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Reflexiones sobre el Parlamento C.A.

En diferentes ocasiones, el Parlacen ha sido cuestionado por Costa Rica, Honduras, Guatemala y, últimamente, por nuestro país, por su operatividad y efectividad discutibles en los asuntos políticos

Publicada 16 de abril 2004, El Diario de Hoy

Jorge Ernesto Peña Villacorta*
El Diario de Hoy

jpvillacorta @hotmail.com

Hablar de una institución como lo es el Parlamento Centroamericano (Parlacen), es tocar un tema muy complejo, sin embargo, es conveniente abordar algunos puntos que se deberían tomar en cuenta para reflexionar sobre la continuidad, modificación o supresión del mismo.

Ya en diferentes ocasiones, el Parlacen ha sido cuestionado por Costa Rica, Honduras, Guatemala y, últimamente, por nuestro país, por su operatividad y efectividad discutibles en los asuntos políticos, económicos y sociales de la región, especialmente en lo relacionado con el tema de la integración centroamericana, al igual que por su conformación legal e institucional.

Si comparamos esta institución con el Parlamento Europeo, encontramos diferencias altamente significativas, que nos hacen meditar respecto al verdadero papel que debería desempeñar el Parlacen, el cual a su constitución y en su Artículo No. 1 de su Tratado Constitutivo, le confiere el carácter analítico y de asesoría, al fijar su naturaleza como órgano regional de planteamiento, análisis y recomendación en las temáticas económicas, políticas, sociales y culturales para los estados miembros, es decir, sus acciones y resoluciones sólo llegan al nivel consultivo, sin mayor poder vinculante con los países signatarios.

En cambio, el Parlamento Europeo (PE) desempeña un rol protagónico en el quehacer de la Unión Europea (UE). Este tiene, entre sus funciones principales, examinar y adoptar, juntamente con el Consejo de la Unión Europea, la legislación correspondiente a la misma, el control democrático de las otras instituciones de la UE, aprobar acuerdos internacionales relevantes, como son las asociaciones comerciales entre la UE y demás países, así como las incorporaciones de nuevos estados miembros y, en términos generales, se convierte en la voz democrática de los ciudadanos euro-peos.

Este Parlamento, en coordinación y común acuerdo con el Consejo de la Unión, fija las normas para todas las actividades de la comunidad europea, velando por que se garanticen las famosas “cuatro libertades” constituidas por la libre movilidad de personas, mercancías, servicios y capitales.

¡Qué lejos, pues, estamos de un verdadero parlamento que se ocupe de nuestro anhelado proyecto integracionista centroamericano! Es más, al examinar el Tratado Constitutivo y su Reglamento, se pueden encontrar una serie de desaciertos. Por ejemplo, el Artículo No. 2 del Tratado y el Artículo No. 12 de su Reglamento establecen que los presidentes y vicepresidentes salientes, automáticamente integrarán el Parlacen.

Algo insólito, puesto que una vez concluidos sus mandatos, deberían quedar a la espera de la revisión de rigor que todo gobierno entrante debe de realizar al saliente como garantía de que se han hecho bien las cosas.

A parte de este premio y agravando aún más las cosas, se les dan amplias impunidades y privilegios que, al igual que los otros diputados centroamericanos, les otorgan mejor protección que cualquier diputado de algún Congreso de un país de la región.

En cuanto al presupuesto, según los artículos No. 10, 18 y 19 del mismo Tratado, le conceden la facultad de preparar y aprobar el mismo sin que en esto haya intervención de gobierno alguno. En otras palabras no tienen derecho a objetar u observar el presupuesto aprobado, el cual es financiado en partes iguales precisamente por los estados miembros.

En resumen, se hace necesario revisar nuevamente el Tratado Constitutivo y su Reglamento, a efecto de corregir, además de los puntos señalados anteriormente, otros más que ponen en entredicho la funcionalidad y seriedad de un organismo que, hasta el momento, no ha rendido los frutos deseados quizás por su inapropiada acta de nacimiento o por la falta de voluntad política de los gobiernos por hacer de este organismo un verdadero parlamento con poder vinculante en todos los aspectos concernientes al espíritu integracionista centroamericano que, hoy en día, demandamos urgentemente para hacerles frente como un solo bloque a las corrientes globalizadoras.

*Economista MAE

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