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| Arrancó a las 9:40. Tras la pausa y sin
preámbulos, Sepultura enloqueció, anoche, a las masas
metaleras.Foto: EDH |
Gesell Tobías
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Sepultura
profanó su propia tumba y liberó una poderosa descarga de
metal que resucitó a miles de almas salvadoreñas que abarrotaron
anoche el Estadio Cuscatlán.
La mayoría eran chavos, por supuesto las chicas no faltaron en
este encuentro, que para muchos era un sueño hecho realidad.
Justo antes de las 8:30hora en la que pisó el escenario la
banda salvadoreña Aborígenes la cerveza ya era un
líquido preciado. Más tarde hasta la policía tuvo
que custodiar la venta, porque ante la escasez los que lograban mirarla,
saltaban como buitres para obtenerla. La cerveza era la manzana de la
discordia.
El estadio estaba a retumbar y afuera, cientos de metaleros clamaban por
una oportunidad para entrar. Muchos aseguraban que no tenían
pisto para estar ahí.
Otros, se las ingeniaron para sortear a los policías y hacer escaleras
humanas, para ocupar los palcos.
Al interior, los ebrios no faltaron, y se confundían
entre el mosh. Un ambiente en el que todo se valía, lo que importaba
era disfrutar.
Sin preámbulo
A las 9:40 de la noche, el sencillo escenario adornado con el logotipo
de la banda invitada Sepultura se llenó de estridencia, sin mayor
aviso de que ya estaban en el lugar.
De ahí en adelante, sólo se veía a miles de almas
bajar de las graderías hasta la grama, y empezar a sacudir sus
almas en una noche de oscuridad metalera.
Sin percatarse del tiempo, Sepultura realizó un recorrido por las
mejores rolas de todos sus discos, y cada interpretación hacía
brincar, darse trompones, saltar del escenario y pasearse entre los brazos
de las almas ennegrecidas.
Seguro que ésta fue la fiesta más poderosa que los metaleros
en la que se reverenció: ¡Larga vida al rock!.

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