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Perfil
Arturo
Cruz, de nacionalidad nicaragüense, es docente del INCAE
y uno de los principales analistas de los procesos sociales y
políticos de Centroamérica. Fue director del Banco
Centroamericano de Integración Económica (BCIE)
y asesor permanente del Banco Uno.
Tiene un doctorado en Historia Moderna por la Oxford University
y estudió una maestría en Relaciones Internacionales
en la Universidad John Hopkins, Estados Unidos. Ha ofrecido consultorías
a la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) y
ha publicado artículos en varios periódicos de Estados
Unidos y México. Es profesor visitante de la Escuela Superior
de Economía y Negocios (ESEN).
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Ciro Granados
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Pregunta: Imaginemos que El Salvador es un barco. ¿Cómo
está el mar: más bravío o más calmo que en
1999?
Respuesta: Está más picado, en el sentido que los desafíos
de este país, en cuanto a las expectativas ciudadanas y a la capacidad
del Estado de responder a ellas, es evidente que hay una brecha. Las expectativas
crecen y la capacidad del Estado en términos de suficiencia fiscal
es limitada. Por otro lado, la inversión privada no ha tenido el
vigor suficiente para contribuir a apaciguar esas expectativas.
P: La luna de miel entre Saca y la población se prevé intensa.
¿Es esto una ventaja o un peligro para el nuevo gobierno?
R: Soy un gran convencido de que esa luna de miel va a ser prolongada,
porque el Presidente electo tiene una energía extraordinaria, un
carisma poco usual, es un comunicador sin precedentes. Me recuerda a un
Ronald Reagan centroamericano. Eso es algo que le va a beneficiar en los
próximos años de gobierno, sobre todo cuando las realidades
objetivas sean difíciles de superar.
P: Las expectativas de la población son frías y las ventajas
que usted menciona son más subjetivas. ¿Realmente tiene
la capacidad para entrarle de lleno a la problemática de El Salvador?
R: Creo que una de las decisiones más importantes de este gobierno
será nombrar el ministro de Hacienda. Sobre la base de esa decisión
vamos a ver por dónde van sus intenciones en el tema fiscal.
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Creo que el Frente se
va a dividir, y lo va hacer muy bien, por la insistencia de Schafik
de tener una línea vertical donde, para gente pensante, resulta
un poco odioso esta línea de acción.
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P: ¿Cuál es su tesis sobre la situación política
de El Salvador?
R: El gran déficit de este país pasa por una sociedad política
funcional para una sociedad liberal, una democracia representativa con
una economía de mercado que cuente con un Estado regulador fuerte.
Sinceramente, creo que tenemos un partido por el lado de la derecha moderada,
ARENA, bastante estable y funcional y de una vitalidad asombrosa.
Insisto en que todavía, por el lado de la izquierda, no tenemos
un partido que se mueva al centro, sino uno que se mueve a la izquierda.
Sin duda esto es un problema, pensando en el sistema de sociedad liberal.
Sobre todo si entramos en un escenario que tal vez no sea el más
feliz pero que hay que vislumbrarlo donde el poder se distribuye
entre el Ejecutivo, con ARENA, y en la Asamblea con un FMLN con la fuerza
suficiente para vetar el funcionamiento del país. Y ahí
sí tenés una situación de poder dual.
P: Pero es la decisión de los salvadoreños.
R: Al final del día uno ve que los salvadoreños tienen una
voluntad clara por favorecer a ARENA como su principal partido, pero también
hay un remanente fortísimo que de alguna manera tomó el
riesgo de votar por esa opción aunque tal vez Schafik no era el
candidato ideal para ellos. Ahora, eso no quiere decir que dentro de esos
815,000 votantes no haya muchísimos que quisieran una alternativa
de izquierda nueva. Creo que ahí está la esperanza de un
El Salvador: con una sociedad política más estable y funcional.
Una izquierda claramente definida en la línea de la social-democracia
que sí aboga por una esfera pública fuerte, pero sin destruir
la esfera privada y reconociendo, incluso, la hegemonía del mercado.
P: Estas presidenciales son históricas; aunque parecemos encaminarnos
hacia el bipartidismo. ¿Vale la pena ese experimento en este país?
R: Sí, pero es un bipartidismo polarizante. Y lo que quisiéramos
es un bipartidismo menos ubicado en los extremos, sobre todo por el lado
de la izquierda. Sí vamos hacia eso. Pero vuelvo a insistir en
que eso no quita la necesidad de una izquierda que sea abiertamente socialdemócrata.
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Hacia el bipartidismo. Apela a una izquierda socialdemócrata.
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P: ¿Implicaría esto que Schafik y camaradas deban desaparecer
de la cúpula del Frente para que el partido se vuelva un poco más
hacia la derecha (centro)?
R: Sí, o sea que se reinvente como partido socialdemócrata
y que deje ese limbo ideológico en el que se encuentra: que un
día es mano izquierda y otro día, tal vez tácticamente,
no es tan izquierda. Pero también seamos claros: obviamente eso
sería un escenario ideal desde mi perspectiva, pero también
reconozcamos que Schafik sacó 815 mil votos. Si se suma la participación
electoral del FMLN en las dos elecciones anteriores, para las presidenciales,
Schafik en ésta sacó más. Eso le da a él suficiente
espacio político para poder argumentar en su partido que realmente
no le fue tan mal. No va a ser tan fácil desplazarle.
P: Basado en esto, ¿tiene posibilidades la izquierda de gobernar,
desde el Ejecutivo, estando comandada por ortodoxos?
R: Olvidémonos de llegar al Ejecutivo, pero la izquierda con Schafik
tiene la posibilidad de vetar el funcionamiento de esta sociedad. A eso
me refiero, a una estructura de poder dual.
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Saca me recuerda al Ronald
Reagan de Centroamérica
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El FMLN puede vetar el
funcionamiento de El Salvador
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El FMLN tiene la organización suficiente dentro de la Asamblea
para vetar que el país funcione.
P: Deberá ser muy creativo el Presidente electo.
R: Honestamente creo que deberá tener una gran capacidad de diálogo,
sobre todo con los diputados que representan los partidos en extinción,
los difuntos. Y en segundo lugar tiene que estar claro, al interior del
FMLN, de que sí van a haber posibles corrientes que se van a sentir
lastimadas por Schafik y que pueden ofrecer una posibilidad de colaboración.
P: ¿Necesitan dividir al Frente para poder gobernar?
R: Creo que el Frente se va a dividir entre ellos y lo va a hacer muy
bien, precisamente por la insistencia de Schafik de tener una línea
vertical, donde, para gente pensante, resulta un poco odioso esta línea
de acción. No hay duda de que ahí hay una posibilidad de
abrirse un espacio. Pero esto no niega el otro escenario fatal donde lo
que se tiene es una posibilidad de poder dual, que para mí sería
muy triste.
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Opciones. El nicaraguense cree que el Presidente deberá
negociar con miembros del FMLN que no avalen la línea oficial.
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P: ¿Es acaso Schafik y su línea el lobo feroz de esta democracia?
R: Je, je, es que... la verdad... el caso es que... ehhh.
P: Porque no será la Caperucita, por muy rojo que sea...
R: Sí, definitivamente, la Caperucita no es. Creo que Schafik es
un pésimo candidato, pero un excelente político.
P: Yendo hacia la derecha, con cuatro períodos de ARENA ,¿hacia
dónde vamos?
R: Eso te habla maravillas de ARENA en el sentido que ha sabido manejar
sucesiones al interior de manera brillante. Ha reinventado su lenguaje.
Es el partido que se identifica con la modernidad económica y ahora
tiene un presidente que, estoy convencido, va a ser el presidente, sobre
todo, de la clase media salvadoreña que desesperadamente quiere
a un presidente que, al menos emocionalmente, se identifique con ellos.
P: ¿Tiene Saca la capacidad de sacar adelante esas materias pendientes?
R: Los desafíos de esta sociedad, en capacidad fiscal del Estado,
es un tema que a cualquier gobernante le complicaría su gestión,
sobre todo si tomamos en cuenta la frustración que hay en el agro,
los rezagos sociales; los déficits fiscales han sido mayores que
el crecimiento económico. No hay duda de que éstos son los
temas que él deberá enfrentar. Insisto, cualquiera que llegase
tendría dificultades con esta gestión.
P: ¿Se metió Saca en camisa de once varas?
R: Sí. Porque el país está en una camisa de once
varas. Pero creo que si alguien tiene la capacidad de comunicarse con
la gente, de preservar su capital político y de tranzar con las
fuerzas que hay que tranzar es Antonio Saca. Él va a demostrar
no sólo que es un gran comunicador, no sólo que es un Ronald
Reagan en el sentido electoral, sino que también va a ser un Ronald
Reagan a la hora de gobernar. Y cuando uno ve la gestión de Reagan,
él cambió a Estados Unidos en muchos aspectos.
P: El FMLN ha dicho que no considera legítima la elección
de Saca y la atribuye al miedo generado. ¿Tiene razón o
está actuando como una mujer despechada?
R: Tienen algo de razón en el sentido que ésta fue una campaña
donde se tomaron medidas electorales que me parecieron poco transparentes.
Pero eso ocurre en la mayoría de elecciones. Ahora, eso es sólo
parte de la explicación de semejante brecha electoral. No olvidemos
que el candidato del FMLN parecía haber sido nominado por ARENA
en cuanto a los atributos electorales. Y, por otro lado, tenías
a un candidato, Saca, que es la explicación principal de por qué
hubo esa participación masiva. Tal vez Schafik y su gente tendrían
razón para algunos reclamos, pero se están equivocando gravemente
al reclamar que este mandato de Saca no tiene legalidad ni legitimidad.
Éste es un mandato que tiene sumamente legalidad y una legitimidad.
¡Por el amor de Dios! Quiero ver otro presidente en la historia
reciente de El Salvador con la legitimidad de este señor. Preguntarse
sobre la representatividad de la elección de Saca es una pregunta
necia.
P: Estamos entonces frente a una vieja despechada...
R: Eh, digamos que es una señora dolida.
P: ¿Qué opina sobre la posible no asistencia del FMLN a
la toma de posesión de Saca?
R: Ellos pierden. Porque se proyectan como perdedores sin elegancia, amargados
y dispuestos a polarizar en vez de colaborar. Y los salvadoreños
quieren que los políticos colaboren.