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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Sondean la disposición de los turistas amantes de aventuras
extremas de viajar al espacio sideral. Lo que se pretende es abaratar
y perfeccionar los futuros vuelos turísticos espaciales, dado el
creciente interés de los seres humanos de orbitar el planeta y
observar desde allá la inmensidad de la galaxia y de las maravillas
del cosmos.
En cuenta, viajar al desolado mundo lunar, para mirar desde el suelo selenita
el amanecer del planeta Tierra en el horizonte. Navegar desde el romántico
Desierto de la Tranquilidad a las extensas dunas polares del satélite.
El término selenita, para referirnos a la luna, proviene
de la voz griega selénites, que designaba al mineral
llamado espejuelo y al yeso, dado el color aparente del cuerpo celeste
que circunda desde tiempos inmemoriales nuestro planeta.
Varias compañías de turismo espacial planean construir vehículos
suborbitales, hoteles orbitales y naves de crucero lunar dentro de las
próximas décadas. Se espera que dentro de unos 30 años
las naves espaciales despeguen desde la Luna con la misma frecuencia con
la que lo hacen en la actualidad los vuelos entre Nueva York y Los Ángeles.
Mientras tanto, seguiremos en nuestro apartado paraíso del cosmos,
queriendo conocer los mundos que brillan en la profundidad del Éter.
Sin apenas conocer nuestro propio mundo y el ignorado y desconocido corazón
humano, pretendemos conocer los páramos lejanos de la creación.
Éter o aithér era el término
que designaban los antiguos griegos al fluido sutil, imponderable
y elástico, que llenaba el universo. De ahí, la palabra
eterno, eternidad, siempre presente en la noche
universal. No así los virtuales y fugaces turistas lunares.
Día a Día
Fuera disidencia
La cúpula del FMLN no tolera disidencia, como no la han tolerado
durante los últimos treinta y tantos años. Mientras en la
mayoría de partidos cambian los dirigentes (el de más sustanciales
y frecuentes cambios es ARENA), en las bandas que integran el FMLN la
permanencia es de rigor, o los cambios se producen despachando al otro
mundo a obstinados cabecillas, como le sucedió a la Anaya Montes
y al suicidado Cayetano Carpio.
El que toma el poder se convierte de inmediato en líder máximo
e infalible intérprete del evangelio según Marx, Lenín
y Castro.

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