Ruth Candray
El Diario de Hoy
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Como tantas veces se ha dicho, el rol de madre, como también
el de padre, es el más importante, más delicado y más
difícil de desempeñar. Roles, además, que asumimos
sin una preparación previa, muchas veces cuando todavía
somos muy inmaduros, cuando tampoco estamos preparados económicamente
para asumir tal responsabilidad. Qué triste que nuestro nacimiento
sea circunstancial, no planificado, no celebrado con bombos y platillos
en la mayoría de los casos ni esperado con ansias por toda la familia.
Lo más triste en el caso de El Salvador, es que ésa es la
realidad de la mayoría de los niños cuando nacen, factor
desencadenante de más pobreza.
En ocasión del Día de la Madre se acostumbra dedicar una
serie de canciones obsoletas que corresponden a un viejo paradigma, el
de la madre abnegada, sacrificada, sumisa y sufrida. Hace 50 años
o más eso se esperaba de una madre y entre más sufrida,
más amada por los hijos, qué lamentable. La era actual requiere
de un nuevo paradigma, de un nuevo tipo de madre, lo ideal sería
una madre con educación, con una personalidad asertiva, responsable,
amorosa y capacitada para trabajar.
La madre es la primera fuente para el desarrollo del ser humano, la que
prodiga a ese ser tan tierno, tan puro, pero también tan impotente,
la atención, el alimento, los cuidados, el amor y la ternura, la
seguridad y protección, necesidades primordiales al nacer.
Cuando falta alguno o algunos de esos elementos, se produce sufrimiento,
peligro, riesgo y vacío existencial. El bebé reconoce las
muestras de amor como también las de rechazo de parte de la madre
o de quien le cuida. Es tanto lo que necesita el ser humano de la madre
a lo largo de todo su desarrollo, que por ello el ser madre es una enorme
responsabilidad.
El carácter y temperamento, la personalidad, la satisfacción
o insatisfacción ante la vida, su autoestima como mujer, su actitud
ante la vida, son determinantes en el desarrollo de los hijos, en la formación
de su personalidad, en las actitudes ante la vida, en su autoestima, en
la alegría existencial. Influirá todo ello además
en la vida de adultos con todas sus implicaciones, al formar pareja, al
constituir un matrimonio, en las relaciones interpersonales y sociales
en el ámbito del trabajo.
Muchísimas personas, hombres o mujeres y especialmente los hombres,
pueden tener de por vida un sufrimiento interno, un vacío existencial,
lo que a su vez va a determinar su actitud como padre o madre, siendo
un efecto en cascada y afectando a toda una familia. A la madre de por
sí se le ama, se le debe respeto y agradecimiento, primero por
darnos la oportunidad de la vida, pero por otra parte, cuánto podemos
reclamar, resentir y hasta culpar a una madre, por no habernos dado suficiente
amor, por no habernos enseñado a amarnos a nosotros mismos ni a
los demás, por no haber sabido orientarnos, disciplinarnos, por
no haber sabido prepararnos para la vida, por no ser fuente de felicidad.
Cuántos de los hombres descargan en sus esposas toda la rabia,
el resentimiento que llevan de por vida contra su madre, son alcohólicos,
no saben amar a sus mujeres o demostrarles afecto, porque no han aprendido
a amar; cuántas personas viven con un vacío existencial
y jamás llegan a ser felices.
Invito a las madres, sobre todo a las jóvenes que tienen en sus
manos esa misión tan trascendental, para que en ocasión
de un día tan especial, hagamos un análisis y reflexión
de cuánto hemos o estamos aportando verdaderamente para la felicidad
de nuestros hijos e hijas.
De igual manera, a todos para que reflexionemos que más que un
regalo material, para una madre es más significativo el recibir
palabras de amor, de reconocimiento y de gratitud, cuando los hijos consideren
que hemos podido desempeñar acertadamente tan noble y delicado
papel, en caso contrario, el mayor regalo será el perdón,
ya que ninguna madre causa daño concientemente, muchas veces, al
ser una víctima de sus propias circunstancias, estuvo privada de
saber ejercer ese rol como sus hijos hubieran querido.
* Licda. en Psicología.