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A diario. Decenas de animales son sacrificados
en el rastro migueleño. Vecinos se quejan por la contaminación
continua.
Foto EDH |
Yanci Pérez
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Todos están de acuerdo en que el rastro de San Miguel debe ser
trasladado a otra parte, pero nadie conoce la manera de obtener el dinero
necesario para construirlo.
Ya fue comprado un terreno, ya están los planos y el diseño,
pero la alcaldía no tiene fondos.
Hace medio siglo fue construído el matadero en lo que en ese tiempo
era la periferia de la ciudad y hoy se encuentra en un tramo muy poblado
de la 10a. Avenida Sur.
Hoy las quejas por el mal olor, las aves de rapiña y el bullicio
son casi continuas. Muchos pobladores del sector insisten en que el lugar
sea clausurado.
Aquí obligadamente tenemos zopilotes y perros callejeros
por mascotas, lamenta una ama de casa.
En la campaña proselitista previa a su primer período como
alcalde, Wilfredo Salgado, quien ya ocupa por segunda vez la silla edilicia,
planteó la posibilidad de remover el rastro de la zona. Pero hasta
ahora no ha podido hacerlo porque, de acuerdo a él, le falta lo
más importante: el dinero para construirlo.
Salgado asegura tener el terreno comprado en el cantón Hato Nuevo
y dice que ya tiene el proyecto de construcción del rastro pero
aún está haciendo las gestiones para que le financien al
menos el 50 por ciento de la obra física.
Según el edil, el costo del rastro oscilará entre 8 y 10
millones de colones y por el momento está gestionando los permisos
respectivos con el Ministerio de Medio Ambiente. El funcionario aseguró
que ya tiene los planos y el diseño del nuevo matadero que sería
moderno y muy funcional.
Según el edil, el rastro municipal apenas deja un ingreso
de 60 mil colones al mes a la alcaldía. Diariamente sacrifican
entre 35 y 40 reses además de 35 cerdos. Cada día de tiangue
se venden 125 reses. De forma permanente hay inspectores de saneamiento.
Ganaderos y vecinos demandan otro sitio
La mayoría de residentes y usuarios del rastro coinciden en la
necesidad de trasladarlo a otro sitio para no afectar a comunidades vecinas.
José Emilio Rivera, ganadero y comerciante, asegura que es preferible
que el rastro esté lejos de la ciudad, en otro lugar más
higiénico y en mejor espacio, ya que está demasiado cerca
de la ciudad.
Roberto Mendoza, otro ganadero, considera que aunque tiene mayores posibilidades
de comercializar ganado en ese lugar, por la salud de la población
y la vistosidad de la ciudad, sería mejor que lo quitaran del lugar
en que funciona y se busque otro más adecuado lejos del área
urbana.
Por su parte, Nicolás Herrera, un residente en la zona, manifestó
su descontento por la ubicación actual del matadero y aunque asegura
que tiene muchos años de vivir en la zona, aún no se ha
acostumbrado a los malos olores y a las bestias que ahí circulan.
Son las autoridades sanitarias las que deben demostrar que funcionan,
expresó al recomendar las inspecciones continuas y que estas emitan
las sugerencias a la municipalidad.
Otros piensan que los diputados y gobernación deben intervenir
para ayudar a obtener los fondos necesarios.
