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Breve análisis
Luces y sombras de la UE

Hay algo en lo mejor y más genuino del espíritu europeo que se echa en falta en muchos de los centroamericanos, con ambiciones tan cortas, tan reacios a la unión, a pesar de ser tan y urgente.

Publicada 17 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Es curioso observar cómo las noticias que nos llegan de la reciente ampliación de la Unión Europea (UE) con diez nuevos países, se ilustran casi exclusivamente con datos económicos. Parece que la economía lo fuera todo. Algunos otros plan- tean si EE.UU. siente o no este agrandamiento europeo como una amenaza contra su hegemonía política mundial.

Tampoco ese aspecto de la correlación de fuerzas internacionales completa el tema. Hay otras cosas importantes. Por eso en mi artículo anterior hablé del "alma" de Europa, por la que claman Juan Pablo II y otros -¡no pocos!- europeos. Si a algunos lectores les produce alergia preguntar por el "alma", lo haremos con otra palabra: ¿cómo está el "talante", el humor, el modo de ser, de los europeos? ¿Está sana su moral y su cosmovisión? Y, para interés nuestro, ¿qué pueden enseñarnos a nosotros los centroamericanos?

Vayamos por partes. La UE, me parece a mí, padece la misma decadencia moral que todo el mundo occidental, pero comparada con EE.UU. su dolencia es más grave. La lacra del aborto tiene menos resistencia que en Norteamérica. Los movimientos pro-vida tienen menor relieve. En materia de sida, enfermedades de transmisión sexual, embarazos de adolescentes, etc., andan por el estilo. Peor andan en eutanasia. Pero además toda Europa padece con extrema gravedad el peor de los males: "El suicidio demográfico".

La UE mantiene una natalidad reducidísima que hace que, a pesar de la alta longevidad que alcanza su gente, se mueran más europeos que los que nacen. Los europeos autóctonos desaparecen y con ello se agrava día a día el costo de las prestaciones que la Seguridad Social da a una creciente tercera edad, a expensas de una población activa que se encoje progresivamente. El constante aflujo de inmigrantes africanos, turcos, asiáticos y latinoamericanos disminuye algo este problema, pero no lo soluciona. Pero esa avalancha de extranjeros añade otro problema: el de la difícil integración, principalmente la de los musulmanes.

Aquí sólo nos llegan pálidas referencias a todo el conflicto que en Francia se ha armado sobre si las niñas musulmanas pueden ir al colegio con el velo islámico o no. Conflicto que ha desembocado en una ley que no ha resuelto el problema sino que lo hace más enconado. Los ocho nuevos miembros que fueron países satélites de la desaparecida Unión Soviética, aportan una natalidad tan baja como la de los antiguos miembros, una pobreza manifiesta y un daño ecológico considerable.

¡Qué irónico resulta que entre nosotros la izquierda más o menos marxista presuma de ecologista! Y ello porque el peor desastre ecológico se da precisamente en la Alemania Oriental y en los otros países europeos que vienen saliendo del comunismo. Hay otro dato sombrío que tampoco suele llegar a nuestro conocimiento y es que en estos países ex--comunistas, la mayoría de la gente ha perdido el espíritu de trabajo. Acostumbrados a ser empleados de un Estado que lo es todo, a trabajar sin el estímulo de la competencia y a ser remunerados con el mismo sueldo si lo hacen bien que si lo hacen mal, la holgazanería, la chapuza y la irresponsabilidad encontraron allí un campo fértil para crecer y robustecerse. Tomen nota los que añoran utopías totalitarias.

Junto a esos aspectos sombríos del modo de ser y vivir de los europeos, hay luces bien patentes. El valor de la UE, aparte de los factores económicos tan comentados por otros, está no sólo en que sea la tercera mayor concentración de gente en el mundo, después de China y la India, sino en que esos 450 millones de habitantes tienen un alto nivel educacional. Si se mira desde perspectiva económica, tambien esto es muy importante ya que el "recurso económico" más valioso, hoy día, es la inteligencia educada. De eso anda muy bien Europa.

Hay una larga tradición de interés por todos los aspectos del saber, de tomarse el estudio en serio y de exigencia docente y discente en sus colegios y universidades. No en vano aquí se gestó o se desarrolló lo mejor de la cultura occidental. En los países ex-comunistas, pese al lastre de su pasado oscurantista, nunca se sofocó del todo ese espíritu, a lo cual se añade su notable facilidad para adquirir rápidamente el uso eficiente de idiomas distintos al propio y un interés nunca desaparecido por las humanidades: filosofía, historia, artes, etc.

Pienso también que si esta Unión Europea ha podido ir creciendo y solventando toda la intrincada maraña de dificultades e intereses contrapuestos, no es sólo por los incentivos económicos sino porque está dentro del espíritu europeo una tendencia a la visión amplia, abierta y cosmopolita, que se interesa por lo ajeno y que llegado el caso es capaz de ponerse "en los zapatos de los otros", de entender los puntos de vista de gente de diferente cultura.

Hay algo en lo mejor y más genuino del espíritu europeo que se echa en falta en muchos de los centroamericanos, con ambiciones tan cortas, tan reacios a la unión, a pesar de ser tan necesaria y urgente. También en muchos norteamericanos -¡su tradición aislacionista!-, se observa esa incapacidad para entender el modo de ser de la cultura de otros pueblos.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.

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