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Dolor. Vitalina Muñoz llora la muerte
de su hijo, en la morgue del hospital de San Bartolo.
Foto EDH |
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Cristian Muñoz, de 22 años, fue asesinado de dos balazos.
El presunto asesino es José Enrique Reyes Martínez, de 20
años, supuesto miembro de la Mara Salvatrucha, quien hacía
pocas horas había salido de la cárcel, según dijo
un oficial de policía de la delegación de Ilopango.
El hecho ocurrió ayer a las seis de la mañana a la entrada
del pasaje 8-A, del Proyecto Santa Teresa de San Martín, 20 kilómetros
al oriente de San Salvador, donde el 5 de octubre anterior fue asesinada
Vanessa Constanza, una estudiante del sexto grado de la escuela local,
presuntamente a manos de dos pandilleros de la Mara Salvatrucha.
El crimen de ayer fue perpetrado frente a la madre de la víctima,
Vitalina Muñoz, de 48 años, quien, como habitualmente lo
hacía, acompañaba a su hijo hasta la parada de buses, cuando
iba a trabajar en un laboratorio farmacéutico, donde se desempeñaba
como contador.
Cristian era el único hijo de Vitalina, quien ayer en la morgue
del hospital de San Bartolo y frente al cadáver preguntaba, a una
de sus amigas que le acompañaba, si su hijo llegaría
a casa por la noche. La mujer no creía lo que había
ocurrido.
Son ingratos
Se me murió el niño (refiriéndose a Cristian)
por esos mareros ingratos, decía llorando la mujer, quien
también es empleada de una droguería.
Mientras, en el vecindario, dominado por la Mara Salvatrucha, no hubo
quien no dijera que la víctima era un joven apartado de las pandillas,
especulaban que tal vez lo asesinaron porque su poco tiempo libre se lo
pasaba en otra colonia de San Martín, junto a unos parientes, donde
predomina la pandilla 18.
Eso habría dado razones a los salvatruchos para creer que Cristian
pertenecía a la mara rival.
No obstante, al decir de su madre, a su hijo no le sobraba tiempo. Además
de trabajar, también cursaba tercer año de Contaduría
Pública, en una universidad privada de San Salvador.
Ayer, mientras hacía los trámites para que le entregaran
el cuerpo de Cristian, Vitalina cargaba en una bolsa de plástico
los libros y la corbata de su hijo.
La mujer dijo que un hombre a quien no conoce le disparó a su hijo
por la espalda. Ella sólo vio al que disparó. Sin embargo,
dice que a la hora que ocurrió la desgracia, en el sitio había
más gente que vio claramente el suceso.
No resistió
La policía trasladó a Cristian al Hospital Nacional de San
Bartolo, donde falleció a las 8:30 a.m. cuando varios médicos
trataban de salvarle la vida.
German Alférez, uno de los cirujanos que atendió el caso,
dijo que la víctima tenía dos lesiones. Una en la cabeza
y otra en la espalda.
El balazo en la cabeza tenía orificio de entrada y salida. Esto
provocó salida de la masa encefálica. En tanto que la que
le entró por la espalda, dañó las principales arterias
del abdomen, el estómago y el hígado.
Cuando vienen así (con masa encefálica de fuera) casi
nunca logran sobrevivir, sostuvo el cirujano. La bala que recuperaron
del abdomen fue entregada a la Fiscalía para abonar a las investigaciones,
según dijo Alférez.
Una rápida acción de la policía y la colaboración
de vecinos del Proyecto Santa Teresa, ayudó para que las autoridades
detuvieran al presunto hechor.
Éste fue capturado junto a dos mujeres más, en la casa 39
del pasaje 10-A de la misma comunidad (ver nota aparte). El principal
sospechoso niega los cargos.
Vivía en territorio salvatrucho
La víctima trabajaba y estudiaba
Cristian muñoz
Muerto
Estudiante
Murió dos horas después de ingresar al hospital de San Bartolo.
Trabajaba como contador y estudiaba una carrera.
Vitalina Muñoz
Madre del fallecido
Odio personal
Hombre ingrato, no había ningún motivo, sólo
por el odio. Quizá me lo mataron porque nunca anduvo con ellos
y siempre andaba bien arregladito.
German Alférez
Médico cirujano
Sin tatuajes
Venía demasiado débil. Lo operamos aquí porque
ya no aguantaba a llegar al Seguro (Social). No resistió y murió
a las 8:30 de la mañana.
Zoila Zelaya
Amiga
Muchacho sano
Yo creo que lo han de haber matado por envidia. Él era un
muchacho correcto. No le quedaba tiempo como para andar en maras.