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Bienvenidos al desierto

Bahrein se muestra al mundo con su carrera

Publicada 2 de abril 2004, El Diario de Hoy

Dos potencias. Michael Schumacher habla con Shaik Fawaz Bin Mohammed, dueño del circuito que costó más de 150 millones de dólares. Foto EDH/AP

DPA
El Diario de Hoy

deportes@elsalvador.com

El Gran Premio de Bahrein representa el espíritu de la Fórmula 1 en su más amplio sentido. Para los equipos constituye un reto tecnológico y humano como hacía tiempo que no había en el Mundial, y para el país que lo acoge representa una oportunidad de promoción única.

El primer Gran Premio en un país árabe desde Marruecos en 1958 llega sin que nueve de los diez equipos del Mundial hayan pisado el circuito. Es la primera vez desde la incorporación de Malaisia al calendario en 1999 que se estrena una pista.

Williams-BMW es el único conjunto que tuvo el privilegio de rodar con anterioridad en el circuito del desierto, aunque sólo fuesen 20 vueltas. Hasta que mañana se disputen los primeros entrenamientos libres, el resto de escuderías tendrán todos sus datos de simulaciones computerizadas. Estos días, más que nunca, mecánicos, ingenieros y pilotos pasaron horas delante de los videojuegos... por cuestiones de trabajo.

Ferrari, que ganó las dos primeras carreras del año con Michael Schumacher, no es una excepción. “Desde que la FIA hizo público el mapa oficial del circuito, nuestros ingenieros estuvieron metiendo datos en los programas de simulación para calcular velocidades, carga de frenos, requerimientos aerodinámicos y parámetros de suspensión”, aseguró el equipo.

“Además, los ingenieros de Bridgestone habrán hecho sus cálculos para la elección de neumáticos", agrega la scuderia. La temperatura y la humedad en el ambiente, la calidad del asfalto, la resistencia del viento y la posible influencia de la arena del desierto, entre otros, son factores que condicionarán la carrera, pero que no pueden ser estudiados hasta que un monoplaza no pise la pista.

Un verdadero lujo

Pero hasta que eso llegue, lo primero que llama la atención a los pilotos son las espectaculares instalaciones en boxes. "¡Es impresionante!", dijo el francés Franck Montagny, probador de Renault.

Mientras los equipos navegan entre las dudas y la curiosidad, el rey de Bahrein, el jeque Hamad Bin Isa Al-Jalifa, se frota las manos.

Cuando hace cinco años propuso por primera vez llevar la Fórmula 1 al desierto nadie lo tomó en serio. Este fin de semana se hará realidad. El multimillonario jeque y su hijo, el jeque Salman bin Hamad Al Jalifa, son unos apasionados del deporte, pero no olvidan que la Fórmula 1 es también una fuerte inversión. “Se trata de negocios y de entrar en la economía internacional. Unos 500 millones de espectadores nos verán por televisión, y ahora el mundo sabrá dónde estamos”, afirmó Fawaz Bin Mohammed Al Jalifa, el director de la sociedad que gestiona el circuito.

No en vano, el propio jeque financió con su fortuna personal toda la inversión necesaria. Eso incluye, entre otros gastos, los 150 millones de dólares que costó el circuito y los 20 millones que tuvo que entregar a la empresa del británico Bernie Ecclestone para asegurarse un lugar en el calendario del Mundial de Fórmula 1.

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