El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La mejor política social que puede adoptar un país, asegura
el ex presidente español José María Aznar, es la
creación de empleo. Al tener trabajo y mejorar la calidad del empleo,
la gente organiza con más acierto su vida, cuida a su familia y
se proyecta al futuro. Esto está sucediendo en las comunidades
vecinas a parques industriales y zonas francas; un ejemplo es el área
alrededor de Colón, y otro la que está en los alrededores
de El Pedregal.
Siempre es del caso poner énfasis en los aspectos sociales del
crecimiento, pero se debe comenzar por definir lo que se entiende por
social. En lo que se ha visto del informe presentado por el
Banco Mundial, en su mayoría los objetivos son lógicos:
reformar el sistema judicial para fortalecer la seguridad jurídica;
promover la tecnificación de las empresas y fomentar la inversión,
lo que a su vez demanda leyes claras y sensatas.
En cuanto a educación, hay mucho por reformar. Partiendo de nuestra
experiencia, diremos que lo debido no es tirar más dinero encima
del sistema, sino de hacer un uso más eficiente de lo que ya se
tiene. De gran importancia sería establecer un sistema de aprendizaje
real tanto en las comunidades rurales como en las urbanas.
El Banco Mundial se siente obligado a abogar por una mejor distribución
del ingreso, dando por sentado que generar riqueza se puede separar
de quienes trabajan y producen.
Si el ingreso y la riqueza fueran un bien natural,
sería muy del caso asignar a cada ciudadano una porción
del mismo, lo que de hecho ocurre con el petróleo o las minas:
la riqueza está bajo tierra, es un don de Dios y es de justicia
repartirla entre la población de un país después
de deducir el costo de sacar el petróleo o los minerales, refinarlos
y exportarlos.
Pero ese no es el caso de El Salvador, donde la riqueza es siempre generada
por personas y empresas. Distribuir mejor la riqueza no pasaría
de quitar recursos a quienes la producen para darlos a otros que no la
producen.
Cuando esos esquemas se implantan sin lógica, o por revanchismo,
lo usual es que se empobrezca más una nación o se retarde
el desarrollo.
La más triste experiencia que se ha sufrido en Centro-América
a ese respecto es lo sucedido en Nicaragua bajo la pandilla sandinista,
que en su celo por redistribuir la riqueza quebró al
país, ruina de la que no consigue recuperarse. Los únicos
sobradamente enriquecidos han sido los comandantes.
Eficientes comunicaciones son muy sociales
No hay que olvidar la advertencia de los economistas liberales: en el
mundo real, jugar al Robin Hood despojando a los ricos para distribuir
entre los pobres, sólo conduce al desastre.
La lógica del énfasis sobre lo social es que una población
más educada y sana, es también más productiva. Pero
no habrá fondos para mejorar la educación o la salud, si
antes no se generan los recursos.
Aquí claramente el huevo está antes que la gallina; no se
puede repartir lo que no se tiene, ni andar curando gente si faltan recursos
para comprar las medicinas y edificar los hospitales y las clínicas.
Por eso es que una buena carretera, un grande y eficiente puerto y mejores
comunicaciones son metas muy sociales.