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Palos de ciego en Haití

El secretario de Estado, Colin Powell, intentó poner un poco de orden en Haití, repartiendo palos y zanahorias esta semana, pero su tibia condena a los paramilitares fue decepcionante

Publicada 8 de abril 2004, El Diario de Hoy

Sergio Muñoz Bata
El Diario de Hoy

sergio.munoz@latimes.com

El secretario de Estado, Colin Powell, intentó poner un poco de orden en Haití, repartiendo palos y zanahorias esta semana, pero su tibia condena a los paramilitares fue decepcionante

El palo principal fue a Jean Bertrand Aristide, quien debió haberlo oído con atención no exenta de trepidaciones desde la vecina Jamaica. La parte explícita del mensaje fue que las autoridades norteamericanas investigan sus posibles nexos con los narcotraficantes, que se han apoderado de la pequeña nación.

Según las autoridades de Miami, la investigación en progreso revelará si el vínculo era directo y las acusaciones de que Aristide se embolsó millones de dólares procedentes del narcotráfico son verdaderas o si el Presidente simplemente se hizo el desentendido para no interferir con las contribuciones de los narcotraficantes a sus programas sociales y a las campañas políticas de miembros de su partido.

El mensaje implícito fue una grave advertencia a Aristide, indicándole que su presencia en la vecina Jamaica le resulta intolerable a Latortue e invitándole a apresurar su exilio a Sudáfrica. De persistir su interferencia en los asuntos de Haití, le dijeron entre líneas, Aristide podría terminar en Miami de compañero de celda del general panameño Manuel Noriega, acusado por las autoridades norteamericanas de tener vínculos con narcotraficantes.

El destinatario del segundo palo fue Caricom, es decir, el grupo de gobiernos de los países del Caribe, que se han negado a reconocer la legitimidad del gobierno interino en Haití. Cumpliendo su promesa de cabildear para lograr su reconocimiento, Powell desestimó la utilidad de la investigación sobre las circunstancias de la salida de Aristide del poder que Caricom exigía como condición al reconocimiento. A buen entendedor, pocas palabras. Trinidad y Tobago parece haber entendido ya el mensaje.

Durante su visita, Powell anunció una contribución por $9 millones de dólares para la democracia, que será administrada por la Organización de Estados Americanos. Anunció, además, que Estados Unidos destinará al atribulado país otros $55 millones en ayuda económica y humanitaria.

No se sabe qué fue lo que Powell le dijo a Latortue en privado sobre sus controvertidos discursos sobre los líderes de los ejércitos paramilitares que encabezaron la rebelión contra Aristide. Pero lo que el secretario dijo en público fue decepcionante. No basta con exigir que se les excluya del gabinete del gobierno interino y con repudiar la violencia en abstracto. Lo que Powell debió haber exigido es que Latortue rompiera públicamente con estos pandilleros y ordenara su persecución legal para determinar si son culpables de las atrocidades que se les atribuyen.

El discurso de Latortue en Gonaives, a mediados del mes pasado, en el que exaltó a los ejércitos paramilitares haitianos que derrocaron al Presidente constitucional de Haití como “luchadores por la libertad” es imperdonable. Y que en esa misma infortunada ocasión Latortue rindiera un inexplicable tributo al asesinado criminal Amiot Metayer, quien en vida estuviera asociado a los carteles de la droga y fuera autor de innumerables atrocidades contra la población civil, es doblemente deleznable.

Viendo a futuro, es evidente que la prioridad central debe ser estabilizar al país y evitar el derramamiento de sangre. En lo interno, esto se logrará en la medida en que se logre desarmar y perseguir legalmente a los paramilitares. También es necesario detener la persecución a los miembros de Lavalas, el partido de Aristide, e incorporar a representantes de todos los partidos políticos en la composición del nuevo consejo electoral, que organizará las elecciones programadas para el año próximo.

Desde el exterior, es imprescindible auspiciar una activa participación internacional para rescatar a Haití de sí mismo en un esfuerzo a largo plazo, pues como bien lo ha dicho el secretario de Naciones Unidas Kofi Annan: “Haití es incapaz de resolver sus problemas y el efecto que tendría dejarlo a su suerte sería la continuación o el empeoramiento del caos”.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.


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