Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
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Es curioso observar cómo las noticias que nos llegan de la reciente
ampliación de la Unión Europea (UE) con diez nuevos países,
se ilustran casi exclusivamente con datos económicos. Parece que
la economía lo fuera todo. Algunos otros plan- tean si EE.UU. siente
o no este agrandamiento europeo como una amenaza contra su hegemonía
política mundial.
Tampoco ese aspecto de la correlación de fuerzas internacionales
completa el tema. Hay otras cosas importantes. Por eso en mi artículo
anterior hablé del "alma" de Europa, por la que claman
Juan Pablo II y otros -¡no pocos!- europeos. Si a algunos lectores
les produce alergia preguntar por el "alma", lo haremos con
otra palabra: ¿cómo está el "talante",
el humor, el modo de ser, de los europeos? ¿Está sana su
moral y su cosmovisión? Y, para interés nuestro, ¿qué
pueden enseñarnos a nosotros los centroamericanos?
Vayamos por partes. La UE, me parece a mí, padece la misma decadencia
moral que todo el mundo occidental, pero comparada con EE.UU. su dolencia
es más grave. La lacra del aborto tiene menos resistencia que en
Norteamérica. Los movimientos pro-vida tienen menor relieve. En
materia de sida, enfermedades de transmisión sexual, embarazos
de adolescentes, etc., andan por el estilo. Peor andan en eutanasia. Pero
además toda Europa padece con extrema gravedad el peor de los males:
"El suicidio demográfico".
La UE mantiene una natalidad reducidísima que hace que, a pesar
de la alta longevidad que alcanza su gente, se mueran más europeos
que los que nacen. Los europeos autóctonos desaparecen y con ello
se agrava día a día el costo de las prestaciones que la
Seguridad Social da a una creciente tercera edad, a expensas de una población
activa que se encoje progresivamente. El constante aflujo de inmigrantes
africanos, turcos, asiáticos y latinoamericanos disminuye algo
este problema, pero no lo soluciona. Pero esa avalancha de extranjeros
añade otro problema: el de la difícil integración,
principalmente la de los musulmanes.
Aquí sólo nos llegan pálidas referencias a todo el
conflicto que en Francia se ha armado sobre si las niñas musulmanas
pueden ir al colegio con el velo islámico o no. Conflicto que ha
desembocado en una ley que no ha resuelto el problema sino que lo hace
más enconado. Los ocho nuevos miembros que fueron países
satélites de la desaparecida Unión Soviética, aportan
una natalidad tan baja como la de los antiguos miembros, una pobreza manifiesta
y un daño ecológico considerable.
¡Qué irónico resulta que entre nosotros la izquierda
más o menos marxista presuma de ecologista! Y ello porque el peor
desastre ecológico se da precisamente en la Alemania Oriental y
en los otros países europeos que vienen saliendo del comunismo.
Hay otro dato sombrío que tampoco suele llegar a nuestro conocimiento
y es que en estos países ex--comunistas, la mayoría de la
gente ha perdido el espíritu de trabajo. Acostumbrados a ser empleados
de un Estado que lo es todo, a trabajar sin el estímulo de la competencia
y a ser remunerados con el mismo sueldo si lo hacen bien que si lo hacen
mal, la holgazanería, la chapuza y la irresponsabilidad encontraron
allí un campo fértil para crecer y robustecerse. Tomen nota
los que añoran utopías totalitarias.
Junto a esos aspectos sombríos del modo de ser y vivir de los europeos,
hay luces bien patentes. El valor de la UE, aparte de los factores económicos
tan comentados por otros, está no sólo en que sea la tercera
mayor concentración de gente en el mundo, después de China
y la India, sino en que esos 450 millones de habitantes tienen un alto
nivel educacional. Si se mira desde perspectiva económica, tambien
esto es muy importante ya que el "recurso económico"
más valioso, hoy día, es la inteligencia educada. De eso
anda muy bien Europa.
Hay una larga tradición de interés por todos los aspectos
del saber, de tomarse el estudio en serio y de exigencia docente y discente
en sus colegios y universidades. No en vano aquí se gestó
o se desarrolló lo mejor de la cultura occidental. En los países
ex-comunistas, pese al lastre de su pasado oscurantista, nunca se sofocó
del todo ese espíritu, a lo cual se añade su notable facilidad
para adquirir rápidamente el uso eficiente de idiomas distintos
al propio y un interés nunca desaparecido por las humanidades:
filosofía, historia, artes, etc.
Pienso también que si esta Unión Europea ha podido ir creciendo
y solventando toda la intrincada maraña de dificultades e intereses
contrapuestos, no es sólo por los incentivos económicos
sino porque está dentro del espíritu europeo una tendencia
a la visión amplia, abierta y cosmopolita, que se interesa por
lo ajeno y que llegado el caso es capaz de ponerse "en los zapatos
de los otros", de entender los puntos de vista de gente de diferente
cultura.
Hay algo en lo mejor y más genuino del espíritu europeo
que se echa en falta en muchos de los centroamericanos, con ambiciones
tan cortas, tan reacios a la unión, a pesar de ser tan necesaria
y urgente. También en muchos norteamericanos -¡su tradición
aislacionista!-, se observa esa incapacidad para entender el modo de ser
de la cultura de otros pueblos.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.