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Palabras
Turistas en la Luna

Se investiga actualmente por la Internet el inmenso y promisorio mercado del turismo espacial.

Publicada 27 de abril 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Sondean la disposición de los turistas —amantes de aventuras extremas— de viajar al espacio sideral. Lo que se pretende es abaratar y perfeccionar los futuros vuelos turísticos espaciales, dado el creciente interés de los seres humanos de orbitar el planeta y observar desde allá la inmensidad de la galaxia y de las maravillas del cosmos.

En cuenta, viajar al desolado mundo lunar, para mirar desde el suelo selenita el amanecer del planeta Tierra en el horizonte. Navegar desde el romántico Desierto de la Tranquilidad a las extensas dunas polares del satélite.

El término “selenita”, para referirnos a la luna, proviene de la voz griega “selénites”, que designaba al mineral llamado espejuelo y al yeso, dado el color aparente del cuerpo celeste que circunda desde tiempos inmemoriales nuestro planeta.

Varias compañías de turismo espacial planean construir vehículos suborbitales, hoteles orbitales y naves de crucero lunar dentro de las próximas décadas. Se espera que dentro de unos 30 años las naves espaciales despeguen desde la Luna con la misma frecuencia con la que lo hacen en la actualidad los vuelos entre Nueva York y Los Ángeles.

Mientras tanto, seguiremos en nuestro apartado paraíso del cosmos, queriendo conocer los mundos que brillan en la profundidad del Éter. Sin apenas conocer nuestro propio mundo y el ignorado y desconocido corazón humano, pretendemos conocer los páramos lejanos de la creación.

“Éter” o “aithér” era el término que designaban los antiguos griegos al fluido sutil, “imponderable y elástico”, que llenaba el universo. De ahí, la palabra “eterno”, “eternidad”, siempre presente en la noche universal. No así los virtuales y fugaces turistas lunares.


Día a Día
Fuera disidencia


La cúpula del FMLN no tolera disidencia, como no la han tolerado durante los últimos treinta y tantos años. Mientras en la mayoría de partidos cambian los dirigentes (el de más sustanciales y frecuentes cambios es ARENA), en las bandas que integran el FMLN la permanencia es de rigor, o los cambios se producen despachando al otro mundo a obstinados cabecillas, como le sucedió a la Anaya Montes y al “suicidado” Cayetano Carpio.

El que toma el poder se convierte de inmediato en líder máximo e infalible intérprete del evangelio según Marx, Lenín y Castro.



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