Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
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No
hay vencedores ni vencidos. La única triunfadora en esta contienda
cívica es la democracia salvadoreña. De manera que los votantes
de uno u otro partido, tienen el indiscutible derecho a exigir que se
cumpla lo que se le prometió en la pasada campaña.
Y es allí donde nuestra opinión va dirigida. Pidiendo por
el bien del país que los partidos mayoritarios unan sus esfuerzos
para buscarle solución a las ofertas hechas, que sean viables y
de una pronta solución.
Tales como las que se refieren a la salud, educación, delincuencia,
desempleo. Porque sería maravilloso ver a miembros de los dos partidos
mayoritarios sin divergencia de ninguna clase, aunar esfuerzos para engrandecer
y mejorar las instituciones que más lo necesitan.
Pues ya no se concibe una oposición negativa en todo, que infantilmente
continuara creyendo en políticas destructivas, irracionales, que
en un pueblo como el salvadoreño, ya cívica y socialmente
superado, no funcionan, pues sólo han traído dolor y daño
a los más necesitados.
Caso patético son las huelgas del Seguro Social. Las cuales no
han sido más que una demostración de matonería y
abusos, que a nada bueno han conducido. Pero sí han demostrado
lo que la torpeza política y la demagogia pueden hacer y perjudicar.
Y quienes indujeron a tales actuaciones testimoniaron lo que hubiera sido
un gobierno de irrespeto a las leyes y a la justicia, que a Dios gracias
la votación masiva en contra de tal ingrato proceder, dio un mentís
rotundo.
De tal manera que haciendo borrón y cuenta nueva,
esperamos haya una oposición sensata, propositiva, sin violencias.
Respetuosa del pensar y sentir de los demás. Eso sí, vigilante
y acusadora de los abusos, despilfarros y peculados.
Urge, señores del FMLN una renovación, un cambio de las
ideas anquilosadas y desacreditadas de Marx, Engels, Lenín, Stalin,
Fidel Castro y otros. Jubilen a los que no han cambiado de mentalidad
y sustitúyanlos por miembros de ideas renovadoras, y que no aconsejen
medidas de fuerza bruta, a la usanza de la edad de piedra.
Pues la ciudadanía salvadoreña ya se superó. Ya no
comulga con ruedas de molino. Queremos y deseamos una oposición
de izquierda fuerte, vigorosa, pero sensata. Formada por hombres y mujeres
con amplitud de criterios, que acepten las opiniones contrarias a las
suyas, cuando sean convenientes y razonables para el país.
No basta con declarar que amamos a nuestra patria, porque amarla
es trabajar para engrandecerla. Y cuanto más repitamos que la queremos,
mas tendremos que construirla al tamaño de nuestro amor.
*Dr. en Derecho y Lic. en Filosofía.
