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Opinando
La madre y la felicidad de sus hijos

La madre es la primera fuente para el desarrollo del ser humano, la que prodiga a ese ser tan tierno, tan puro, pero también tan impotente, la atención, el alimento, los cuidados, el amor y la ternura, la seguridad y protección.

Publicada 13 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Ruth Candray
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Como tantas veces se ha dicho, el rol de madre, como también el de padre, es el más importante, más delicado y más difícil de desempeñar. Roles, además, que asumimos sin una preparación previa, muchas veces cuando todavía somos muy inmaduros, cuando tampoco estamos preparados económicamente para asumir tal responsabilidad. Qué triste que nuestro nacimiento sea circunstancial, no planificado, no celebrado con bombos y platillos en la mayoría de los casos ni esperado con ansias por toda la familia. Lo más triste en el caso de El Salvador, es que ésa es la realidad de la mayoría de los niños cuando nacen, factor desencadenante de más pobreza.

En ocasión del Día de la Madre se acostumbra dedicar una serie de canciones obsoletas que corresponden a un viejo paradigma, el de la madre abnegada, sacrificada, sumisa y sufrida. Hace 50 años o más eso se esperaba de una madre y entre más sufrida, más amada por los hijos, qué lamentable. La era actual requiere de un nuevo paradigma, de un nuevo tipo de madre, lo ideal sería una madre con educación, con una personalidad asertiva, responsable, amorosa y capacitada para trabajar.

La madre es la primera fuente para el desarrollo del ser humano, la que prodiga a ese ser tan tierno, tan puro, pero también tan impotente, la atención, el alimento, los cuidados, el amor y la ternura, la seguridad y protección, necesidades primordiales al nacer.
Cuando falta alguno o algunos de esos elementos, se produce sufrimiento, peligro, riesgo y vacío existencial. El bebé reconoce las muestras de amor como también las de rechazo de parte de la madre o de quien le cuida. Es tanto lo que necesita el ser humano de la madre a lo largo de todo su desarrollo, que por ello el ser madre es una enorme responsabilidad.

El carácter y temperamento, la personalidad, la satisfacción o insatisfacción ante la vida, su autoestima como mujer, su actitud ante la vida, son determinantes en el desarrollo de los hijos, en la formación de su personalidad, en las actitudes ante la vida, en su autoestima, en la alegría existencial. Influirá todo ello además en la vida de adultos con todas sus implicaciones, al formar pareja, al constituir un matrimonio, en las relaciones interpersonales y sociales en el ámbito del trabajo.

Muchísimas personas, hombres o mujeres y especialmente los hombres, pueden tener de por vida un sufrimiento interno, un vacío existencial, lo que a su vez va a determinar su actitud como padre o madre, siendo un efecto en cascada y afectando a toda una familia. A la madre de por sí se le ama, se le debe respeto y agradecimiento, primero por darnos la oportunidad de la vida, pero por otra parte, cuánto podemos reclamar, resentir y hasta culpar a una madre, por no habernos dado suficiente amor, por no habernos enseñado a amarnos a nosotros mismos ni a los demás, por no haber sabido orientarnos, disciplinarnos, por no haber sabido prepararnos para la vida, por no ser fuente de felicidad.

Cuántos de los hombres descargan en sus esposas toda la rabia, el resentimiento que llevan de por vida contra su madre, son alcohólicos, no saben amar a sus mujeres o demostrarles afecto, porque no han aprendido a amar; cuántas personas viven con un vacío existencial y jamás llegan a ser felices.

Invito a las madres, sobre todo a las jóvenes que tienen en sus manos esa misión tan trascendental, para que en ocasión de un día tan especial, hagamos un análisis y reflexión de cuánto hemos o estamos aportando verdaderamente para la felicidad de nuestros hijos e hijas.

De igual manera, a todos para que reflexionemos que más que un regalo material, para una madre es más significativo el recibir palabras de amor, de reconocimiento y de gratitud, cuando los hijos consideren que hemos podido desempeñar acertadamente tan noble y delicado papel, en caso contrario, el mayor regalo será el perdón, ya que ninguna madre causa daño concientemente, muchas veces, al ser una víctima de sus propias circunstancias, estuvo privada de saber ejercer ese rol como sus hijos hubieran querido.

* Licda. en Psicología.

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