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Los prisioneros del dictador cubano

Dictamen. La Comisión de los Derechos Humanos de la ONU deplora los hechos que ocurrieron el año pasado, cuando sentenció a los 75 disidentes a la cárcel.

Publicada 17 de abril 2004, El Diario de Hoy

La perseverancia - Las madres y esposas de los opositores del comunismo exigen, en marchas silenciosas, la inmediata libertad de los suyos. Foto: EDH/AP

Thomas L. Friedman
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

El New York Times dijo lo siguiente en uno de sus editoriales del pasado 26 de marzo:

Adolfo Fernández Sainz, de 56 años de edad, es traductor, periodista y defensor de la democracia en Cuba.

Su dirección actual es una celda localizada en la prisión Holguín, a casi 800 kilómetros de su familia, misma que tiene permitido una visita de dos horas cada tres meses.

Fernández Sainz comparte su celda con 47 prisioneros comunes, uno de los cuales le golpeó hasta dejarle inconsciente en diciembre.

Fernández Sainz, quien está cumpliendo una condena de 15 años en prisión, es uno de 75 periodistas, economistas, bibliotecarios, trabajadores por los derechos humanos y médicos que fueron arrestados en marzo pasado en Cuba, para luego ser condenados formalmente.

Esa severa represión puso tras las rejas a la mayoría de los disidentes de la nación, cuyos supuestos crímenes incluyen escribir para sitios en Internet con sede en el extranjero, la creación de bibliotecas independientes que ofrecen libros escritos por autores de la talla de Vaclav Havel y el reverendo Dr. Martin Luther King hijo, así como por reunir firmas, en conformidad con la Constitución cubana, para presentar una petición enfocada en llevar a cabo un referendo sobre reformas fundamentales.

Cuba no se conforma con privar a estos hombres —y una mujer, la prominente economista Martha Beatriz Roque— de su libertad por lo que será, en algunos casos, el resto de sus vidas. Están confinados bajo condiciones infernales, en muchos casos, tan lejos de sus familias como lo permite Cuba.

Están dentro de celdas infestadas de ratas e insectos, sus raciones son miserables y son obligados a compartir el espacio con criminales violentos o a sufrir en confinamiento solitario. La sentencia promedio de estas personas asciende a 19 años. Algunas de las esposas de los prisioneros han recibido la advertencia de que perderán a sus hijos si continúan con sus protestas por las detenciones de sus maridos.

Tristemente, las críticas hacia la represión del Gobierno cubano provenientes del extranjero han sido inaudibles. El año pasado, en la Comisión de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, la cual se reúne anualmente entre marzo y abril, los integrantes efectuaron una votación, —con 31 votos a favor y 15 en contra— en contra de una resolución que criticara la represión citada arriba. En vez de hacerlo, la comisión aprobó una declaración moderada en la que hacía un llamamiento por la visita de una observadora de los derechos humanos a la isla; Cuba, sencillamente, no le ha autorizado la entrada.

Lo que estuvo cerca de ser un apaciguamiento por parte de Fidel Castro se debe, en buena medida, a la furia del mundo exterior hacia Washington en fechas recientes, lo cual es explotado con gran maestría por el régimen comunista.

La Comisión de la ONU sobre Derechos Humanos en Ginebra, Suiza, está considerando de nuevo si condena o no al régimen de Castro. El encarcelamiento persistente de valerosos pensadores independientes de Cuba es una represión totalitaria por parte de una dictadura brutal. Dejando a un lado la impopularidad del Presidente Bush, la comunidad internacional debe reconocer esta verdad.

La condena

La Comisión de Derechos Humanos de la ONU emitió el jueves una resolución en la que condena a Cuba por sus constantes violaciones a los derechos humanos.

En ese documento, aprobado en Ginebra, se insta al régimen de Fidel Castro ha garantizar la libertad de expresión y religión. De igual forma, insta a iniciar oficialmente un diálogo con los diversos grupos políticos opositores a la dictadura comunista.

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