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| El nuevo conflicto. Las tropas de EE.UU. en
Iraq parecen estar sumergidas ahora en otro Vietnam.
Foto: EDH/AP |
Hugh Eakin
El Diario de Hoy
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En las variadas explicaciones sobre los atentados del 11 de septiembre
y el aumento del terrorismo, dos temas siguen apareciendo.
La primera es que la cultura islámica es la responsable, llevando
a un choque de civilizaciones o, como lo expresan versiones más
matizadas, una lucha entre musulmanes de mentalidad secular y fundamentalistas
que ha dado como resultado violencia extrema en contra de Occidente. La
segunda dice que el terrorismo es una característica del panorama
posterior a la Guerra Fría, perteneciente a una era en la cual
las relaciones internacionales ya no se definen por la titánica
confrontación entre dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión
Soviética.
Pero, para Mahmood Mamdani, politólogo nacido en Uganda y antropólogo
de la Universidad de Columbia, esas dos presuposiciones están equivocadas.
No sólo argumenta que el terrorismo no tiene necesariamente algo
que ver con la cultura islámica; insiste también en que
la diseminación del terrorismo como una táctica se debe,
en buena medida, a un producto derivado de la política exterior
de EE.UU. durante la Guerra Fría.
Después de Vietnam, argumenta, EE.UU. pasó de una intervención
directa en el combate mundial en contra del comunismo, hacia una estrategia
donde apoyaba nuevas formas de insurgencia por parte de grupos armados.
En la práctica, ha escrito Mamdani, eso se tradujo
en una decisión de Estados Unidos enfocada a controlar, o incluso
cultivar, el terrorismo en la lucha en contra de regímenes a los
que consideraba pro-soviéticos.
El verdadero culpable del 11-S no es el Islam, sino más bien la
violencia que no proviene del Estado, durante las etapas finales del tenso
enfrentamiento con la Unión Soviética. Luego de recurrir
a terceras y cuartas partes, la CIA respaldó a terroristas y movimientos
proto-terroristas en Indochina, Latinoamérica, Africa y, por supuesto,
Afganistán, argumenta Mamdani en su nuevo libro, Musulmán
bueno, musulmán malo: Estados Unidos, la Guerra Fría y las
raíces del terrorismo.
El daño real que la CIA ocasionó no fue el suministro
de armas y dinero, escribe, sino la privatización de
la información con respecto a cómo producir y propagar la
violencia la formación de milicias privadas capaz de
crear terror. El terrorista más conocido con entrenamiento
de la CIA, destaca, es Osama bin Laden.
Dieron luz verde
Otras versiones recientes han examinado las formas en las que el respaldo
estadounidense hacia los muyaidines, en el decenio de los 80, contribuyó
para abrirle el camino al terrorismo islámico en los años
90. Con todo, Mamdani postula una nueva y mucho más polémica
tesis al vincular a la cepa violenta del Islam con una estrategia estadounidense
más extensa.
Para Estados Unidos, atrapado en medio de la oleada de sentir antibélico
que se desató a causa de la guerra en Vietnam, la única
forma de reducir este proceso consistía en brindar apoyo indirecto
a violentos grupos paramilitares de nueva creación.
Con base en la misma estrategia que fue empleada en África, Estados
Unidos dio apoyo a los Contras en Nicaragua y después creó,
en gran escala, un frente panislámico para combatir a los soviéticos
en Afganistán. Si bien otros movimientos islámicos, como
la Revolución de Irán, tuvieron claros objetivos nacionalistas,
la yihad afgana, sugiere Mamdani, fue creada por EE.UU. como una fuerza
de resistencia privatizada, así como carente de Estado en términos
ideológicos.
Uno de los resultados de lo anterior, escribe, fue la formación
de una comitiva internacional de individuos desarraigados que rompieron
lazos con su familia y su país de origen para unirse a redes clandestinas,
las cuales tenían un enemigo claramente definido.
Según versiones de Mamdani, la estrategia de la guerra por poder
prosiguió incluso después de la caída de la Unión
Soviética, al tiempo que la ONU buscaba nuevas formas de patrocinar
conflictos de baja intensidad en contra de regímenes de militancia
nacionalista.