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La borrachera de la boda

Vorágine. Madrid ha cambiado su aspecto habitual, también sus habitantes son distintos, a ratos parece como que redescubren su capital

Publicada 22 de mayo 2004, El Diario de Hoy

En boca de todos. Los madrileños no hablan de otra cosa que no sea la boda real, ya sea en bien o en mal. Además, no ha quedado rincón sin ser tomado en cuenta para los preparativos. Foto EDH/AP

Lafitte fernández
enviado especial
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

Excitados y prácticamente viviendo una eufórica borrachera de leyendas, historias y chismes, amanecieron hoy los madrileños en espera de la boda del Príncipe Felipe y la periodista Letizia Ortiz.

Desde hace varios días, aquí ocurre de todo: desde mirar cómo medio millón de personas paran el tráfico de vehículos a las tres de la madrugada porque, sencillamente, quieren mirar la nueva iluminación de la capital, hasta pedirle a Dios que pase la boda para que “todo vuelva a ser normal”.

Madrid tiene otra cara, desde hace algunos días. No es el Madrid que se puede mirar en tiempos ordinarios. Sus principales calles muestran un decorado “kitsh” y hasta barroco, mientras se cambian los colores de las fuentes principales entre el rosa y el fucsia.

Si antes se miraba a los españoles caminar normalmente por las calles, ahora asumen posturas diferentes: llevan consigo cámaras fotográficas o filmadoras para llevarse recuerdos de la boda entre un príncipe y una plebeya.

Eso sí: la boda costará un dineral... más de $50 millones. Las autoridades tendrán que pagar horas extras a más de 20 mil policías y a muchísimos funcionarios más que no están dispuestos a ceder su tiempo por la felicidad de sus futuros reyes.

Y esto último es sólo uno de los rubros que pagarán los españoles con sus impuestos aunque, hay que decirlo, están felices con la borrachera real.

Cuando se camina por la calle, sólo se escuchan comentarios del matrimonio. Para unos,
Letizia es “maja” (guapa). Hay, sin embargo, jóvenes que la consideran fría y calculadora.

Con el costo de la boda, no todos están de acuerdo. Quizá por eso, Sonia Clarena, una mujer de 24 años, filóloga le dijo a un periodista español: “Haré todo lo posible por no ver la boda. La pagamos todos y la disfrutan sólo dos”.

Pero, y también es parte de la verdad (por lo menos sobre lo que se escucha en la calle), las quejas son excepcionales. Aquí parece que a cada familia española se le casará un pariente cercano.

Por todas las calles de Madrid se han colocado pantallas gigantes para que los españoles vean la boda. La televisión estatal de este país también ha gastado un dineral para transmitir cada detalle de lo que ocurra. Aquí hay no menos de 150 cámaras desplazadas por los principales puntos de Madrid. Coordinar esa transmisión, será una verdadera locura que pocos se atreven a hacer.

La seguridad es un capítulo aparte. Policías: 20 mil. Guardias: 3 mil 500. Y no se para de contar. Durante la tarde de ayer, los cielos de Madrid estaban tomados por helicópteros de la policía que seguían, desde arriba, a los principales invitados a la boda, entre ellos el presidente Francisco Flores y su esposa.

Hasta un avión que cedió la Otan surcará los cielos madrileños para evitar que a algún terrorista se le ocurra meter sus manos en este asunto de la boda. El avión está preparado para detectar objetivos desde los cielos. A todo ese ejército se juntarán 200 francotiradores élites que estarán apostados en las terrazas de los principales edificios que se encuentran dentro del recorrido que harán los esposos.

Ellos recorrerán las calles de Madrid en un Rolls Royce Phantom 10, blindado. La Rolls Royce construyó sólo 18 vehículos de ese tipo a finales de la Década de los 40. Tres de ellos los adquirió el ex hombre fuerte de España, Francisco Franco. Ahora están al servicio de la realeza española.

Madrid no es la misma de antes. Está atribulada. La gente corre de un lado a otro. Los transeúntes parecen alucinados cuando llegan a la Gran Vía o a Cibeles. En ocasiones se tiene la percepción que los madrileños están redescubrimiento su capital.

Quizá –y eso lo reconocen– la boda real les permitirá olvidar los sucesos terroristas del 11 de marzo en el que murieron casi doscientas personas. El terrorismo lo afectó todo aquí. Ni siquiera la boda real ha vuelto a llenar los hoteles, como ocurría antes.


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