 |
Desarrollo. El sano esparcimiento y la convivencia
con otros menores, les ayudan a desarrollar su auto estima.
Foto EDH /Yanci Pérez |
Yanci Pérez
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Son diez vidas unidas por la desgracia y la oportunidad de salir adelante,
pequeños de dos familias del departamento de La Paz, para quienes
no existen los juegos, cuidados ni estudio.
Menores acostumbrados a pedir limosna en las calles, a sufrir a diario,
acostumbrados al dolor y las limitaciones.
Las Aldeas Infantiles SOS de San Miguel, se convirtieron en una luz al
final del camino para estos niños. Ahí los atienden tras
ser recuperados de lo que fueron sus hogares, de sus padres con problemas
de alcoholismo y retraso mental, de malos tratos e indiferencia.
Carmen (nombre ficticio), de 9 años, pertenecía a un hogar
de seis pequeños. Residía en un caserío de Santiago
Nonualco.
A ella y su familia se les hicieron exámenes sicológicos.
Se determinó que sus progenitores no están aptos para responsabilizarse
de ella y sus cinco hermanos.
El padre presenta retraso sociocultural, estado de ánimo siconeurótico,
mientras su madre es impulsiva, agresiva, insegura, malhumorada, con baja
autoestima y con retraso mental.
La niña, al igual que sus hermanos, presentan retraso sociocultural,
desarrollo mental por debajo de su edad cronológica, no han asistido
a la escuela, sus hábitos de higiene son nulos y su estado físico
deplorable.
Otro caso similar es el de Carlos, de 4 años, quien viene de un
hogar de cuatro hermanos y residía también en San Juan Nonualco.
Tampoco los progenitores están aptos para responsabilizarse de
él y sus tres hermanos. El padre es alcohólico crónico
y tiene antecedentes delictivos.
La madre ha procreado sus hijos con diferentes padres, y su primogénito
fue asesinado a los 17 años, cuando vivía en situación
de riesgo callejero.
Carlos ejercía la mendicidad, semidesnudo, descalzo, maltratado
física y sicológicamente.
Nueva vida
Thelma nunca ha jugado con muñecas, ni ha celebrado sus cumpleaños.
Su mayor preocupación desde hace años es sobrevivir.
No sabe leer, ni ha estado en una aula de clases, pero sus ojos muestran
la vivacidad de un niño ávido de conocer y aprender.
A William tampoco le ha ido bien en la vida, pues el hecho de pasar largos
períodos en las calles le ha dejado trastornos sicológicos.
Al menores tendrán una vida distinta junto a sus nuevos hermanos
de la aldea infantil SOS de San Miguel.
Los trabajadores sociales de la entidad en oriente creen que estos niños
deberán adquirir de forma paulatina algunos hábitos de higiene
y convivencia hogareña junto a otros niños de la aldea migueleña,
antes de partir a la que se construye en San Vicente.
De forma general
- El director de la Aldea SOS de San Miguel, Ángel Argueta, explicó
que cada mes invierten cerca de 600 dólares en sostener cada uno
de los hogares que cuidan a diez menores.
- Cada hogar es atendido por una madre sustituta y buscan que el desarrollo
de cada familia sea totalmente normal, con cariño disciplina y
estudios continuos.
