarrollo y libertad para todos los salvadoreños, con objetivos específicos de generación de empleo, reducción de la pobreza, seguridad ciudadana y una seguridad jurídica. En tal sentido, en un contexto positivo, un ambiente de esperanza prevalece en el país.

El punto de partida es una situación de tensiones sociales que surgen de un bajo nivel de vida de la mayoría de la población, que llega a los extremos, en muchos casos, de una actitud o posición reactiva natural, pero no necesariamente adecuada. Pero nada es imposible de realizar y los grandes problemas se podrían ir resolviendo, siempre y cuando exista una buena voluntad del gobierno, para realizar las cosas que se necesita hacer y una comprensión de los gobernados para visualizar que lo que está en juego no son los intereses económicos particulares, sino la viabilidad política de un sistema de libre iniciativa y libertades individuales.

Si se llegase a fundir una libertad económica con una libertad política, podría lograrse crear en este país un ambiente propicio para una auténtica democracia y un progreso económico y social. La eficacia de una gestión gubernamental es fundamental para lograr superar una crisis económica y llegar en forma paulatina a una viabilidad económica y social. Pero tan importante como eso, también lo es la compresión, la actitud, el esfuerzo, la creatividad, el sacrificio y la disposición al cambio de todos los ciudadanos.

Ese cambio no debería ser sinónimo de progreso individual, más bien sería deseable interpretarlo como un cambio en la manera de gobernar, lo que lógicamente incluye una gestión económica que ponga en práctica un esquema transparente, conciliador, coherente, congruente y consistente de medidas económicas; en otras palabras, que defina lo que se le ha dado en llamar “las reglas del juego”, que le permite al sector privado conocer el sentido de dirección que el nuevo Gobierno le pretende dar a la política económica.

Ese cambio, seguramente, también requerirá de una buena cuota de sacrificio y comprensión de todos los ciudadanos y un consenso mayoritario de los mismos, porque son éstos, y no sus representantes, los que en definitiva deben decidir el tipo de sociedad en que sería deseable vivir.

Una política económica no debería ser ni extrema ni dogmática. Los cambios de orientación de la misma son deseables y habría que iniciarlos de inmediato, pero no debería perderse de vista que los cambios abruptos y fuera del contexto de la realidad socio-política que vive el país podrían dar resultados contrarios.

Sería fundamental recordar que el objetivo ulterior de todo programa económico es el bienestar generalizado, pero también habría que tener siempre presente que antes de redistribuir la riqueza hay que producirla y que por todos los medios habría que evitar que una esperanza se convierta en frustración. También no hay que olvidar que un gobierno fuerte no es sinónimo de gigantismo, de excesos de controles y de intervención directa en las actividades productivas. Si lo es en la orientación, en la facilitación, en la promoción de la reactivación económica y en la compensación social.

Las soluciones permanentes a los problemas del país se logran fortaleciendo el aparato productivo. En adición y paralelamente, se requiere de esfuerzos específicos en el campo social, puesto que los principales problemas son ocasionados por el desempleo, las necesidades básicas insatisfechas y, por ende, las tensiones sociales.

Es necesario integrar y armonizar los esfuerzos de estabilización que regulen la demanda, con los de reactivación (que alienten la oferta). Habría que destinar, entonces, los recursos internos y externos a “invertir” y “producir”, que es lo que en definitiva podría evitar más presiones inflacionarias, más endeudamiento gubernamental, más déficit fiscal y, en definitiva, propiciar un crecimiento económico sostenido con estabilidad financiera.

Este nuevo Gobierno no debe perder de vista que las remesas siguen siendo únicamente una oportunidad para promover el ahorro y la inversión, mientras no se generen divisas provenientes de nuevos rubros de exportación.

¡Señor Presidente, el reto está planteado, la oportunidad se le ha delegado!
*Lic. en Economía.

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