Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Hace
unos cuarenta años, cuando únicamente existía la
Universidad de El Salvador, los estudiantes de Medicina que egresaban
después de cumplir su internado rotatorio y aprobar los correspondientes
exámenes privados (oral, ante tres connotados galenos
y a la par del enfermo), pasaban a cumplir un año de Servicio Social
Obligatorio y en tal sentido eran enviados, mediante sorteo, a desempeñarse
en unidades de salud y hospitales del interior de la República.
Todos ocupaban plazas del Ministerio y, para redondearse los ingresos,
ya que el salario era simbólico, la mayoría conseguía
trabajar como médico forense o abría una pequeña
clínica en la localidad.
En ese entonces el año de Servicio Social, previo a la graduación,
tenía los siguientes propósitos: Aplicar en la práctica
las competencias y conocimientos adquiridos en las aulas de
clases, salir de la teoría de los textos y los casos clínicos
de libro, para encontrarse con la realidad cotidiana, aprender a
la par de profesionales con mayor experiencia, realizar una investigación
científica (tesis doctoral o trabajo de graduación), adquirir
conciencia crítica y proactiva en el desarrollo del trabajo en
busca de la salud, retribuir a la sociedad los esfuerzos del ente que
les formó (proyección y función social), conocer
y aprender de la sabiduría popular y fortalecer la personalidad
con un incipiente ejercicio profesional, por cuanto no es lo mismo ser
estudiante exitoso que profesionista exitoso.
Menos de dos décadas después, las cosas empezaron a cambiar
vertiginosamente, por un lado, ya no se producían cuarenta o cincuenta
egresados al año, lo que era muy fácil de absorber por la
red de establecimientos del Ministerio de Salud, el volumen de egresados
cada vez era mayor hasta llegar al punto de rebasar el número de
plazas disponibles para médicos en Servicio Social. Pronto empezaron
a partirse las plazas y a distribuirse entre varios estudiantes
a grado tal que muchos cumplían unas pocas horas de un trabajo
diseñado y planificado para tiempo completo y hasta geográfico
(ocho horas de trabajo diario con obligación de residir en la localidad).
Algunas ONG empezaron a dar oportunidades para ubicar jóvenes en
Servicio Social a sueldo completo, medio sueldo y no pocos sin recibir
un tan solo centavo.
Definitivamente, las causas de la actual situación son los vacíos
legales por una parte, y por otra, la galopante desactualización
de las normativas existentes. Por ejemplo, la Ley General de Educación
Superior no conceptualiza, tampoco define y mucho menos establece cómo,
dónde y en qué forma se debe hacer el Servicio Social. Por
su parte, el Ministerio de Salud dispone de un reglamento sobre el particular
que tiene unos cuarenta y tres años de estar vigente (todavía
no ha sido derogado), que no responde a la realidad actual, además
de que no existen ejemplares para su consulta.
Es natural que antes de iniciar una acción que le busque salidas
a este nudo gordiano, es indispensable admitir que el impacto del profesional
de la Medicina no es privativo del Ministerio de Salud y que por el contrario,
es de naturaleza intersectorial. Algunas premisas que deberían
de tomarse en consideración para que el abordaje del problema sea
integral son las siguientes: Participación de todos los actores
más estrechamente vinculados con el Servicio Social de los estudiantes
(Ministerio de Educación, Ministerio de Salud, Consejo Superior
de Salud (Junta de Vigilancia de la Profesión Médica), universidades
privadas y Universidad de El Salvador); considerar a todos los estudiantes
egresados de las ciencias de la salud, cualesquiera que sea su procedencia,
iguales ante la ley (Constitución de la República) y con
iguales oportunidades para optar por una plaza (Código de Trabajo);
reglamentar todo lo relacionado al año social con enfoque académico
educativo, para no dejarlo al arbitrio de las universidades y directores
de hospitales y unidades de salud; desarrollar más convenios con
organizaciones privadas y de otra índole para incrementar los cupos
para estudiantes en Servicio Social; finalmente, diversificar los campos
de trabajo y salir de la tradicional camisa de fuerza (unidades de Salud
y hospitales del Ministerio), a fin de expandirse a otros establecimientos,
como por ejemplo Ministerio del Trabajo (riesgos profesionales y medicina
ocupacional), Policía Nacional Civil (violencia intrafamiliar y
violencia contra niños y mujeres), alcaldías municipales
(saneamiento ambiental), Ministerio de Transporte (epidemiología
de accidentes de tránsito), ANDA (agua como condicionante de la
salud), Cruz Roja (atención de urgencias), centros educativos (educación
para la salud y medicina preventiva), etc.
Las últimas noticias que nos llegan y que buscan
paliar la situación son un tanto preocupantes, porque a la legua
denotan ser únicamente remiendos y parches que no llegan realmente
al fondo del asunto.
En los primeros días del mes de diciembre, por ejemplo, se habló
de asignar un área geográfica a cada centro de educación
superior para que ubique sus estudiantes en Servicio Social en la forma
que más le convenga, que ningún estudiante en estas condiciones
-excepto los de la Universidad de El Salvador- recibirá salario,
que todos los estudiantes en año social sin excepción reciban
un estipendio (esta posición definitivamente más equitativa
es la más reciente) y que la constancia de finalización
del Servicio Social la extienda la universidad correspondiente y no el
Ministerio de Salud, como ha sido lo tradicional.
En suma, el desarrollo de los acontecimientos apunta hacia un desplazamiento
de la responsabilidad del Ministerio a los centros de estudio, lo que
es aceptable en principio, toda vez que estos últimos estén
debidamente preparados para desempeñar esta importante función,
lo que incluye, por supuesto, el disponer de los mecanismos técnicos
administrativos necesarios para garantizar el éxito y la transparencia.
* Dr. en Medicina.
