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Los peregrinos de las palmas

Algunos de los vendedores provienen de La Unión. Otros viajan de pueblos más cercanos, del sur del país. Esta vez, como se esperaba, han llegado puntuales a la cita.

Publicada 2 de abril 2004, El Diario de Hoy

Tradición. Los vendedores de palmas se encuentran en el atrio de la iglesia.Foto EDH


El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Decenas de niños, jóvenes y adultos llegaron ayer, muy temprano, al atrio de la iglesia El Calvario con un solo fin: preparar los ramilletes de palmas que venderán para la celebración del Domingo de Ramos.

A la una de la madrugada de ayer, estas personas partieron desde el pueblo de Yucuaiquín, departamento La Unión, hacia la capital, para cumplir con el tradicional negocio, que año con año realizan.

Ellos se quedarán en las instalaciones del templo durante el fin de semana. Allí les proveen de agua y alojamiento, autorizados por el párroco. Para descansar, utilizan cartones y hamacas.

“Es una tradición desde hace muchos años”, manifestó María Sariles, quien ha dedicado 12 de sus 42 años a vender esos retoños.

Las cruces son hechas con manojos de las flores y las palmas del árbol de coyol. Las cuales son transportadas con mucho cuidado en sacos. Para conservarlas frescas, las envuelven en trapos húmedos, según explicó Carlos Yánez.

Ya instalados en el lugar acostumbrado, distribuyen los manojos a los pequeños comerciantes. Los de menor tamaño son vendidos entre cinco y diez dólares.
Yánez detalló que las ganancias de la venta de estos productos no son muchas. “Nos quedan alrededor de 40 dólares, luego de sacar los gastos de comida y bus”.
Los unionenses compran las “palizadas”, es decir los palos de coyol, para luego cortarlos y preparar los manojos que venderán.

Durante este proceso, deben de tener mucho cuidado, ya que esos árboles tienen espinas, que lastiman las manos.

Cuando no encuentran las palmas en La Unión, muchos comerciantes, como Juan Francisco García, viajan a la zona de Olancho, en Honduras, donde unos amigos, quienes les regalan los cojoyos de las palmas.

“No tengo que comprarlos, sólo gasto lo de la comida y los pasajes”, expresó García.
También en el Mercado Central en el Edificio 8, las vendedoras se disponen a recibir hoy los productos que les traen desde otros pueblos del sur de la capital.

Las señoras de este centro de abasto capitalino también preparan los ramos con la flor y las palmas del palo de coyol, para venderlos en las afueras de las Iglesias Católicas. De esta manera, recibirán la Semana Mayor.


Un proceso corto
- Las palmas son cortadas con varas a las que se les ata un corvo en la punta.
- Algunas pueden llegar a medir los 10 metros de altura.
- La mayoría de las palmas provienen de la zona de Olancho, en Honduras. Otras, del interior del país.


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