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Madre e hija, tras las rejas

Ilopango. La historia de estas reclusas es una de tantas que se cuentan y escuchan dentro del penal

Publicada 8 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Emoción. Alba Hernández abraza a su madre durante una celebración dentro del penal.
Foto EDH

Geraldine Varela
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Ayer, durante la ceremonia de celebración del Día de las Madres, en el Centro de Readaptación para Mujeres en Ilopango, se entregaron dos diplomas.

El primero, a la madre más abnegada; el segundo a la madre reclusa de mayor edad. Este último galardón lo recibió Teresa de Jesús Hernández, de 74 años.

En un principio, doña Teresa no estaba en el salón. Cuando ya el acto había terminado, la anciana apareció por el corredor, a paso lento para recibir el diploma.

Su hija, Alba Maribel, de 36 años, lloró de la emoción al ver a su madre recibir tal mención.
Alba no había llegado de visita. Desde hace 13 meses, madre e hija comparten la misma celda dentro de la prisión. Allí se juntaron, debido a acusaciones por delitos relacionados con drogas.

Doña Teresa cumple una pena de cinco años por posesión de droga, cargo que según su hija, es falso.

La septuagenaria recuerda que hace más de una año, viajó al oriente del país para avisar de la muerte de una pariente a otros familiares.

En el bus en que viajaba, asegura, iba otra mujer, quien llevaba la droga en un canasto. Cuando descubrieron el alijo, los policías relacionaron a la anciana con los estupefacientes y desde entonces está en prisión. Su hija Alba ya se encontraba recluída en el centro, acusada de complicidad.

La vida dentro del penal es difícil para ambas. Doña Teresa padece de una artritis que le imposibilita moverse con facilidad. Ella era quien cuidaba a los tres hijos de Alba.
Cuando doña Teresa fue arrestada, los niños fueron separados. Las dos niñas viven con una tía, mientras que el niño está con su padre.

“Al varón casi no lo veo, a la niña menor a veces me la traen y a veces no”, expresó Alba, con mucha tristeza.

Ayer, Alba aprovechó la presencia de la viceministro de Gobernación, Silvia Aguilar, a quien le pidió que revisen el caso de doña Teresa.

El encierro ha fortalecido la relación entre madre e hija.

Alegría, a pesar del encierro

La celebración del día de las Madres se adelantó para las reclusas del Centro de Readaptación de Ilopango. Ayer, las autoridades festejaron la fecha en ese lugar.
La ceremonia estaba programada para las 9:00 de la mañana; sin embargo, inició una hora y media más tarde.

Después de escuchar el Himno Nacional, iniciaron las presentaciones artísticas.
Doña Otilia fue la primera en salir al escenario. Sin acompañamiento musical y ante un público impaciente, cantó una ranchera dedicada a las madres.

Muchas de las reclusas se emocionaron más, cuando una de ellas pasó al frente a declamar un poema. “Aunque no estés conmigo, elevo una plegaria por ti”, finalizó su participación.

Lo que más conmovió a las mujeres fue la presentación de cuatro pequeños, quienes cantaron para sus madres.

A punto de llorar, muchas rieron cuando uno de los pequeños soltó un gran grito antes de concluir. Además de la ceremonia, las internas recibieron como regalo un paquete que incluía un shampú, un rinse y una crema.
También disfrutaron de un buen pedazo de postre y gaseosa.



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