Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
¿Sabe usted que en toda Europa, donde durante las vacaciones
de Semana Santa circulan unos 80 millones de vehículos con un recorrido
medio de 600 kilómetros, no hubo, relativamente, tantos accidentes
ni muertos como los que tuvimos en El Salvador, donde el recorrido medio
es de doscientos kilómetros y el número de vehículos
no pasa de medio millón?
Comentando con un amigo sobre esta desproporción, me respondió:
Las carreteras en Europa son mejores que las de aquí
No es cierto, le respondí, pues la mayor parte de los accidentes
se produjo en lugares donde las carreteras están, actualmente,
en buenas condiciones. Entonces, será que hay más
policías en las carreteras, me contesta.
Tampoco, pues observando cada cuantos kilómetros se encuentra un
policía en las carreteras europeas y cuántos se encuentra
uno aquí, nosotros tenemos muchos más. En Europa puede ser
que encontremos un policía cada 400 kilómetros. Aquí,
de San Salvador hasta la Costa del Sol, hay cuatro retenes con cuatro
policías.
Entonces será que manejan mucho mejor que nosotros,
me dice. Ésta sí es una causa de gran parte de los accidentes.
Los conductores manejan con más cuidado, de forma defensiva y no
tan agresiva como aquí. Los motoristas del transporte pesado o
el transporte de pasajeros son mucho más profesionales conduciendo
y respetan el reglamento de tránsito, las horas de trabajo y las
de descanso.
Pero también la gente conoce mejor y respeta las reglas básicas
de circulación. Por ejemplo: manejar por la derecha, no adelantar
por la derecha, parar cuando el semáforo está en rojo, no
saltarse los altos y además, no hay licencias chaveliadas.
Otro punto importante es el funcionamiento de los vehículos. En
Europa, la gente, las empresas y el Estado aplican cada vez más
el mantenimiento preventivo que el mantenimiento correctivo.
Un indicador de la mentalidad y condición real del mantenimiento
aquí, la puede constatar comprobando lo siguiente: Desde cualquier
lugar que usted salga en su carro, en cualquier dirección, cualquier
día y a cualquier hora, antes de veinte minutos o de cuarenta kilómetros
encontrará un vehículo averiado
Y si la avería
se produce en una curva, ahí mismo se queda, sin importar si están
en el carril de la derecha o el de la izquierda.
En Europa los vehículos deben portar obligatoriamente dos triángulos
y un chaleco reflectante para cuando, por alguna razón, se produce
una avería y, además, el conductor debe apartar el vehículo
a un lugar donde represente el menor riesgo posible para otros. Aquí,
una rama en el suelo o un asiento del bus es lo que como máximo
colocan cuando un vehículo se queda.
El otro punto al que hoy me quiero referir es el de los cortocircuitos,
que, según parece, han sido los causantes de los últimos
incendios en fábricas de diferentes rubros. Evidentemente, es posible
que la causa de un incendio sea un cortocircuito, pero, señores,
es muy difícil después del incendio, sobre todo cuando la
instalación eléctrica se quemó, decir con seguridad
que el inicio fue un cortocircuito.
En todo caso, tanto los cortocircuitos como el fallo
de los frenos se pueden prevenir mediante inspecciones preventivas
de los puntos críticos del sistema de frenos y de las instalaciones
eléctricas.
La clave para no incurrir en pérdidas económicas y sobre
todo en los accidentes de tránsito, también de vidas humanas,
es la prevención. Pero la prevención requiere
de recursos económicos, tiempo y esfuerzo, y aquí, en El
Salvador, el gran conflicto conceptual es que la gente asume
que no tiene dinero ni tiempo para la prevención; que la prevención
es un gasto innecesario y que los incendios y los accidentes
son cuestión de mala suerte.
Señores... La prevención es un apartado que
conceptualmente gana cada día más importancia en la ingeniería
y la industria de la prevención. Se piensan y fabrican
una inmensidad de equipos para la prevención, que desgraciadamente
no se usan de manera adecuada, porque quienes debieran usarlos siguen
aferrados a la creencia de que los accidentes suceden por mala suerte.
Los gastos económicos y sociales causados por los accidentes
son cientos de miles de veces mayores que la inversión en prevención.
El martes pasado, EDH publicó dos noticias con fotografías,
una de un bus escolar que decía: Choca bus escolar tras fallarle
los frenos y otra, Últimos retoques en el sótano
del Mercado Central.
En la primera se ve el bus chocado, y en la segunda, un obrero
con una máquina cortadora que saca chispas en todas las direcciones,
sin ningún tipo de protección para el cuerpo, ni para los
ojos.
Si se revisa desde cuándo los frenos le venían fallando
al bus o la posibilidad de que el obrero termine ciego, se darán
cuenta de que no se trata de mala suerte, sino de claros descuidos
y gran negligencia.
Hablando de País Seguro, pienso que el nuevo
Gobierno debe tener entre sus prioridades el reducir el gran costo
económico y social que genera la inmensidad de accidentes laborales
y de tránsito.
Seguramente, la sociedad recibirá con buenos ojos un Plan
de Prevención de Riesgos Laborales y Accidentes de Tránsito
y al mismo tiempo, el apretón de la Mano Dura para
quienes no lo cumplan, pues si se analizan los números, se percatarán
de que los accidentes laborales y los de tránsito generan tanto
o más costos, gastos, daños sociales, heridos y muertos
que la delincuencia.
Haga una inspección en su casa, carro o en su fábrica y
se dará cuenta de la inmensidad de riesgos que le rodean. Sorpréndase
a sí mismo eliminando de su entorno las posibilidades de uncortocircuito
o que le fallen los frenos.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
