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Lenguaje de guerra

Tiempos de conflicto. Los soldados aprenden a referirse a sus enemigos por motes que les hacen ver menos humanos; inferiores y hasta despreciables, con el fin de someterlos.

Publicada 19 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Entrenamiento. Soldados ensamblan sus armas con los ojos vendados en la India, un ejercicio necesario antes de enfrentarse al enemigo. Practica usual en todo el mundo. Foto EDH

El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

Un combatiente estadounidense se refiere a un prisionero iraquí como “esto”. Un general no habla de “combatientes iraquíes” sino de “el enemigo”. Un fabricante de armas no habla de personas, sino de “objetivos”.

Balas y bombas no son las únicas herramientas de la guerra. Las palabras, de igual forma, desempeñan su parte.

Los seres humanos son animales sociales, programados genéticamente para sentir compasión hacia otros. Bajo condiciones normales, la mayoría de la gente encuentra muy difícil matar.

Sin embargo, en la guerra, los reclutas militares deben ser convencidos de que matar a otras personas no sólo es aceptable, sino incluso honorable.

El lenguaje de la guerra tiene el propósito de generar ese cambio, y no solamente para soldados que están en el campo.

En tiempos de guerra, el lenguaje debe ser creado con el fin de permitir tanto a combatientes como no combatientes, ver al otro como “matable”, para superar la repulsión innata a causa de tomar una vida humana.

Las palabras varían de cultura en cultura, así como de guerra en guerra. Los calificativos no tienen que ser obviamente degradantes. Tan sólo el hecho de que nosotros podamos nombrarlos nos da un sentido de superioridad y control.

Los calificativos

Los griegos y los romanos se referían a todos los demás como “bárbaros”. Durante la Revolución de Estados Unidos, los británicos apodaron “yanquis” a los colonialistas, término con una historia que sigue estando en discusión. Si bien los británicos lo decían con el propósito de ofenderlos, los estadounidenses, en lo que quizá fue la primera instancia histórica de reclamo, se apropiaron de la palabra y le dieron un giro positivo, convirtiendo la burlona canción “Yankee Doodle” en nuestro primer, aunque extraoficial, himno nacional.

En la I Guerra Mundial, los británicos apodaron a los germanos ”Jerries”, debido a la primera sílaba de ”germano” (en inglés). En la II Guerra Mundial, los estadounidenses se referían a los japoneses como “japos”.

Los motes pueden referirse a diferencias tanto culturales como físicas, reales o imaginarias, que hacen énfasis en lo ridículo o lo repugnante. Así que en diversas guerras, los británicos tildaron a los franceses de “ranas”. Los alemanes han sido llamados “krauts”, referencia a una extraña y olorosa comida. Los vietnamitas eran tildados de “ojos de alcancía” y “rasgados”. A los coreanos, los estadounidenses los conocían simplemente como “gooks”.

La guerra en Iraq ha sumado muchos ejemplos nuevos. Algunos soldados estadounidenses se refieren a los iraquíes como “hadyis”, que se usa de manera derogatoria, al parecer sin saber que la palabra, misma que viene del término árabe para designar el peregrinaje a la Meca, se emplea como un término de respeto hacia los ancianos musulmanes.

Así que algunos términos de la guerra son sustantivos colectivos que nos alientan a percibir al enemigo como una masa indiferenciada, en vez de hacerlo como individuos capaces de sufrir. Los cruzados se referían a su enemigo como "los sarracenos", y durante la I Guerra Mundial, los británicos apodaron "hunos" a los alemanes.

Los soldados estadounidenses están entrenados para referirse a las personas en contra de las que combaten como "el enemigo". Es más fácil matar a un enemigo que a un iraquí.

La palabra "enemigo" proporciona la falta de rostro de un sustantivo colectivo. El hecho de que no sea específico también tiene una connotación que induce al temor; enemigo tan sólo significa "esos a quienes combatimos", sin ninguna referencia a su identidad.

Los terrores e incertidumbres de la guerra hacen que el aprendizaje de este tipo de lenguaje sea de importancia particular para soldados que están en el frente. Sin embargo, los civiles que están en casa también necesitan creer que lo que está haciendo su país es justo y necesario, y que las muertes que ellos están respaldando son, de alguna forma, diferentes de la muerte en la vida civil, que es castigada correctamente por el sistema de justicia penal.

El uso del lenguaje desarrollado con fines militares por parte de civiles les brinda confianza de que la guerra no equivale al asesinato.

Los hábitos lingüísticos que los soldados deben absorber para así lograr ir a pelear, ocasionan que atrocidades como las de Abu Ghraib sean prácticamente inevitables. El mismo lenguaje que crea un cisma psicológico entre "nosotros" y "ellos", y permite a las tropas estadounidenses matar en la batalla, convierte a soldados enemigos en sujetos aptos para la tortura y la humillación. El razonamiento es: Ellos no son realmente humanos, así que no sentirán el dolor.

Una vez que el lenguaje marca esa línea, todos los tipos de maltrato se vuelven inimaginables, y después justificables. Para lograr que los abusos cometidos en Abu Ghraib se vuelvan impensables, tendríamos que abolir la guerra misma.

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