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Es difícil trasladar el rastro

San Miguel. Hace medio siglo fue instalado en el sitio. Al crecer la ciudad, quedó en el área urbana. Distintas administraciones municipales han tratado de reubicarlo.

Publicada 16 de abril 2004, El Diario de Hoy

A diario. Decenas de animales son sacrificados en el rastro migueleño. Vecinos se quejan por la contaminación continua.
Foto EDH

Yanci Pérez
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com

Todos están de acuerdo en que el rastro de San Miguel debe ser trasladado a otra parte, pero nadie conoce la manera de obtener el dinero necesario para construirlo.

Ya fue comprado un terreno, ya están los planos y el diseño, pero la alcaldía no tiene fondos.

Hace medio siglo fue construído el matadero en lo que en ese tiempo era la periferia de la ciudad y hoy se encuentra en un tramo muy poblado de la 10a. Avenida Sur.

Hoy las quejas por el mal olor, las aves de rapiña y el bullicio son casi continuas. Muchos pobladores del sector insisten en que el lugar sea clausurado.

“Aquí obligadamente tenemos zopilotes y perros callejeros por mascotas”, lamenta una ama de casa.

En la campaña proselitista previa a su primer período como alcalde, Wilfredo Salgado, quien ya ocupa por segunda vez la silla edilicia, planteó la posibilidad de remover el rastro de la zona. Pero hasta ahora no ha podido hacerlo porque, de acuerdo a él, le falta lo más importante: el dinero para construirlo.

Salgado asegura tener el terreno comprado en el cantón Hato Nuevo y dice que ya tiene el proyecto de construcción del rastro pero aún está haciendo las gestiones para que le financien al menos el 50 por ciento de la obra física.

Según el edil, el costo del rastro oscilará entre 8 y 10 millones de colones y por el momento está gestionando los permisos respectivos con el Ministerio de Medio Ambiente. El funcionario aseguró que ya tiene los planos y el diseño del nuevo matadero que sería moderno y muy funcional.

Según el edil, el rastro municipal “apenas” deja un ingreso de 60 mil colones al mes a la alcaldía. Diariamente sacrifican entre 35 y 40 reses además de 35 cerdos. Cada día de tiangue se venden 125 reses. De forma permanente hay inspectores de saneamiento.

Ganaderos y vecinos demandan otro sitio

La mayoría de residentes y usuarios del rastro coinciden en la necesidad de trasladarlo a otro sitio para no afectar a comunidades vecinas.

José Emilio Rivera, ganadero y comerciante, asegura que es preferible que el rastro esté lejos de la ciudad, en otro lugar más higiénico y en mejor espacio, ya que está demasiado cerca de la ciudad.

Roberto Mendoza, otro ganadero, considera que aunque tiene mayores posibilidades de comercializar ganado en ese lugar, por la salud de la población y la vistosidad de la ciudad, sería mejor que lo quitaran del lugar en que funciona y se busque otro más adecuado lejos del área urbana.

Por su parte, Nicolás Herrera, un residente en la zona, manifestó su descontento por la ubicación actual del matadero y aunque asegura que tiene muchos años de vivir en la zona, aún no se ha acostumbrado a los malos olores y a las bestias que ahí circulan.

“Son las autoridades sanitarias las que deben demostrar que funcionan”, expresó al recomendar las inspecciones continuas y que estas emitan las sugerencias a la municipalidad.

Otros piensan que los diputados y gobernación deben intervenir para ayudar a obtener los fondos necesarios.

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