Sergio Muñoz Bata
El Diario de Hoy
sergio.munoz@latimes.com
El
secretario de Estado, Colin Powell, intentó poner un poco de orden
en Haití, repartiendo palos y zanahorias esta semana, pero su tibia
condena a los paramilitares fue decepcionante
El palo principal fue a Jean Bertrand Aristide, quien debió haberlo
oído con atención no exenta de trepidaciones desde la vecina
Jamaica. La parte explícita del mensaje fue que las autoridades
norteamericanas investigan sus posibles nexos con los narcotraficantes,
que se han apoderado de la pequeña nación.
Según las autoridades de Miami, la investigación en progreso
revelará si el vínculo era directo y las acusaciones de
que Aristide se embolsó millones de dólares procedentes
del narcotráfico son verdaderas o si el Presidente simplemente
se hizo el desentendido para no interferir con las contribuciones de los
narcotraficantes a sus programas sociales y a las campañas políticas
de miembros de su partido.
El mensaje implícito fue una grave advertencia a Aristide, indicándole
que su presencia en la vecina Jamaica le resulta intolerable a Latortue
e invitándole a apresurar su exilio a Sudáfrica. De persistir
su interferencia en los asuntos de Haití, le dijeron entre líneas,
Aristide podría terminar en Miami de compañero de celda
del general panameño Manuel Noriega, acusado por las autoridades
norteamericanas de tener vínculos con narcotraficantes.
El destinatario del segundo palo fue Caricom, es decir, el grupo de gobiernos
de los países del Caribe, que se han negado a reconocer la legitimidad
del gobierno interino en Haití. Cumpliendo su promesa de cabildear
para lograr su reconocimiento, Powell desestimó la utilidad de
la investigación sobre las circunstancias de la salida de Aristide
del poder que Caricom exigía como condición al reconocimiento.
A buen entendedor, pocas palabras. Trinidad y Tobago parece haber entendido
ya el mensaje.
Durante su visita, Powell anunció una contribución por $9
millones de dólares para la democracia, que será administrada
por la Organización de Estados Americanos. Anunció, además,
que Estados Unidos destinará al atribulado país otros $55
millones en ayuda económica y humanitaria.
No se sabe qué fue lo que Powell le dijo a Latortue en privado
sobre sus controvertidos discursos sobre los líderes de los ejércitos
paramilitares que encabezaron la rebelión contra Aristide. Pero
lo que el secretario dijo en público fue decepcionante. No basta
con exigir que se les excluya del gabinete del gobierno interino y con
repudiar la violencia en abstracto. Lo que Powell debió haber exigido
es que Latortue rompiera públicamente con estos pandilleros y ordenara
su persecución legal para determinar si son culpables de las atrocidades
que se les atribuyen.
El discurso de Latortue en Gonaives, a mediados del mes pasado, en el
que exaltó a los ejércitos paramilitares haitianos que derrocaron
al Presidente constitucional de Haití como luchadores por
la libertad es imperdonable. Y que en esa misma infortunada ocasión
Latortue rindiera un inexplicable tributo al asesinado criminal Amiot
Metayer, quien en vida estuviera asociado a los carteles de la droga y
fuera autor de innumerables atrocidades contra la población civil,
es doblemente deleznable.
Viendo a futuro, es evidente que la prioridad central debe ser estabilizar
al país y evitar el derramamiento de sangre. En lo interno, esto
se logrará en la medida en que se logre desarmar y perseguir legalmente
a los paramilitares. También es necesario detener la persecución
a los miembros de Lavalas, el partido de Aristide, e incorporar a representantes
de todos los partidos políticos en la composición del nuevo
consejo electoral, que organizará las elecciones programadas para
el año próximo.
Desde el exterior, es imprescindible auspiciar una activa participación
internacional para rescatar a Haití de sí mismo en un esfuerzo
a largo plazo, pues como bien lo ha dicho el secretario de Naciones Unidas
Kofi Annan: Haití es incapaz de resolver sus problemas y
el efecto que tendría dejarlo a su suerte sería la continuación
o el empeoramiento del caos.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.