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Bélgica 1972
Una potencia se asoma: Alemania

Se acabó la suerte de los locales. El equipo alemán dio muestras de poderío al derrotar 3-0 a la Unión Soviética.
Entre los campeones apareció un jugador que luego haría historia: Beckenbauer.

Publicada 27 de abril 2004, El Diario de Hoy

Figura. El delantero Muller fue el goleador del campeonato.Foto: EDH


El Diario de Hoy

deportes@elsalvador.com

La cuarta edición de la Eurocopa no mostró cambios sustanciales en su formato, pero sí tuvo sus particularidad. Para empezar, se acabó con la hegemonía de los equipos locales que en los años anteriores se habín alzado con el título. No fue el caso de Bélgica, que ni siquiera pudo ser protagonista de la final.

Por primera vez, la Euro tenía un claro favorito: Alemania. Y, a juzgar por su rendimiento, esos pronósticos tenían asidero. Los alemanes fueron infinitamente superiores a los rivales y los marcadores de los dos partidos lo reflejan.

Un equipazo

Alemania Federal –con parte de los subcampeones del Mundial 66 y la sangre joven que le daría el título en 1974– tenía una sólida base. Sepp Maier en el marco, Franz Beckenbauer manejando la defensa, Gunter Netzer como cerebro y Gerd Muller como goleador implacable.

Si quedaba alguna duda de su juego arrolador, éste quedó demostrado en Wembley, la mismísima catedral del fútbol, donde humilló 3-1 a los ingleses en los cuartos de final.

En la ronda semifinal le acomparon Bélgica, Unión Soviética y Hungría. Los locales tenían sobrado mérito: habían dejado en el camino a Italia, el último campeón y también el subcampeón del mundo en México 70.
Hungría fue el que más sufrió, ya que debió jugar un juego extra con Rumania para obtener el boleto. Eran los últimos días del gran Florian Albert, y esa fue una especie de despedida.

La Unión Soviética, que ya no era la potencia de la década anterior, no tuvo inconvenientes en eliminar a Yugoslavia, un equipo de respeto que venía con el antecedente de dejar en el camino a una Holanda en pleno crecimiento.

Las semifinales tuvieron un marco de público impresionante. Alemania batió 2-1 a los locales con dos goles de Gerd Muller, el Bombardero. A pesar de que Raymond Goethals, DT de Bélgica, le aplicó una marca especial al delantero alemán, fue imposible contenerlo.

Gigante. Gerd Muller confirmó sus magníficas condiciones.Foto: EDH

En la otra semifinal, la Unión Soviética –ya sin el legendario portero Lev Yashin– venció 1-0 a Hungría y logró clasificarse a la final por tercera vez en cuatro ediciones. Antes de eso, los soviéticos habían alcanzado otro récord: eran la única selección que llegó a la fase final en sus cuatro participaciones.

Sin embargo, esas credenciales nada le sirvieron en el partido final, donde Alemania le pasó literalmente por encima.

Con la base del equipo del Bayern Munich más algunos refuerzos del Borussia Mönchengladbach era una verdadera máquina. Los soviéticos lo sabían muy bien porque un mes trás, sin saber que luego se medirían
en la final de la Copa de Europa, se enfrentaron en un amistoso y perdieron 4-1.

Esta vez fue 3-0, pero el dominio de los germanos fue total. Al punto que en un momento del partido lograron hacer 30 pases consecutivos sin que los de la URSS pudieran interceptarlos.
A la hora de la definición, una vez más Gerd Muller fue letal. Anotó los dos goles del juego y fue una constante amenaza para sus rivales. El otro fue de Wimmer, para lo que fue una verdadera reivindicación del fútbol alemán.

No es casualidad que la elección para el mejor futbolista de Europa ese año haya sido dominada ampliamente por Alemania. Primero fue Beckenbauer, seguido por Netzer y Müller. Dos años después, cuando organizaron su Mundial, trasladaron esa supremacía al mundo entero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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