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Un soldado de EE.UU. se enfrenta a corte marcial

Juicio por abusos. La condena máxima en este caso sería de un año de prisión y la expulsión deshonrosa del ejército.

Publicada 19 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Tortura - Varios soldados agreden a un prisionero. Foto AP

El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

Tres semanas después de que se publicaran por primera vez las imágenes de prisioneros iraquíes desnudos y maltratados, Jeremy C. Sivits se convertirá hoy en el primero de los siete soldados estadounidenses acusados en someterse a un consejo de guerra en Bagdad.

Según la acusación, este suboficial de 24 años fue el que hizo la mayor parte de las fotografías que el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, ha calificado de brutales, sádicas e inhumanas.

Sivits hizo un curso para convertirse mecánico, pero acabó en la masificada cárcel militar estadounidense de Abu Ghraib, cerca de Bagdad, donde fue clasificado como guardián. Su padre, Daniel, un veterano de Vietnam, le dio un consejo antes de marcharse: no delatar nunca a sus compañeros.

Pero ahora este joven militar se ha convertido en el testigo principal de la acusación contra seis de sus antiguos camaradas de la compañía 372 de la policía militar.

Sivits es oriundo de Hyndman, una ciudad dormitorio de menos de mil habitantes situada a 130 kilómetros de Pittsburgh, Pennsylvania.

Los que le conocen le describen como algo retraído y tímido. Estaba impaciente por entrar en el ejército, dicen.

Mas apenas medio año después las cosas han cambiado mucho para este suboficial. Sus familiares aseguraron a medios estadounidenses que Sivits echaba muchísimo de menos su casa. Quería dejar el servicio y regresar junto a su mujer.

Iraq. Varios periodistas fotografían la sala en donde mañana se reunirá el consejo de guerra. Foto AP

“Me entró la risa con algunas cosas que tenían que hacer (los presos)”, citaba The Washington Post al militar.“Otras cosas me repugnaban.

Cuando hoy en día pienso sobre ello, creo que nada de eso era divertido”.

Y el joven, quien no iba a delatar nunca a sus compañeros, considera ahora, mirando en retrospectiva: “Debería haber dicho algo”

Por el hecho de haber callado y, según la acusación, participado en los actos contra el suboficial, pesan ahora los cargos de conspiración para cometer abusos contra subordinados y presos, así como negligencia en sus obligaciones de proteger a los prisioneros de malos tratos y torturas.

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