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Palabras
Los humanos cactus del desierto

"Samsara”, en antigua lengua sánscrita, significa “desierto de la vida”. Probablemente de allí provenga el nombre del famoso desierto del África septentrional: El Sahara.

Publicada 16 de abril 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com


Para los antiguos lémures la voz habría significado “el desierto de la existencia”, donde el ser humano se abre paso, jugándose la vida y la muerte cada día del inmenso erial.

Allí, entre las solitarias dunas de arena, el hombre, los cactus, las águilas y las serpientes, venciendo el tiempo, en medio de la sed y la adversidad.

Samsara es comparable al mundo moderno: ciudades-desiertos de hierro y argamasa; torres inmensas que no llegaron a ningún lugar.

Ciudades igualmente de adversas como el desierto: urbes tormentosas donde tanto hombres, fieras, lobos y serpientes se abren paso, ganándose un lugar, el sustento, la vida y la victoria.

En algún lugar del desierto -en medio de un mundo seco y solo-florecerá un cactus.
Será el corazón humano, floreciendo en la soledad, la sequía y la guerra. Cubierto de espinas -porque la vida le hizo así-pero redimiendo su milagro con la flor diáfana e iridiscente de su esperanza. Ha florecido a pesar de todo y sin esperar nada a cambio.

En el suelo sagrado de aquella desolación, surgió a la vida su flor, sin esperar aplausos ni premios. Sólo con su victoria, la flor maravillosa del erial.


Día a Día

Urgen cambios

Es obvio que por más limpiezas y cambios que los efemelenistas hagan de la dirigencia, el problema nunca es en verdad resuelto, ya que queda la “visión” marxista sin la cual no pueden pensar.

Aunque las cifras los desmientan, y se vea el progreso que ha tenido el país en la última década, la versión efemelenista no cambia ni un ápice: los pobres son cada vez más pobres.

Lo decía Farabundo en 1932; de ser cierta la teoría, las condiciones de la población serían hoy en día muchísimo peores que hace setenta años. Conducir un vehículo por una de las excelentes carreteras hechas en este quinquenio hacia cualquier población, o pararse en una calle de Soyapango, comprueba exactamente lo contrario de lo que pregona el FMLN.

Es esencial que los cuadros efemelenistas se renueven, pero más necesario que abran las ventanas de sus cabezas y se esfuercen por entender el mundo actual.

 

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