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Un ingenioso vendedor de mangos

Mauricio Escobar, de 50 años, ha vendido mango “Twuist” más de la mitad de su vida.

Publicada 29 de abril 2004, El Diario de Hoy

Geraldine Varela
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Gasto. Las rampas hechas en 1998 no son funcionales. Foto EDH

Frente a la Cooperativa de la Fuerza Armada, en la colonia San Francisco, instala su carretón “de 10 de la mañana a 8 de la noche y sin cerrar al mediodía”.

En el mundo del mango “Twuist” se inició con su cuñado, quien poseía un negocio de esta índole. Le entregaba el 20% de las ganancias diarias.

Poco a poco, don Mauricio se independizó hace más de 30 años. Desde entonces, él mantiene a su familia con este peculiar trabajo.

Desde su puesto de trabajo, él repasa su vida. Recuerda que su infancia no fue fácil. Siendo el mayor de nueve hermanos, tuvo que cuidar de ellos de vez en cuando y ayudar a su padre, quien era hojalatero.

“Antes, los botes de los cuartos de aceite (para vehículo) eran de hojalata, no habían de plástico. Yo andaba en las gasolineras recogiendolos para llevárselos a mi papá”, narra don Mauricio, mientras prepara el mango en una bolsa. Estas circunstancias no le permitieron estudiar.

Cuando tenía 17 años consiguió trabajo en una gasolinera. Fue a esa edad que tuvo su primer par de zapatos, que un amigo se los regaló.

Además de gasolinero, don Mauricio también fue “el payaso Mangazo”, lustrador de zapatos, “canillita” (vendedor de periódicos) y cuidador de vehículos, cuando aún existían los restaurantes “El Coche Rojo” y el “4 y 1”. Para este último trabajo, él se consiguió un saco, para que los clientes “lo vieran elegante”.

El mercadólogo

A pesar de no haber estudiado, el manguero aplica técnicas de mercadeo para mantener a sus clientes.
Por la compra de un mango entrega una tarjeta, la cual será sellada cada vez que el cliente compre una bolsa con la fruta. Después de cinco sellos puede reclamar un mango gratis. Además, por la compra de cuatro mangos de una sola vez, el quinto es totalmente gratis.

Los sellos imprimen en las tarjetas un versículo bíblico.

Al parecer, las promociones han tenido eco en los consumidores de mango “Twuist”. Don Mauricio afirma vender 50 bolsas diarias, cada una a un dólar.

Aunque las ganancias son regulares, expresa su deseo de abandonar las ventas para dedicarse al pastorado de una iglesia. Afirma que esa es su verdadera vocación.

“Por la mañana y por la noche le pido a Dios que cuide a los clientes, porque de ellos come uno, y para que les toque su corazón y me compren”, asegura el manguero.

Actualmente, vive en la comunidad Nueva Israel, en las orillas de una quebrada. Cuenta que el año pasado por una tormenta perdió todo, debido a las inundaciones. “Pero hemos salido adelante”, concluye.

Perfil
Mauricio Escobar Somoza tiene 50 años. Es el mayor de nueve hermanos y nació en 1954. Junto a su esposa Juana Antonia, ha procreado a tres niñas y un varón, Beatriz, Raquel, Abigaíl y Josué, de 3 años. Reside en la comunidad Nuevo Israel y sostiene a su familia con las ganancias de las ventas. Asiste a una iglesia cristiana y en un futuro quiere convertirse en pastor.

Ha vendido mangos por más de 30 años. Para mantener a sus clientes, utiliza técnicas de mercadeo en el negocio de la fruta. Parece que las promociones dan resultado, ya que don Mauricio tiene fieles compradores.
Mauricio Escobar Somoza vendedor de mangos

 

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