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Riesgos de EE.UU e Israel

El resultado. El gobierno del Presidente George W. Bush será visto desde ahora como uno que forma equipo con el Estado de Israel para anular los derechos del pueblo palestino

Publicada 16 de abril 2004, El Diario de Hoy

Se desata la furia. Las manifestaciones en repudio de la nueva política estadounidense no se han hecho esperar y los extremistas amenazan con desatar otra espiral de violencia.Foto: EDH/AP

James Bennet
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

Cuando el Presidente George W. Bush apoyó el miércoles el plan israelí enfocado al retiro de la Franja de Gaza, le dio garantías diplomáticas que representaron una victoria para el Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon.

Sharon quería tres cosas: respaldo para el retiro de Gaza, el reconocimiento estadounidense de que Israel conservaría algunas partes de la Ribera Occidental y el rechazo de Estados Unidos al derecho de refugiados palestinos de la guerra árabe-israelí de 1948, así como a sus descendientes, a regresar a sus tierras en lo que actualmente es Israel.

Logró todas ellas prometiendo que, con el tiempo, daría a cambio algo que los israelíes, de manera abrumadora, ya no quieren: los asentamientos de la Franja de Gaza y un puñado de asentamientos aislados en la Ribera Occidental. Y lo consiguió sin tener que negociar con los palestinos.

Funcionarios palestinos sabían que Israel se oponía vigorosamente a renunciar a la totalidad de la Ribera Occidental o aceptar el “derecho a regresar”, y habían explorado compromisos en el pasado. Sin embargo, se basaron en ambas exigencias como formidables palancas negociadoras. Ahora, Bush avanzó para arrancarle las dos de las manos.

“Imaginen si los palestinos dijeran: De acuerdo, nosotros le damos California a Canadá”, dijo Michael Tarazi, uno de los asesores de la Organización para la Liberación de Palestina. “Los estadounidenses deberían de dejar de preguntarse por qué tienen tan poca credibilidad en Oriente Medio”.

Por primera vez en la diplomacia estadounidense en Oriente Medio, Bush anunció que importantes asentamientos judíos en la Ribera Occidental habían logrado el estatus al que aspiraban: arraigados “hechos sobre el terreno” o, como los llamó Bush, “importantes centros poblacionales de israelíes que ya existen”.

Consecuencias


El innovador elemento, aunque riesgoso, en la estrategia de Sharon consistió en intercambiar su concesión en Gaza y la Ribera Occidental no hacia los palestinos como parte de un acuerdo negociado, sino hacia los estadounidenses, por encima de la indignada oposición palestina.

Para Israel, el riesgo es que los palestinos ahora rechazarían, por considerar que les fue impuesto, cualquier plan de paz que siga los lineamientos bosquejados por Bush, en su declaración desde la Casa Blanca y una carta que le entregó a Sharon.

Para EE.UU., el riesgo radica en que, con árabes y musulmanes que ya sospechan de los motivos estadounidenses, el gobierno del Presidente Bush será visto como uno que forma equipo con Israel para anular derechos palestinos.

Bush hizo énfasis en su apoyo hacia la creación eventual de un Estado palestino. Indicó que él estaba trazando el boceto realista de cualquier acuerdo de paz, como sugirieron negociaciones pasadas en las que medió EE.UU. sobre temas como los asentamientos y el derecho a regresar (de los palestinos). No obstante, los palestinos no se apaciguaron.

“Hasta donde yo sé, Sharon y Bush pueden decidir que cancelan el Ramadán”, dijo Saeb Erekat, negociador palestino, al referirse al mes sagrado de los musulmanes. “Pero eso no significa que los musulmanes dejarán de ayunar”.

Todo sonrisas y bromas mientras estaban parados lado a lado en la Casa Blanca el miércoles, Sharon y Bush dieron la impresión de ser líderes que veían firmes razones políticas y de política para una estrecha alianza.

Las declaraciones de Bush serán atractivas para los seguidores judíos y cristianos de Israel en Estados Unidos. De igual forma, son consistentes con la inclinación de la política hacia Israel, evidente desde que él asumió el cargo, negándose a sostener una reunión con Yasser Arafat, el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, a quien acusó de ser un obstáculo para la paz.

Para Sharon, los beneficios políticos de la declaración de Bush y la misiva anexa son obvios. Confrontado con una dura oposición proveniente de su derecha política, ahora él puede exponer su retiro como una iniciativa de EE.UU. e Israel en un referendo que será efectuado en su facción del Likud, el 2 de mayo. Aquellos que voten en contrario a él, ahora estarán votando en contra del aliado más importante de Israel.

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