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Despertar del sueño

Lo que quiero: Ansío alguna noticia realmente buena, por parte de alguien que se salga por completo de sí mismo o misma, imagine algo diferente y tienda su mano.

Publicada 17 de abril 2004, El Diario de Hoy

Histórico - El 13 de septiembre de 1993, Yitzhak Rabin (izq.) estrechó la mano de Yaser Arafat. Foto: EDH/AP

Thomas L. Friedman
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

Tengo que hacer una confesión: Soy el columnista de asuntos exteriores del The New York Times y no escuché un solo segundo de las audiencias sobre el 11 de septiembre ni leí un solo artículo en el diario acerca de ellas. Ni un solo instante. Ni un solo artículo.

Dios sabe que no es por indiferencia a los atentados del 11 de septiembre. Se debe a que ya decidí con respecto a ese suceso hace largo tiempo: No fue un fracaso de los servicios de inteligencia, fue un fracaso de la imaginación.

Podríamos haber tenido servicios perfectos de inteligencia con respecto a todos los elementos clave de los atentados del 11 de septiembre, pero el hecho es que carecimos -por la mejor de las razones- de personas con imaginación suficientemente malvada para unir esas piezas y percatarnos de que 19 hombres varones iban a secuestrar cuatro aeronaves, con el objeto de lanzar ataques suicidas en contra de nuestros símbolos nacionales y matar a tantos civiles inocentes como les fuera posible, por ninguna razón en lo más mínimo.

La imaginación está muy presente en mi mente en fechas recientes, ya que en lo personal, a mí me parece que las únicas personas con imaginación en el mundo, justo ahora, son los malos. Como dice mi amigo Stephen P. Cohen, analista de Oriente Medio, “Esa es la característica de nuestro tiempo: toda la imaginación está en manos de los malhechores”.

Estoy tan impaciente por una sorpresa positiva. Me siento tan ansioso por escuchar a un político, estadista o a un líder empresarial que me tome por sorpresa de una forma positiva. Ha pasado tanto tiempo. Han pasado más de 10 años desde que Yitzhak Rabin le extendió la mano a Yaser Arafat sobre el césped de la Casa Blanca. Sí, sí, lo sé, Arafat resultó ser un fraude.

Pero, durante un breve y brillante momento, un viejo guerrero, Rabin, salió de sí mismo, de su pasado, así como de todo su tejido marcado por las cicatrices, e imaginó algo diferente. Ha pasado mucho tiempo.

Me ciño a la siguiente rutina: Me levanto cada mañana aproximadamente a las seis, enciendo mi computadora, me conecto con la página noticiosa de AOL y después contengo la respiración para ver qué indignación ha ocurrido en el mundo desde la noche anterior. ¿Un atentado masivo con bomba en Iraq o Madrid? ¿Más sinagogas en Estambul? ¿Más soldados muertos en Iraq?

Mis mayores deseos


Ansío con tantas ganas el día que pueda despertar y quedar sorprendido por alguna noticia realmente buena: por parte de alguien que se salga por completo de sí mismo o misma, imagine algo diferente y tienda su mano.

Quiero despertar y leer que el Presidente George W. Bush ya se decidió a ofrecer una alternativa al estancado Protocolo de Kyoto para reducir el calentamiento mundial. Deseo amanecer para leer que 10,000 madres palestinas marcharon hasta los cuarteles generales de Hamas para exigir que sus hijos e hijas no sean reclutados nunca más para atentados suicidas.

Quiero despertar y leer que el Príncipe de la Corona Abdulá, de Arabia Saudita, invitó a Ariel Sharon (el Primer Ministro israelí) a su residencia en Riad, para entregarle personalmente el plan de paz al que Abdulá y Sharon respondieron mediante el congelamiento de asentamientos israelíes como gesto de buena voluntad.

Deseo abrir los ojos por la mañana para leer que la General Motors ya decidió que dejará de producir vehículos del tipo del Hummer, que consumen enormes cantidades de gasolina, y que Bush ya decidió reemplazar su limusina por un Toyota Prius con blindaje, automóvil híbrido que da más de 64 kilómetros por galón.

Quiero despertar y enterarme de que (el Vicepresidente estadounidense) Dick Cheney ya ofreció disculpas a la Organización de las Naciones Unidas, así como a todos nuestros aliados, por estar equivocado con respecto a las armas de destrucción masiva en Iraq, pero que después se dirigiera a nuestros aliados para solicitarles que se unan a Estados Unidos en un proyecto de, incluso, mayor importancia: brindar ayuda al pueblo iraquí para que construya algo similar a un marco democrático. Quiero levantarme y leer que Tom Delay se pronunció en favor de un aumento a los impuestos para los ricos, con el fin de salvar el Seguro Social y el plan de salud Medicare para la siguiente generación, así como para financiar la totalidad de nuestros programas educativos, los cuales carecen de recursos apropiados.

Deseo amanecer y leer que el Magistrado Antonin Scalia se descalificó a sí mismo para fallar sobre el caso que involucra a la fuerza de tarea de Cheney cuando llegue ante la Suprema Corte - no porque Scalia hiciera algo ilegal cuando fue a cazar patos con el Vicepresidente, sino porque nuestra Suprema Corte es muy sagrada, sumamente vital para lo que vuelve especial a nuestra sociedad: su estado de derecho -, en cuanto a que a él no le gustaría hacer cualquier cosa que pudiera tener siquiera un tenue olor a conductas inapropiadas.

Quiero abrir los ojos por la mañana y leer que Bush ya anunció un Proyecto Manhattan enfocado al desarrollo de energías renovables, las cuales darían fin a la adicción de Estados Unidos al petróleo crudo para el 2010. Deseo amanecer y enterarme en las noticias de que Mel Gibson acaba de anunciar que su próximo filme se llamará “Moisés”, y que las ganancias serán donadas al Museo del Holocausto.

Sobre todo, quiero despertar y leer que el demócrata John Kerry acaba de pedirle a John McCain (del Partido Republicano) que se convierta en su vicepresidente, ya que si Kerry gana, no se propone desperdiciar sus cuatro años evitando los problemas más difíciles de Estados Unidos -la atención de salud pública, faltantes (presupuestarios), energía, educación- sino acometiéndolos, y eso solamente se puede llevar a cabo con un espíritu bipartidista y un equipo integrado por miembros de ambos partidos.

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