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Matan tres microbuseros

La policía no descarta ningún móvil en los crimenes de ayer. Sin embargo, la Ruta
41 A circula en territorio de pandillas rivales. Sólo en uno de los hechos hay un testigo

Publicada 29 de abril 2004, El Diario de Hoy

Alberto López/Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Revisión. Forenses inspeccionan el cadáver de Mauricio Amaya. Foto EDH

Tres muertos y un lesionado fue el saldo de dos ataques a microbuseros ayer en Soyapango, al oriente de San Salvador.

Las víctimas son dos motoristas y dos cobradores de la Ruta 41A que pertenecían a una misma cooperativa de transporte.

Se desconoce el móvil de los crímenes, pero las víctimas y el resto de la flota de la 41A transita entre territorios de la MS y la 18.

En el primer hecho fueron asesinados dos transportistas en el Bulevar del Ejército, en las cercanías de la Comunidad 22 de Abril, a las 5:30 de la mañana.

Se trata del conductor de la unidad placas MB 2-465, Julio Ernesto Rivera, de 25 años, y el cobrador de la misma, Mauricio Sinecio Amaya, de 23.

El primero era conocido como “El Pelón” y el segundo como “Quico”.

Según agentes policiales en el lugar, no existen testigos directos del hecho, aunque se presume que el microbús, tipo Coaster, ya llevaba pasajeros a esa hora.

Se supone que los atacantes iban abordo y primero mataron a Amaya, cuyo cuerpo quedó a unos 50 metros del vehículo. Después siguieron con el chofer quien quedó en su asiento.

El motor de la unidad, inclusive, quedó en marcha y un pasajero habría activado el freno de mano.

Dolor G Blanca de Rivera llora la muerte de su hijo, Julio. Foto EDH

Aunque se presume que los disparos fueron desde adentro, también había, al menos, un impacto desde afuera en la portezuela del conductor.

Ambos cadáveres tenían, cada uno, al menos cuatro impactos de bala.

A pesar de que no hay testimonios directos, en este caso la policía baraja la hipótesis de que se trata de una rencilla entre una de las víctimas y un grupo de pandilleros, aunque no especifican de cuál.

Al parecer un viejo rencor por una relación sentimental con una mujer ligada a las pandillas habría motivado el asesinato. Las autoridades descartan el robo como motivo.

El segundo ataque ocurrió a las 7:45 de la mañana sobre la carretera antigua a Tonacatepeque, a la altura de la urbanización La Coruña.

Ahí acribillaron a Leonardo Soto y a Erick Armando Ramírez, conductor y cobrador respectivamente. Éstos iban con pasajeros hacia la colonia San José, donde tienen el punto.

5:30 a.m.
-Se presume que los dos primeros transportistas salían a hacer su recorrido inicial. No se tienen pistas de los autores.
7:45 a.m.
- El segundo hecho en el que
resultaron heridos dos más fue prácticamente en la misma zona, pero casi dos horas después.
10:00 a.m.
- Tiempo después, se registró una tercera víctima mortal. Se
trataba de uno de los dos
atacados en la segunda agresión.


Los dos fueron trasladados en la misma unidad, el microbús MB-1-809, al hospital Molina Martínez, de Soyapango. Tras un rápido diagnóstico, Ramírez fue referido al Hospital Rosales donde falleció unas dos horas después.

Según Carlos Manzano, jefe de la Unidad de Emergencia del Molina Martínez, Ramírez llevaba múltiples lesiones en la cabeza y en el tórax.

Soto, el motorista, también presentaba una lesión en el rostro a la altura de la mandíbula, una en el tórax y dos más en brazos y manos, aunque estaba consciente. Este fue intervenido en el hospital de Soyapango.

Testigos

De acuerdo con un testigo del ataque, éste fue perpetrado por dos sujetos que, simulando ser pasajeros, abordaron el microbús en la parada de buses conocida como Los Santos I, unos 300 metros antes de donde ocurrió el ataque.

Según el hombre, quien no quiso se mencionara su nombre, los delincuentes, cuyas edades sitúa entre los 20 y 25 años, vestían jeans azules, zapatos tenis, camisetas negras y gorras. Ambos iban armados.

Al llegar a la parada La Coruña, los hechores sacaron sus armas, le pidieron al motorista una pulsera de oro pero casi simultáneamente comenzaron a dispararle tanto al conductor como al cobrador.

El testigo entonces apartó al motorista del volante y condujo la unidad hasta el hospital ya referido. Él ha dicho a la policía que antes del ataque no había visto a los sujetos, pero que al verlos podría fácilmente reconocerlos.

En el lugar del suceso, sobre la carretera, quedaron esparcidas vainillas calibre 45 milímetros; dentro del microbús, la policía también recuperó otros casquillos del mismo calibre y también de 9 milímetros.

Al cierre de esta edición no había capturas.


Temor y dolor en punto de transporte
L A media mañana de ayer, el punto de microbuses de la 41-A, en la colonia San José de Soyapango, era un ir y venir de gente, empleados mayormente que comentaban lo ocurrido a sus compañeros.

Otros se dedicaban a colocar listones negros a las unidades en señal de duelo entre el gremio, pero casi todos esquivaban hablar de la tragedia con los periodistas.

Los parientes de los dos fallecidos en el hecho del Bulevar del Ejército llegaron a la cooperativa, con la esperanza de que les ayudaran con los gastos fúnebres.

Más allá, un empleado que se encarga del aseo de los microbuses hacía de un recipiente de lata una alcancía para colectar ayuda económica para los parientes de las víctimas.

La esposa de Leonardo Soto, el motorista que está hospitalizado, aseguraba que una corazonada le hizo llamar al teléfono móvil de su marido, luego que viera la noticia del caso del Bulevar del Ejército.

La llamada no la respondió Leonardo sino un médico que lo atendía en el hospital de Soyapango. “Véngase señora, su esposo está herido”, fue la respuesta.

La mujer dice que antes de salir a hacerse un chequeo médico, le recomendó a su marido que “anduviera en la jugada” para que no le ocurriera nada malo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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