Geraldine Varela
El Diario de Hoy
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| Gasto. Las rampas hechas en 1998 no son funcionales.
Foto EDH |
Frente a la Cooperativa de la Fuerza Armada, en la colonia San Francisco,
instala su carretón de 10 de la mañana a 8 de la noche
y sin cerrar al mediodía.
En el mundo del mango Twuist se inició con su cuñado,
quien poseía un negocio de esta índole. Le entregaba el
20% de las ganancias diarias.
Poco a poco, don Mauricio se independizó hace más de 30
años. Desde entonces, él mantiene a su familia con este
peculiar trabajo.
Desde su puesto de trabajo, él repasa su vida. Recuerda que su
infancia no fue fácil. Siendo el mayor de nueve hermanos, tuvo
que cuidar de ellos de vez en cuando y ayudar a su padre, quien era hojalatero.
Antes, los botes de los cuartos de aceite (para vehículo)
eran de hojalata, no habían de plástico. Yo andaba en las
gasolineras recogiendolos para llevárselos a mi papá,
narra don Mauricio, mientras prepara el mango en una bolsa. Estas circunstancias
no le permitieron estudiar.
Cuando tenía 17 años consiguió trabajo en una gasolinera.
Fue a esa edad que tuvo su primer par de zapatos, que un amigo se los
regaló.
Además de gasolinero, don Mauricio también fue el
payaso Mangazo, lustrador de zapatos, canillita (vendedor
de periódicos) y cuidador de vehículos, cuando aún
existían los restaurantes El Coche Rojo y el 4
y 1. Para este último trabajo, él se consiguió
un saco, para que los clientes lo vieran elegante.
El mercadólogo
A pesar de no haber estudiado, el manguero aplica técnicas de mercadeo
para mantener a sus clientes.
Por la compra de un mango entrega una tarjeta, la cual será sellada
cada vez que el cliente compre una bolsa con la fruta. Después
de cinco sellos puede reclamar un mango gratis. Además, por la
compra de cuatro mangos de una sola vez, el quinto es totalmente gratis.
Los sellos imprimen en las tarjetas un versículo bíblico.
Al parecer, las promociones han tenido eco en los consumidores de mango
Twuist. Don Mauricio afirma vender 50 bolsas diarias, cada
una a un dólar.
Aunque las ganancias son regulares, expresa su deseo de abandonar las
ventas para dedicarse al pastorado de una iglesia. Afirma que esa es su
verdadera vocación.
Por la mañana y por la noche le pido a Dios que cuide a los
clientes, porque de ellos come uno, y para que les toque su corazón
y me compren, asegura el manguero.
Actualmente, vive en la comunidad Nueva Israel, en las orillas de una
quebrada. Cuenta que el año pasado por una tormenta perdió
todo, debido a las inundaciones. Pero hemos salido adelante,
concluye.
Perfil
Mauricio Escobar Somoza tiene 50 años. Es el mayor de nueve hermanos
y nació en 1954. Junto a su esposa Juana Antonia, ha procreado
a tres niñas y un varón, Beatriz, Raquel, Abigaíl
y Josué, de 3 años. Reside en la comunidad Nuevo Israel
y sostiene a su familia con las ganancias de las ventas. Asiste a una
iglesia cristiana y en un futuro quiere convertirse en pastor.
Ha vendido mangos por más de 30 años. Para mantener a sus
clientes, utiliza técnicas de mercadeo en el negocio de la fruta.
Parece que las promociones dan resultado, ya que don Mauricio tiene fieles
compradores.
Mauricio Escobar Somoza vendedor de mangos
