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Dos niveles. Un joven levanta el muro del nuevo
centro.
Foto EDH |
Ronald Jovel
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
No piden dinero ni vagan. El camino que les separa de la rehabilitación
es todavía bastante largo. Con sus tatuajes, sus malas
caras y afinidad por las siglas MS, una veintena de pandilleros trabajan
a pleno sol en la nueva escuela de Majucla, en el municipio de Cuscatancingo.
Baten la mezcla, rellenan los bloques de ladrillo aunque están
siempre pendientes de lo que pasa a su lado.
El encargado de la obra, Narciso Martínez, deja a un lado los detalles
del atraso de la construcción, que estaba prevista se terminara
para abril, y destaca la labor de estos jóvenes.
No tienen problemas con nadie, son trabajadores, indica Martínez.
La realidad que rodea a las pandillas en el país no es ajena a
estos metros cuadrados que servirán de escuela a más de
400 menores que hoy están fuera de las aulas por la falta de cupo
en otros centros de la zona.
Hace unas semanas, cinco de estos miembros de la MS fueron detenidos por
la policía dentro del plan Mano Dura que se lleva a cabo en todo
el país.
A principios de año, la alcaldía de Cuscatancingo se comprometió
a construir un centro educativo, en un terreno de la municipalidad que
estaba siendo usurpado por una empresa constructora guatemalteca. Éste
fue el primero de una serie de inconvenientes que tuvieron que sortear
las autoridades y que han supuesto un atraso para los estudiantes de básica
que esperan un hueco en la escuela.
Según el proyecto, la institución tendrá ocho aulas
repartidas en dos niveles. En la actualidad, los obreros están
a la mitad del trabajo.
Una de las dificultades que se ha enfrentado es que el terreno estaba
en malas condiciones, explicó Martínez, quien considera
que al actual ritmo esperamos terminar en menos de un mes y medio.
La municipalidad cuenta con varios proyectos de apoyo a pandilleros, alcohólicos
y drogadictos.