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Emoción. Alba Hernández abraza
a su madre durante una celebración dentro del penal.
Foto
EDH |
Geraldine Varela
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Ayer, durante la ceremonia de celebración del Día de las
Madres, en el Centro de Readaptación para Mujeres en Ilopango,
se entregaron dos diplomas.
El primero, a la madre más abnegada; el segundo a la madre reclusa
de mayor edad. Este último galardón lo recibió Teresa
de Jesús Hernández, de 74 años.
En un principio, doña Teresa no estaba en el salón. Cuando
ya el acto había terminado, la anciana apareció por el corredor,
a paso lento para recibir el diploma.
Su hija, Alba Maribel, de 36 años, lloró de la emoción
al ver a su madre recibir tal mención.
Alba no había llegado de visita. Desde hace 13 meses, madre e hija
comparten la misma celda dentro de la prisión. Allí se juntaron,
debido a acusaciones por delitos relacionados con drogas.
Doña Teresa cumple una pena de cinco años por posesión
de droga, cargo que según su hija, es falso.
La septuagenaria recuerda que hace más de una año, viajó
al oriente del país para avisar de la muerte de una pariente a
otros familiares.
En el bus en que viajaba, asegura, iba otra mujer, quien llevaba la droga
en un canasto. Cuando descubrieron el alijo, los policías relacionaron
a la anciana con los estupefacientes y desde entonces está en prisión.
Su hija Alba ya se encontraba recluída en el centro, acusada de
complicidad.
La vida dentro del penal es difícil para ambas. Doña Teresa
padece de una artritis que le imposibilita moverse con facilidad. Ella
era quien cuidaba a los tres hijos de Alba.
Cuando doña Teresa fue arrestada, los niños fueron separados.
Las dos niñas viven con una tía, mientras que el niño
está con su padre.
Al varón casi no lo veo, a la niña menor a veces me
la traen y a veces no, expresó Alba, con mucha tristeza.
Ayer, Alba aprovechó la presencia de la viceministro de Gobernación,
Silvia Aguilar, a quien le pidió que revisen el caso de doña
Teresa.
El encierro ha fortalecido la relación entre madre e hija.
Alegría, a pesar del encierro
La celebración del día de las Madres se
adelantó para las reclusas del Centro de Readaptación de
Ilopango. Ayer, las autoridades festejaron la fecha en ese lugar.
La ceremonia estaba programada para las 9:00 de la mañana; sin
embargo, inició una hora y media más tarde.
Después de escuchar el Himno Nacional, iniciaron las presentaciones
artísticas.
Doña Otilia fue la primera en salir al escenario. Sin acompañamiento
musical y ante un público impaciente, cantó una ranchera
dedicada a las madres.
Muchas de las reclusas se emocionaron más, cuando una de ellas
pasó al frente a declamar un poema. Aunque no estés
conmigo, elevo una plegaria por ti, finalizó su participación.
Lo que más conmovió a las mujeres fue la presentación
de cuatro pequeños, quienes cantaron para sus madres.
A punto de llorar, muchas rieron cuando uno de los pequeños soltó
un gran grito antes de concluir. Además de la ceremonia, las internas
recibieron como regalo un paquete que incluía un shampú,
un rinse y una crema.
También disfrutaron de un buen pedazo de postre y gaseosa.

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