
Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Empuñando el cuchillo impregnado de sangre iraquí, sin
mostrar un ápice de cobardía en su semblante, y aún
caliente la delirante historia de cómo se trenzó en un feroz
combate cuerpo a cuerpo con un grupo de radicales chiitas, para salvar
la vida de su compañero, el cabo Samuel Toloza tomó por
asalto el escenario nacional, prácticamente convertido en el paradigma
del heroísmo cuscatleco.
Por lo menos así lo han considerado algunos funcionarios públicos
y el secretario de Estado estadounidense, Collin Powell, quien durante
una reciente y bastante oportuna teleconferencia ofrecida a los periodistas
salvadoreños, luego de la muerte del soldado Natividad Méndez,
dijo en un tono evidentemente dramatizado: He escuchado numerosas
historias de la valentía de los soldados salvadoreños, son
realmente duros, deben estar orgullosos.
Por el contrario, con menor sentido propagandístico y mayor sabiduría,
un transeúnte al que pedí opinión al respecto, me
dijo: ¿Un hombre con un cuchillo ensangrentado?... ¿qué
clase de mensaje le estamos enviando a nuestra sociedad y a nuestros niños?.
En todo caso, uno no muy distinto al que promueven los cineastas de Hollywood,
los videojuegos, algunos libros y medios periodísticos, que alimentados
por las peripecias de sus rambos, terminators o una patrulla de Rangers
norteamericanos en Bagdad, casi nos han convencido de que debemos aceptar
como un hecho loable el que un ser humano traspase a otro con un cuchillo,
le torture, o le haga explotar en mil pedazos, siempre y cuando sea en
nombre de la libertad.
Definitivamente se acabó la época de jugar a salvar al mundo
o rescatar a una dama en peligro, imaginando ser Supermán o el
Capitán América, algo que tampoco era muy sano, pues los
susodichos héroes de tira cómica no han hecho otra cosa
que exaltar un patriotismo ajeno, pero en todo caso, los aparentes ideales
tras sus coloridos trajes resultaban un poco menos nocivos que los que
mueven a los actuales paladines, quienes reverencian la justicia colocando
bombas nucleares o aniquilando a mil enemigos, lo mismo dentro de una
pantalla de cine, de un televisor o un desierto.
Incluso el antifaz, que utilizaba la mayoría de nuestros ídolos
para ocultar su identidad, por razones de modestia, más que por
malicia, ha sido desnaturalizado. Prueba de ello son los encapuchados
que se tomaron la Catedral, vale decir, por razones poco heroicas, ocasionando
con su osadía una anárquica jornada en el centro de San
Salvador, que ese día se vio convertido en una hoguera, en medio
de saqueos y violencia.
Tampoco nos quedan muchas luminarias del deporte a las que podamos emular
por su caballerosidad o sus esfuerzos sobrehumanos para llegar a la meta.
Algunas de las estrellas de hoy tienen sida, otras son procesadas por
abusos sexuales, o entran en los hospitales para desintoxicarse y poder
seguir consumiendo cocaína, todo sin perder la admiración
de sus incondicionales; tal es el caso de la entrevistadora argentina
Susana Jiménez, quien, durante un programa dedicado a Maradona,
utilizó una pista musical que dice: Si Jesús tropezó,
por qué no habría de hacerlo Diego.
Sin embargo, no se desilusione del todo, todavía quedan algunos
héroes entre nosotros.
Quizá no se enfrentan a enemigos súper poderosos, pero son
capaces de pasar una noche en vela, cuidando a un hijo enfermo.
Aún existen sacerdotes y misioneros que entregan su vida a la causa
de Dios.
Todavía hay quien se pasa largas horas acicalando un ave, cuyo
plumaje ha sido manchado por un derrame petrolero.
Es posible encontrar a personas sumidas en la miseria, que se mantienen
fieles a sus principios de honestidad.
Aún se pueden encontrar a funcionarios públicos que siguen
asistiendo puntuales a su trabajo y se dedican a atender a los usuarios
con amabilidad y eficiencia.
Por supuesto, éstos no son lo héroes que reciben medallas
o visitan la Casa Blanca, éstos son los que mueren todos los días,
en cualquier lugar, sin buscárselo, generalmente de forma anónima,
absurda y sin sentido, y pronto son polvo y nadie les recuerda. Héroes
a los que nadie escribe un poema o canta sus victorias.
Estos son los héroes verdaderos, los que están hechos de
una fibra especial y espíritu indomable, gente como tú,
que sólo debe dejar salir al héroe que lleva dentro.
*Columnista de El Diario de Hoy.
scastellanos@telesal.net