El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En esta Semana Santa muchísimas personas se preparan para ir
de playas, pequeña y regocijante aventura que agrega a nuestro
solaz, ayuda a recuperar fuerzas, es delicia de la familia entera pero
también puede enfermarnos, accidentarnos, victimizarnos y causarnos
toda clase de trastornos. Hace unas cuentas décadas el problema
era el acceso malas carreteras, falta de facilidades, ninguna asistencia
para los accidentados, mientras ahora son otros, que enumeramos
a continuación:
La mayor amenaza contra los veraneantes es la falta de higiene,
de agua potable, de servicios sanitarios y de eliminación de basuras
y excretas. En las playas, la inmundicia es casi la regla, sobre todo
por los pisos sucios de ranchos y comedores, que afectan principalmente
a los niños. Algún esfuerzo se ha hecho para mejorar el
ambiente, con escasos resultados;
la segunda es la provocada por grupos de individuos, comerciantes,
burdeleros y pícaros, que se han tomado a la fuerteza numerosas
playas e instalan ahí desde champas hasta los más sórdidos
negocios;
la tercera es el accionar de delincuentes, que asaltan en las casas
de las playas, intimidan a los veraneantes, violan y matan. Esto obliga
a las familias a ir armadas hasta los dientes, para no ser víctimas
de facinerosos;
la cuarta son los zancudos y bichos, que en esta época proliferan
y pueden causar desde el dengue hasta el paludismo y la enfermedad de
Chagas. A ello hay que sumar el riesgo de contraer cólera y tifoidea
por la inmundicia prevalenciente (hay excretas por todos lados);
la quinta son las enfermedades causadas por amebas, agentes patógenos
y microbios que tanto abundan, especialmente en esos ricos platos de conchas,
cascos de burro, ostras y camarones. A menos que uno haya perdido la cordura,
no hay que comer esos mariscos crudos, pues además de que con frecuencia
no son frescos, los guardan y preparan en baldes inmundos;
el sexto problema es el sol. No sólo hay riesgo de insolación
para aquellos que se echan por horas a dormir bajo el sol, sino que se
maltrata la piel y, con el tiempo, se puede sufrir de melanoma, un cáncer
que, en sus inicios, hay posibilidad de curar, pero que avanza con gran
rapidez y mata sin compasión;
el séptimo es el mismo mar, que nunca pierde su vocación
de asesino. Aun cuando las aguas están tranquilas, se pueden
dar peligrosas corrientes bajo la superficie.
No hay que asolearse mucho...
Para colmo de tristezas, se ha puesto en duda que los bloqueadores de
sol verdaderamente protejan a la persona del melanoma, aunque le ayudan
a no arrugarse más de la cuenta. Estos bloqueadores, que contribuyen
a no maltratar la piel, no tienen mucho tiempo de estar en el mercado.
En ese lapso no se ha reportado una disminución de los casos de
cáncer de la piel, sino un incremento. En parte, eso se puede deber
al hecho de que la gente se confía más y pasa más
horas bajo el sol.
Lo más interesante de un estudio, es que las personas que están
mucho tiempo bajo el sol, como digamos jornaleros, policías y campesinos,
tienen mucho menor riesgo de padecer melanoma, que los esporádicos
que sólo se asolean los fines de semana. Es obvio que la exposición
prolongada al sol genera defensas.
Es parte del conocimiento popular que las personas de piel clara están
más expuestas a padecer de la piel, que aquellas de piel oscura.
También los individuos con muchos lunares, tienen un más
alto riesgo de contraer melanoma, que el resto de la gente. El cuerpo
se debe exponer al sol en forma dosificada y en las horas menos intensas.
