elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Tras los taladores de árboles

Santa Ana. Las leyes para castigar a quienes destruyen recursos maderables son blandas, y las utilidades al venderlos, sumamente elevadas - Urge un marco legal más estricto

Publicada 11 de mayo 2004, El Diario de Hoy

A medir. Tras el daño ambiental causado, a la PNC no le queda más que verificar lo ocurrido y estimar la magnitud del deterioro alcanzado. Foto EDH/Antolin Escobar

Antolín escobar
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com

Las tardes bajo la sombra de un cedro, son recordadas con nostalgia por don Carlos Arévalo, de 60 años. Él añora los momentos de tranquilidad y frescura que le brindó ese árbol centenario, que estaba ubicado en una finca del municipio de El Porvenir.

Don Carlos todavía tiene la viva imagen de la tarde de un día de abril recién pasado cuando en el sitio que estaba el cedro sólo encontró polvo y troncos listos para vender.

La tala indiscriminada de árboles en el departamento se ha agudizado en los últimos meses afectando a la fauna, flora y mantos acuíferos.

Al parecer, la ley de conservación de vida silvestre, regulada por el Ministerio del Medio Ambiente, y la Ley Forestal, que protege a la fauna y flora silvestre son nulas para aquellos que ven en los árboles antiguos, un simple negocio de venta de madera.

Destrucción. Enormes árboles son cortados para obtener leña y madera. Muchos de estos tienen hasta un siglo de existencia y difícilmente serán recuperados. Foto EDH/Antolin Escobar

Alarma

El problema se agudiza según las estadísticas de capturas realizadas por la Policía Nacional Civil. El año pasado, detuvieron a 12 sujetos, pero durante el primer trimestre de este año las capturas ya son 15.

Para las autoridades policiales, las sanciones por talar, quemar, comercializar o traficar especie de flora protegida son demasiado blandas.

Según el Código Penal, la pena por este delito es de 1 a 3 años de prisión, es una sanción excarcelable.

“Saben que igual van a salir libres y no les importa quemar o cortar árboles”, se queja un agente.

Otros recuerdan que un árbol de conacaste de buen tamaño, puede dejar utilidades hasta de veinte mil colones.

En la finca El Tesoro, del cantón San Cristóbal, de El Porvenir Dos Ríos, a 20 kilómetros de la cabecera, había cuatro personas talando árboles de conacaste de más de 100 años de existencia.

Negocio. Los grandes troncos se convierten en madera, las ramas más delgadas se usan para obtener leña. Foto EDH/Antolin Escobar

Los imputados se defendieron mostrando los permisos para talar árboles de sombra. Sin embargo, el conacaste y cedro, entre otros, son considerados históricos y de tala prohibida.

Contra el esfuerzo de quienes protegen la naturaleza

Al iniciar las lluvias, centenares de estudiantes, militares y voluntarios, se unen a campañas de reforestación en diferentes zonas del país.

Son muchos los interesados en proteger mantos acuíferos, fauna silvestre y a las nuevas generaciones.

El departamento de Santa Ana es considerado rico en recursos naturales. Algunos de ellos están sometidas a un sistema de áreas protegidas donde hay especies de aves en extinción y árboles históricos.

Entre estos lugares están San Diego La Barra, en Metapán, donde hay una isla que posee un bosque natural.

Además, está el bosque La Tacuazina, ubicado en Candelaria de la Frontera, un lugar rico en manantiales de agua, El Níspero, en el cantón Cutumay Camones, y el complejo San Mercelino, fronterizo con Sonsonate.

Pero a cambio hay sectores que ya amenazan con convertirse en desiertos, las urbanizaciones sin control, igual que las lotificaciones y la obtención de leña y madera, son demasiado sencillas. O se autorizan o simplemente se practican sin pedirle permiso a nadie.


elsalvador.com WWW