El Diario de Hoy
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El trabajo organizado y fructífero, para diferenciarlo de lo
que muchos hacen para sobrevivir, es resultado de la iniciativa, de las
buenas leyes, del orden, la seguridad y la convivencia pacífica
de la gente. Los pueblos que apoyan a sus productores, que respetan la
propiedad y el fruto del esfuerzo individual, que premian la eficiencia
y operan bajo una economía de mercado, son los más prósperos
y felices. Por el contrario, el empleo falta donde hay desorden, se echa
a unos contra otros y se persigue el éxito y la capacidad.
En vísperas de una nueva celebración del Día
del Trabajo, el primero de mayo, los salvadoreños debemos
pensar en lo que es el trabajo, en cómo volverlo más productivo
y los mecanismos que tenemos a nuestro alcance para generar más
y mejor empleo en nuestro país. También tenemos que reconocer
que éstos son procesos que toman tiempo, que no podemos esperar
que por milagro y de la noche a la mañana haya abundancia de empleo,
y que los ingresos de la gente van a mejorar sin que haya asimismo una
elevación en la productividad general.
Trabajadores, es de vital importancia reconocerlo, somos todos los que
nos involucramos en producir bienes y servicios. Trabajador es el mecánico,
como lo es el músico, el banquero, el pediatra y el director de
una empresa. Se trabaja con las manos pero igual elaborando ideas, imaginando
proyectos nuevos e inclusive sólo pensando. Hasta los políticos,
estirando el concepto, trabajan.
El rendimiento depende en altísimo grado de las herramientas, los
conocimientos, la experiencia y la inventiva de que disponga un trabajador.
El labrador hace muy poco con sus manos, mejora su rendimiento al contar
con un arado de bueyes y multiplica enormemente su productividad si dispone
de un tractor. Pero arado de bueyes y tractor se tienen cuando alguien
invierte en adquirirlos, como la costurera que compra su máquina
eléctrica de coser incrementa mucho el número y la calidad
de las prendas que elabora. De allí la gran importancia que tiene
el ahorro (la fuente de las inversiones) pero también la seguridad
jurídica que estimula esas adquisiciones.
Hay que reforzar la convivencia
La mayoría de personas ignora que de los ingresos que tienen los
negocios, más del setenta por ciento se destina al pago de salarios.
Lo que queda va a ganancias (el pago por el riesgo de tener una empresa),
a los gastos de operación y mantenimiento, a ahorro y futuras inversiones.
La regla es que el empresario recibe por sus esfuerzos (mantener el empleo
en sus empresas, producir y crecer) aproximadamente la mitad de la propina
que se le deja al mesero que nos atiende en un restaurante. Y hablando
de meseros y cantineros, hay que cuidarse de no caer en la mentalidad
que tienen algunos de ellos, que ven a los ricos divertirse pero no les
ven cuando están trabajando.
El Día del Trabajo debe ser la ocasión para reforzar la
armonía y el entendimiento entre todos los que trabajan en un país:
empresarios, obreros, profesionales, inversionistas, empleados públicos.
Hay que rechazar los llamados a la violencia y a la discordia y la lucha
de clases, como debe condenarse la perversa venta de promesas vacías
y sueños irrealizables.
