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La ONU entre ruinas

La sede. Los ingenieros realizan su trabajo de forma inventiva similar al de los cubanos que le dan mantenimiento a vehículos clásicos de hace cuarenta años.

Publicada 27 de abril 2004, El Diario de Hoy

Emblemático. Fachada del histórico edificio de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York.Foto AP

Agencias
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

En tanto que los edificios en condominio vecinos, en el lado este, anuncian salones llenos de luz, pisos de parqué de palo de rosa y mármol en los baños de las oficinas, el “recorrido sucio” por las oficinas centrales en el edificio de las Naciones Unidas contempla a los bienes inmuebles desde una perspectiva diferente.

Centrándose en los adefesios y la decadencia en lugar de en los encantos actualizados, el recorrido pasa por maquinaria de la época en que fue construido el edificio hace medio siglo y que todavía golpetea. Los botones y las agujas en los tableros de control recuerdan las consolas que había en los foros de dramas sobre naves espaciales de los días de la televisión en blanco y negro.

“El único propósito del recorrido sucio es el de mostrar a las personas la razón por la que tenemos que gastar dinero”, dijo John M. Clarkson, director de programa del plan general de las Naciones Unidas para renovar el remendado y envejecido interior de la famosa torre modernista de mármol y vidrio.

“Nos gusta llevar a personas de esta ciudad que no apoyan a las Naciones Unidas”, dijo. “Salen diciendo: 'Tiene razón, sí es necesario hacer algo’”.

En 2007, la mayoría de las 3,600 personas que trabajan en las oficinas centrales serán reubicadas temporalmente en un nuevo edificio de 35 pisos con un costo de 330 millones de dólares que será construido en una manzana al sur, en la First Avenue, entre las calles 41 y 42. El plan general para destruir el interior y hacer reformas en el edificio vacío -sujeto a aprobación del préstamo por $1.2 mil millones propuesto en el presupuesto para 2005 del presidente Bush -contempla terminar a tiempo para que el personal regrese en 2012.

La tarea de mantener a la distinguida reliquia en funcionamiento recae en un brioso grupo de ingenieros y mecánicos que realizan su trabajo en la forma inventiva en la que los mecánicos cubanos le dan mantenimiento completo a los vehículos clásicos estadounidenses anteriores al embargo.

“Los sistemas de plomería y electricidad eran verdaderos Rolls Royce, de la mejor calidad en su época”, dijo Tony Raymond, un capataz que ha trabajado 25 años en Naciones Unidas. “Pero debían durar 30 años y este edificio fue terminado en 1952. Mi gente lo ha mantenido en funcionamiento más allá de su vida útil”.

Para museos

Dado que muchas de las compañías que fabricaron la maquinaria original ya no existen, Naciones Unidas ha tenido que crear su propio taller de reparaciones para hacer las refacciones.

El delicado cableado de cobre que hay por todo el edificio en ordenados patrones geométricos, y los motores con sus rechonchos ventiladores eléctricos con brillantes aspas de latón que llevan inscritos los nombres de los fabricantes y la fecha de instalación, 1951, son tan raros que muchas empresas le han dicho a Raymond que quieren las piezas para sus museos.

Los trabajadores expresan su confianza en que pueden mantener la seguridad, pero estudios periódicos han encontrado que el edificio con sus asbestos, pintura de plomo y antiguos sistemas de plomería y electricidad están desfasados en forma alarmante.

“Los usuarios de las instalaciones de las oficinas centrales de Naciones Unidas como delegados, empleados y visitantes tienen menos oportunidad de sobrevivir durante un incendio que si estuvieran en edificios modernos comparables en la Ciudad de Nueva York o de otras importantes ciudades del mundo”, dice el plan general.

El recorrido sucio puede ser simultáneamente inquietante y pintoresco.

Un cuarto del piso 28 alberga a unos transformadores eléctricos y tiene una puerta cerrada con candado, con la advertencia en negritas Alto Voltaje seguida de las palabras: “En caso de ser necesario, llame a MUrray Hill 2-4477”.

Se bombea agua del East River al edificio para usarla como refrigerante, y Raymond dijo que los trabajadores han recogido anguilas, cangrejos azules y anchoas de banco en los filtros de los sótanos para llevárselos a casa y cocinarlos.

Los corredores laberínticos del interior del edificio son un verdadero laberinto para los recién llegados y Raymond les da intercomunicadores para que los usen las primeras semanas, y entonces espera las llamadas de ayuda. “Si se encuentran solos, les digo: 'Dígame lo que ve a su alrededor y el número de la columna más cercana, y sabré dónde se encuentra’”, dijo.

Localizar un problema puede ser más difícil. Raymond dijo que el 95 por ciento de los 800 sistemas de calefacción y aire acondicionado que supervisa tienen el equipo original, y señaló los planos de 1952 “como se construyó” pegados a la pared, que en ocasiones tiene que consultar para rastrear las metidas de pata.

¿Cómo encontrar una ruptura en las aproximadamente 150,000 millas de tubería neumática de una cuarta de pulgada? "Se escucha un siseo; es un escurrimiento", dijo. "Nos gusta rastrearlos por la noche cuando no hay ruido".

Los trabajadores mezclan sus expresiones de confianza con humor negro.

Se ha sabido que en las oficinas directamente encima de la cámara de alto voltaje las computadores han tenido convulsiones visuales, y Vivian van de Perre, funcionaria administrativa, dijo: “En ocasiones nos hacemos bromas unos a otros de que a las únicas mujeres a las que les permitiremos estar allí serán las que ya tuvieron hijos”.

Cuando se le preguntó cómo fue que un edificio que sólo tiene roceadores en unos cuantos pisos bajos pudo pasar las normas de seguridad, Raymond dijo: “Cuando fue inaugurado, cumplía con las normas”.

En tanto que muchos empleados de Naciones Unidas todavía tienen una perspectiva estética de los esplendores de la arquitectura y decoración formulaicas, la mirada de personas como Catherine Bertini, la subsecretaria general de administración, se centra en forma no sentimental en cómo restaurar el edificio y pagar por ello.

Bertini recordó haber visto a Fred Eckhard, vocero del secretario general Kofi Annan, mirando fotografías de los espléndidos vestíbulos y corredores sacadas para un artículo publicado en Vanity Fair en junio pasado y diciendo qué inspiradoras las encontraba. “Le dije que lo único que significan es que tenían a un buen fotógrafo”, dijo.



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