 |
| Dos potencias. Michael Schumacher habla con Shaik
Fawaz Bin Mohammed, dueño del circuito que costó más
de 150 millones de dólares. Foto EDH/AP |
DPA
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El Gran Premio de Bahrein representa el espíritu de la Fórmula
1 en su más amplio sentido. Para los equipos constituye un reto
tecnológico y humano como hacía tiempo que no había
en el Mundial, y para el país que lo acoge representa una oportunidad
de promoción única.
El primer Gran Premio en un país árabe desde Marruecos en
1958 llega sin que nueve de los diez equipos del Mundial hayan pisado
el circuito. Es la primera vez desde la incorporación de Malaisia
al calendario en 1999 que se estrena una pista.
Williams-BMW es el único conjunto que tuvo el privilegio de rodar
con anterioridad en el circuito del desierto, aunque sólo fuesen
20 vueltas. Hasta que mañana se disputen los primeros entrenamientos
libres, el resto de escuderías tendrán todos sus datos de
simulaciones computerizadas. Estos días, más que nunca,
mecánicos, ingenieros y pilotos pasaron horas delante de los videojuegos...
por cuestiones de trabajo.
Ferrari, que ganó las dos primeras carreras del año con
Michael Schumacher, no es una excepción. Desde que la FIA
hizo público el mapa oficial del circuito, nuestros ingenieros
estuvieron metiendo datos en los programas de simulación para calcular
velocidades, carga de frenos, requerimientos aerodinámicos y parámetros
de suspensión, aseguró el equipo.
Además, los ingenieros de Bridgestone habrán hecho
sus cálculos para la elección de neumáticos",
agrega la scuderia. La temperatura y la humedad en el ambiente, la calidad
del asfalto, la resistencia del viento y la posible influencia de la arena
del desierto, entre otros, son factores que condicionarán la carrera,
pero que no pueden ser estudiados hasta que un monoplaza no pise la pista.
Un verdadero lujo
Pero hasta que eso llegue, lo primero que llama la atención a los
pilotos son las espectaculares instalaciones en boxes. "¡Es
impresionante!", dijo el francés Franck Montagny, probador
de Renault.
Mientras los equipos navegan entre las dudas y la curiosidad, el rey
de Bahrein, el jeque Hamad Bin Isa Al-Jalifa, se frota las manos.
Cuando hace cinco años propuso por primera vez llevar la Fórmula
1 al desierto nadie lo tomó en serio. Este fin de semana se hará
realidad. El multimillonario jeque y su hijo, el jeque Salman bin Hamad
Al Jalifa, son unos apasionados del deporte, pero no olvidan que la Fórmula
1 es también una fuerte inversión. Se trata de negocios
y de entrar en la economía internacional. Unos 500 millones de
espectadores nos verán por televisión, y ahora el mundo
sabrá dónde estamos, afirmó Fawaz Bin Mohammed
Al Jalifa, el director de la sociedad que gestiona el circuito.
No en vano, el propio jeque financió con su fortuna personal toda
la inversión necesaria. Eso incluye, entre otros gastos, los 150
millones de dólares que costó el circuito y los 20 millones
que tuvo que entregar a la empresa del británico Bernie Ecclestone
para asegurarse un lugar en el calendario del Mundial de Fórmula
1.
