Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
marvingaleas@yahoo.com.mx
Vivimos tiempos crispados. La desconfianza, el resentimiento y la sospecha
son signos de la etapa de posguerra. Después de más de una
década de firmados los Acuerdos de Paz, muchos corazones siguen
llenos de odio y resentimiento. Algunos ni siquiera estuvieron en los
frentes de guerra. La guerra la llevaban y la llevan en el almas.
La corriente de pensamiento llamada científica y sus
variantes colectivistas, tanto en la versión culta, como en la
vulgar, embotaron las mentes de millones de seres humanos y les arrebató
la capacidad de discernir con ecuanimidad. Se estableció como verdades
absolutas, que la propiedad es un robo; que, como escribió Balzac,
detrás de cada fortuna hay un crimen, y que hay personas que viven
en casas pequeñas, porque hay otros malvados que viven en casas
grandes.
Entonces resulta lógico que el que asume como religión tal
sistema de ideas, ya sea alguien educado en aulas universitarias o el
humilde campesino adoctrinado a punta de panfleto y repetición
de consignas, vea en el que no piensa de esa manera a un despreciable
sujeto. Si es rico, es un poderoso desalmado sin la más mínima
conciencia social, y si no es rico, es un vendido y traidor
a los intereses de clase. No hay medias tintas para el que tiene
el alma envenenada.
Ya en otras ocasiones he escrito sobre las apasionadas razones que me
llevaron, en mis años de adolescente, a involucrarme en la guerra,
mi plena satisfacción con lo logrado con los Acuerdos de Paz. También
sobre el proceso de meditación, lectura, pensamiento y análisis
sereno que me hacen creer, con la mente abierta, que la combinación
de democracia política y economía de mercado es la mejor
fórmula que ha encontrado la humanidad para vivir en armonía
y prosperar.
Y, sin embargo, para el dueño de la verdad, sea éste
militante de base, presentador de televisión, dueño de bar
alternativo o rector de universidad, no hay análisis que valga,
porque cuando supuestamente se está al lado del pueblo y en contra
de los poderosos, se tiene, lógicamente, la altura moral.
A los que piensan distinto, nunca se les contesta con argumentos, sino
con la pregunta: ¿Cuánto te pagaron?... ¡Qué
pobreza de pensamiento! ¡Qué simpleza!
Alguien, aquí, ha puesto de moda que asumir posiciones de izquierda,
cercanas a la izquierda o hacer críticas al gobierno es estar del
lado moralmente correcto. Lo contrario es simplemente inmoral.
Lo trágico es que estos silvestres procesos mentales que obnubilan
la razón provocan en sus suscriptores la tendencia a difamar al
adversario, a hacer afirmaciones temerarias sin prueba alguna, a promover
el odio... y, por ese sendero, a la amenaza de muerte y hasta el asesinato
mismo. Dios sabe que no es exageración lo que afirmo. Bastantes
cruces hay en los cementerios de víctimas de la estupidez y el
fanatismo.
Por ejemplo, un joven reportero de un periódico digital, en una
entrevista con el diputado Federico Hernández Aguilar, diputado
de ARENA, de pronto y sin haber razón, hace una desafortunada mención
de mi persona. Por ejemplo: un pariente lejano, apasionado comunista de
chancleta y camisa de manta, llama el día de las elecciones a mi
casa, a eso de las dos de la tarde y le dice a mi esposa: Es un
hecho que ganamos, allí los vamos a ir a ver a Costa Rica.
Por ejemplo: el dueño de un bar escribe en el mencionado periódico
digital que ... todas las contrataciones importantes para las oficinas
de comunicación (del Gobierno) pasan por el filtro de personajes
dudosos como Waldo Chávez y Marvin Galeas ¡Caracoles!
¿Qué pruebas tiene este señor de lo que afirma? ¿De
dónde saca semejante afirmación? No tengo nada que ver con
contrataciones en el Gobierno y menos soy filtro de nada. El hombre dice
impunemente una mentira que solivianta cosas peores.
Por ejemplo: Me llega un correo electrónico en donde me advierten
que un grupo de duros ortodoxos está planificando el asesinato
de Marvin Galeas, Jorge Hernández, Facundo Guardado y otras personas.
El mensaje menciona detalles y hasta a los presuntos planificadores de
los atentados.
A raíz de la amenaza decidí agarrar al toro por los cuernos
y hablé directamente con uno de los más duros ex guerrilleros,
compañero de andanzas en los tiempos de la guerra. Le digo que
yo defiendo ideas y son ideas las que utilizo para defenderlas. Le pregunto
que si cree que es justo que me maten por defender ideas. Me contesta
que mis ideas son neoliberales y que el neoliberalismo ha matado de hambre
a muchos niños, y que el que ha hierro mata a hierro muere... (El
hombre no dice cosas por decirlas. Me consta su fiereza en el combate).
Le digo que si sería capaz de pegarme un tiro. Y me mira largo
rato y me dice: mirá yo te vi cuando andabas todo seco cargando
la Venceremos en el lomo, me acuerdo cuando llegaste a verme cuando estaba
herido allá en la Guacamaya... nunca te haría nada malo,
pero tené en cuenta que en todas partes hay locos.
Después de platicar con el guerrero, pensé en todos esos
radicales de set de televisión, peñas culturales, bares
alternativos y los tiempos crispados que vivimos.
*Columnista de El Diario de Hoy.