Liz Aguirre
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La presencia de residuos sólidos en las costas representa un
riesgo para la vida de la fauna marina.
La mayor parte de estos materiales no es degradable y permanece muchos
años en el fondo del mar o en las orillas.
Un paseo por algunas playas del país permite observar desechos
de metal, plásticos y vidrio. Muchos tardan años y años
en desaparecer. Por ejemplo, a la hojalata le cuesta biodegradarse más
de un decenio; al aluminio, dos siglos; a los plásticos, 400 años,
y una botella de vidrio no tiene un tiempo definido.
Tanto en cautiverio como en vida silvestre, los plásticos
son los más peligrosos, dijo Julio Pérez, veterinario
del Zoológico Nacional. Sin embargo, para los animales del mar,
el riesgo es por partida doble, pues no sólo ingiriendo un desecho
de este material pueden morir.
También los peces, delfines o tortugas pueden enredarse en los
hilos de los pescadores o atorarse en algo más sencillo, como los
empaques six pack de algunas bebidas.
El veterinario explica que si el animal ingiere una bolsa, ésta
puede alojarse en su estómago y, tarde o temprano, obstruirá
el paso de los alimentos. Al no tener una salida, la comida se descompone
y provoca gases, inflan el vientre del animal. A la larga le causará
un paro respiratorio. Las paredes del estómago de aves, tortugas,
peces, delfines o pelícanos se dañan con la presencia de
un plástico. Ellos pueden morir por una infección en el
organismo.
Con el objetivo de prevenir la muerte de animales marinos, el Ministerio
del Medio Ambiente ha emprendido una campaña en la que invita a
los niños y jóvenes a no dejar la basura en las playas que
visiten.
Walter Jokisch, ministro de Medio Ambiente, dijo que se trata de impulsar
el hábito de limpiar mientras las familias pasan unos días
en contacto con la Naturaleza.
Entre las recomendaciones lanzadas por la institución, está
regresar a casa con las latas, envases de plástico y productos
de papel, para disponer de ellos de forma apropiada.
