Carlos Rodríguez Cedillos
El Diario de Hoy
ozatleco@yahoo.com
En casa me enseñaron que agradecer a quien nos ha beneficiado
siempre será un gesto puro de justicia. Nunca elogies al
que llega al poder -me decían- porque tus palabras sonarán
a adulación, pero nunca dejes de agradecer al que lo deja, si lo
merece.
Así, pues, como ciudadano común, sin militancia política,
lejos del poder y de su tentación, puedo hacer eco de muchos salvadoreños
que creemos tener alguna deuda de gratitud con esta administración.
Debo aclarar que no pretendo hacer una evaluación del ejercicio
que termina. De eso se encargan los analistas.
Pero sería negar las evidencias, si ignoráramos el salto
cualitativo que ha dado El Salvador en cuanto a comunicación vial.
No se requiere experticia económica para constatar que la dolarización
es un formidable escudo contra la devaluación y la inestabilidad.
Y que la baja de las tasas de interés favoreció a todos
los que, mes a mes, pagamos el crédito de nuestra vivienda. En
la actual crisis petrolera, imaginemos los precios que pagaríamos
por la gasolina si aún financiáramos al transporte público
del país.
Ningún gobierno, que yo recuerde, ha hecho frente a un país
devastado por dos terremotos, con la exportación del café
diezmada por el precio internacional y sin la prioridad geopolítica
del tiempo de los Acuerdos de Paz. Y El Salvador se levantó. Con
mucho coraje, con apoyo de países amigos, con el impresionante
sostén de las remesas de nuestra gente y con la conducción
eficaz de un equipo de gobierno.
Pero hay un área que exhibe un despegue realmente histórico.
La administración del deporte competitivo en el país ha
tenido logros que superaron cualquier expectativa. Los polideportivos
de las principales ciudades fueron el vivero indispensable para la formación
de atletas que alcanzarían posiciones inimaginables. (Un joven
tenista salvadoreño es el #10 en el ranking mundial). Obviamente,
despojar a nuestros atletas de resabios y temores no fue un hecho mágico.
Pensar que El Salvador superara a Colombia en ciclismo era ciencia ficción.
Todo ha sido el resultado de un trabajo tesonero y muy demandante. Se
crearon centros de alto rendimiento, se becaron atletas y se les brindó
nutrición y atención médica adecuadas. Para los más
jóvenes, algunas federaciones crearon un sistema semipresencial,
que les permitiera continuar sus estudios sin interrumpir su entrenamiento.
Vinieron técnicos. Salieron nuestros muchachos a competir, sin
más frontera que su esfuerzo y dedicación.
El resultado está allí. Elocuente para el que lo quiera
ver.
Y para concluir con el tema de la gratitud, es inadmisible que cuando
faltan pocos días a la actual administración, no haya una
voz desapasionada, objetiva, que reconozca al presidente del INDES y al
jefe del Ejecutivo, su decisión histórica de reconstruir
nuestra Primera Casa de Estudios.
Es fácil decir: Sólo cumplieron con su obligación.
Pero quienes recordamos el campus universitario donde sobrevivieron por
décadas, guerras, conflictos, terremotos y descuido, nos sentimos
orgullosos de esta nueva sede universitaria digna y adecuada para las
altas tareas del pensamiento. Y creemos que es de justicia decir gracias.
Montesquieu tenía razón: Una injusticia hecha al individuo
es una amenaza hecha a toda la sociedad.
*Columnista de El Diario de Hoy.