 |
| Se desata la furia. Las manifestaciones en repudio
de la nueva política estadounidense no se han hecho esperar
y los extremistas amenazan con desatar otra espiral de violencia.Foto:
EDH/AP |
James Bennet
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Cuando el Presidente George W. Bush apoyó el miércoles
el plan israelí enfocado al retiro de la Franja de Gaza, le dio
garantías diplomáticas que representaron una victoria para
el Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon.
Sharon quería tres cosas: respaldo para el retiro de Gaza, el reconocimiento
estadounidense de que Israel conservaría algunas partes de la Ribera
Occidental y el rechazo de Estados Unidos al derecho de refugiados palestinos
de la guerra árabe-israelí de 1948, así como a sus
descendientes, a regresar a sus tierras en lo que actualmente es Israel.
Logró todas ellas prometiendo que, con el tiempo, daría
a cambio algo que los israelíes, de manera abrumadora, ya no quieren:
los asentamientos de la Franja de Gaza y un puñado de asentamientos
aislados en la Ribera Occidental. Y lo consiguió sin tener que
negociar con los palestinos.
Funcionarios palestinos sabían que Israel se oponía vigorosamente
a renunciar a la totalidad de la Ribera Occidental o aceptar el derecho
a regresar, y habían explorado compromisos en el pasado.
Sin embargo, se basaron en ambas exigencias como formidables palancas
negociadoras. Ahora, Bush avanzó para arrancarle las dos de las
manos.
Imaginen si los palestinos dijeran: De acuerdo, nosotros le damos
California a Canadá, dijo Michael Tarazi, uno de los asesores
de la Organización para la Liberación de Palestina. Los
estadounidenses deberían de dejar de preguntarse por qué
tienen tan poca credibilidad en Oriente Medio.
Por primera vez en la diplomacia estadounidense en Oriente Medio, Bush
anunció que importantes asentamientos judíos en la Ribera
Occidental habían logrado el estatus al que aspiraban: arraigados
hechos sobre el terreno o, como los llamó Bush, importantes
centros poblacionales de israelíes que ya existen.
Consecuencias
El innovador elemento, aunque riesgoso, en la estrategia de Sharon consistió
en intercambiar su concesión en Gaza y la Ribera Occidental no
hacia los palestinos como parte de un acuerdo negociado, sino hacia los
estadounidenses, por encima de la indignada oposición palestina.
Para Israel, el riesgo es que los palestinos ahora rechazarían,
por considerar que les fue impuesto, cualquier plan de paz que siga los
lineamientos bosquejados por Bush, en su declaración desde la Casa
Blanca y una carta que le entregó a Sharon.
Para EE.UU., el riesgo radica en que, con árabes y musulmanes que
ya sospechan de los motivos estadounidenses, el gobierno del Presidente
Bush será visto como uno que forma equipo con Israel para anular
derechos palestinos.
Bush hizo énfasis en su apoyo hacia la creación eventual
de un Estado palestino. Indicó que él estaba trazando el
boceto realista de cualquier acuerdo de paz, como sugirieron negociaciones
pasadas en las que medió EE.UU. sobre temas como los asentamientos
y el derecho a regresar (de los palestinos). No obstante, los palestinos
no se apaciguaron.
Hasta donde yo sé, Sharon y Bush pueden decidir que cancelan
el Ramadán, dijo Saeb Erekat, negociador palestino, al referirse
al mes sagrado de los musulmanes. Pero eso no significa que los
musulmanes dejarán de ayunar.
Todo sonrisas y bromas mientras estaban parados lado a lado en la Casa
Blanca el miércoles, Sharon y Bush dieron la impresión de
ser líderes que veían firmes razones políticas y
de política para una estrecha alianza.
Las declaraciones de Bush serán atractivas para los seguidores
judíos y cristianos de Israel en Estados Unidos. De igual forma,
son consistentes con la inclinación de la política hacia
Israel, evidente desde que él asumió el cargo, negándose
a sostener una reunión con Yasser Arafat, el Presidente de la Autoridad
Nacional Palestina, a quien acusó de ser un obstáculo para
la paz.
Para Sharon, los beneficios políticos de la declaración
de Bush y la misiva anexa son obvios. Confrontado con una dura oposición
proveniente de su derecha política, ahora él puede exponer
su retiro como una iniciativa de EE.UU. e Israel en un referendo que será
efectuado en su facción del Likud, el 2 de mayo. Aquellos que voten
en contrario a él, ahora estarán votando en contra del aliado
más importante de Israel.