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| Ejecuciones. La silla eléctrica y la inyección
letal aún se usan en varios estados de la Unión Americana.
Foto: EDH/AP |
Jonathan Gurwitz
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
En El Diccionario del Diablo, el sátiro estadounidense
Ambrose Bierce definió la diplomacia como el arte patriótico
de mentir por el país propio. La historia está repleta
de ejemplos de diplomáticos que dicen una cosa, pero están
hablando de otra.
Fue hasta medio siglo después de que Bierce hubiera publicado su
compilación de aforismos que la Unión Soviética y
Cuba demostraron que las mentiras voluntarias yacen en la diplomacia.
En 1962, la dirigencia soviética negó que estuviera colocando
misiles en Cuba. El Gobierno del entonces Presidente estadounidense, John
F. Kennedy, llevó su caso a las Naciones Unidas, donde el embajador
Adlai Stevenson encontró las falsedades de su contraparte soviética,
Valerian Zorin.
Stevenson respondió con uno de los grandes discursos de la historia.
Le quiero decir, dijo Stevenson a Zorin, que yo no tengo
su talento para la ofuscación, para la distorsión, para
el lenguaje confuso y para los dobles sentidos. Y debo confesarle, ¡me
alegra que así sea!.
Stevenson formuló una simple pregunta: ¿Usted, embajador
Zorin, niega que la Unión Soviética haya colocado y esté
colocando... misiles en sitios en Cuba? El soviético se negó
a responder.
Usted ha negado su existencia. Deseo saber si lo comprendo a usted
correctamente. Estoy preparado para esperar hasta que el infierno se congele,
si esa es su decisión.
Después, Stevenson presentó las fotografías de reconocimiento
de los misiles y el mundo llegó al borde de la guerra nuclear.
La deshonestidad política de esa índole vive hoy día
en los herederos ideológicos de la Unión Soviética
y en los aliados del régimen cubano. El 31 de marzo, Jorge Valero,
el Embajador de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos
(OEA), pronunció un discurso que habría ruborizado a Zorin.
Discursos iguales
Al dirigirse ante la OEA, Valero trató de exponer un caso de una
hilaridad tan contraria al hecho establecido como para trazar comparaciones
con las mentiras soviéticas y cubanas de 1962.
El Gobierno de Hugo Chávez, dijo Valero, siempre
ha respetado a la oposición. Él ha garantizado el ejercicio
pleno de los derechos constitucionales. La disensión y la protesta
son bienvenidas y se pueden ejercer sin restricciones.
El Gobierno de Chávez respeta la soberanía nacional,
su independencia y la no interferencia en los asuntos internos de otros
países.
Valero prosiguió para condenar a la Comisión Interamericana
de los Derechos Humanos, la cual divulgó un informe en fecha reciente
detallando abusos a los derechos humanos en Venezuela.
Antes de que Valero evadiera la verdad ante la OEA, Bernardo Álvarez,
el embajador venezolano ante Estados Unidos, respondiendo a una columna
que escribí el mes pasado, en la cual detallaba los abusos domésticos
e internacionales del Gobierno de Chávez, alegó que su gobierno
no tenía detenidos a prisioneros políticos, no acosaba a
la oposición política y está firmemente comprometido
con el Estado de derecho.
Si necesitara alguna prueba adicional para documentar la subversión
de la democracia venezolana por parte de Chávez, el equivalente
de las fotografías de los misiles de la Unión Soviética
llegó la semana pasada, en un informe de Human Rights Watch, en
el cual se documentaba la detención, por parte del Gobierno de
Chávez, de entre 300 a 400 personas durante protestas recientes,
así como el uso de gas lacrimógeno, bastones eléctricos
y otras formas de tortura infligida sobre algunos de los que estaban bajo
custodia.
Valero y Álvarez ciertamente sobresalen en los talentos identificados
por Stevenson: ofuscación, distorsión, lenguaje confuso
y dobles sentidos. Nadie, por tanto, necesita preguntar: El infierno seguramente
se congelará antes de que cualquiera de dichos diplomáticos
admita que el Gobierno de Chávez está violando sistemáticamente
los derechos humanos y aplastando la democracia en Venezuela.