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Norman Quijano*
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Puntuales, como siempre, regresan a cantar tristemente entre el seco ramaje
de la estación.
Lloran la muerte del Señor Jesús. Este insecto himenóptero
canta más en cuanto más calor hace.
Y si observamos detenidamente su frente, veremos en ella los tres clavos
de plata de la Crucifixión.
Vuelven los olores de la cocina de la abuela, tal vez ya sin sus deleitosos
aromas perdidos. Quizá sin sus cancioncillas lejanas.
Olor al rico pescado seco, envuelto en huevo, comida propia de esa época.
O las perfumadas torrejas, de torta de yema y miel de caña...
Delicias del negro atado de la zafra.
Y el incienso de mirra, ocote y copal, en las calles durante la Procesión
del Silencio...
Las famosas alfombras de serrín de color por donde pasaría
el Santísimo.
El calor y la brisa marina que atrae a los sofocados turistas que huyen
de la ciudad al mar...
Todo eso trae consigo el canto de las chicharras. Nostalgia, anuncio de
la nueva estación, tradición, fe...
Día a Día
Superación
La mujer ha sido la víctima de aberrantes costumbres,
de marginación legal, de machismo y del subdesarrollo. Fue la democracia,
el capitalismo, la ciencia y la tecnología lo que permitió
a la mujer sobreponerse a sus limitantes corporales y avanzar en el trabajo,
las profesiones y la estima social. Hasta hace muy poco, las familias
eran las primeras en marginar a sus hijas y privilegiar a sus varones:
ellas se formaban para ser buenas amas de casa mientras a ellos les enviaban
a las escuelas superiores y a las universidades.
Quien esto escribe recuerda a las primeras tres mujeres que comenzaron
estudios de ingeniería; fue una tía nuestra la primera en
bachillerarse en un acto público en el paraninfo de la Universidad
Nacional.
Hoy en día hay más mujeres que hombres matriculadas en carreras
universitarias. Como dice un eslogan publicitario norteamericano: ¡has
llegado muy lejos, mi corazón!

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