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El drama de vivir en la orilla de una quebrada

Pánico. Dos familias cuentan las penurias que viven cada vez que llueve. Ahora todos trabajan para evitar desgracias

Publicada 26 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Obras. La familia Olano coloca cemento para evitar que el caudal siga erosionando la tierra. Foto EDH/Lissette Monterrosa


El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Los ojos de Ángela Olano Madrid se llenan de lágrimas cuando escucha hablar de las lluvias, pero, sobre todo, del río que pasa a un costado de su sencilla vivienda, en el Barrio Santa Anita.

La quebrada Arenal de Montserrat es, para ella, la culpable de que todos los años pierda una parte del terreno donde construyó la casa para su familia.

Con mucha dificultad, camina sobre el terreno frágil, que se ha erosionado justo debajo de la habitación donde descansa por las noches.

“Yo no paso tranquila, peor cuando llueve. El agua se llevó una buena parte del patio, ahora ya llegó a la orilla de mi cuarto, tengo mucho miedo de que, cuando duerma, me lleve la corriente”, expresa afligida.

En esa casa habitan cerca de 15 personas, entre ellas varios niños y ancianos, que durante las tormentas se turnan para vigilar el cuarto de la septuagenaria.

Mirna de Olano, otra de las personas que vive en la casa de madera y lámina, explica que todo el bambú que estaba sembrado en el patio se lo llevó la correntada. Ahora se han quedado con menos defensas en la parte posterior de la vivienda, porque el muro de contención también cedió.

El muro cedió ante la fuerza del agua. Foto EDH/Lissette Monterrosa

“Lo que hemos hecho ahora es poner una mallita cerca del cuarto, para evitar que los niños se vayan a deslizar al barranco; pero el peligro está”, enfatizó.

Además de las 15 personas, hay un buen número de animales que cohabitan en ese espacio, como pollos, gallinas y perros.

A un costado de la habitación, hay otra familia que también ha sufrido los estragos de las lluvias. Es una mujer que trabaja en el mercado junto a sus dos hijos.

El caso de Rosa Orantes es dramático, pues ella pagó para construir un muro, y el albañil que contrató se robó el dinero y no hizo la obra.

“Costó tanto recoger el dinero, para que no hiciera nada el hombre ese. Ahora he tenido que cambiarme de cuarto, porque ya está a la orilla del río”, explicó.

Ambas familias no han recibido ayuda de la municipalidad, a pesar de que una comitiva les visitó para conocer el problema.

Pequeñas obras en el terreno

La familia Olano no quiere perder su casa. Es por eso que algunos de los que ahí viven dedican su tiempo a construir un muro, para evitar que cuando el arenal crezca, erosione la tierra.

Edgar Iván Artiga, con taladro en mano, abría ayer agujeros en una madera para asegurar la escalera que le lleva a la quebrada.

“Mire, empezamos a trabajar el 8 de mayo, quitamos toda la basura y todos los escombros que había. Nivelamos el terreno, donde hemos empezado a levantar el muro”, detalló.

Así, llevan casi 20 días de labores y la obra aún no está terminada. Apenas han logrado construir la base de cemento donde estará el muro. Pero no saben si podrán continuar con el trabajo, porque no tienen recursos.

“Ya hemos gastado como mil dólares y esto no está ni a la mitad. Nos aflige porque, cuando llueve, eso se afloja. No sería lo mismo que termináramos rápido, antes de que el invierno se ponga peor”. No tienen esperanzas de ayuda, sólo la de no perder la casa donde habitan.


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