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Bonilla, en el Olimpo

A sus 50 años, uno de los más grandes pintores salvadoreños está en su mejor momento. Esta plenitud artística se refleja en el reconocimiento internacional que obtiene su obra, que se ha convertido en un icono contemporáneo de El Salvador en el mundo.

Publicada 29 de marzo 2004, El Diario de Hoy

José Iglesias Etxezarreta
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

Pregunta: Le hacía muy seguro...

Respuesta: No, dudo mucho en lo que quiero hacer. El problema es que el arte es una cuestión de expresión.

Todo converge en uno, o sea la razón social, lo individual, lo psicológico y ese momento de decidir qué hacer es difícil explicarlo. He leído a muchos artistas y siempre hay una duda, porque la duda siempre es razonable.

La gente critica a los que dudan y no advierte que es porque realmente están buscando. Dudar y definirse es parte de la búsqueda, de la acción.

P: ¿Un solitario busca en los cuadros a los demás o a sí mismo?

R: En muchos cuadros aparezco de personaje. No autorretrato, sino como parte de la obra. Muchos artistas dicen que pintan para sí. Dudo que realmente lo hagan, porque entonces no se moverían para exhibir su obra. Uno pinta para un público.


El pintor, Antonio Bonilla nació en San Salvador. Foto EDH

P: Me sorprende porque lee a otros artistas, admite ver a otros pintores, lo que no es común, ahora existe la tendencia de ignorar la Historia, del “creador puro”.

R: Nosotros no tuvimos esa gran escuela de pintura que tuvieron los europeos, ese peso de lo clásico que tiene Europa. Trato de mantener una relación con estos pintores, para a través de eso hacer una buena obra tanto a nivel técnico como de composición.

 
Perfil
Antonio Bonilla nació en 1954 en San Salvador, donde se crió con su madre. Estudió arquitectura en la UNES, pero en 1975 fue a México donde se quedó hasta junio de 1980. “Vine en la época de la guerra, al contrario de muchos que se esforzaban por salir. Decidí quedarme para ver qué pasaba, estar aquí es parte de mi vida. Hay un libro de Roberto Cea que se llama De este paisito no me voy, aunque admito que hubo momentos de flaqueza en los 80. Hay cosas que te atan y quién sabe si, a pesar de todo, El Salvador sigue siendo bueno para vivir” reflexiona. Cuando se le pregunta “¿Quién es Bonilla?”, responde que “en el mundo artístico y social tengo muy mala fama, y una persona que aparenta ser muy sociable, pero creo que en el fondo soy un tipo solitario y preocupado con el transcurso de la vida y el futuro de la humanidad. Soy un anacrónico tardío (y se ríe)”. Ha expuesto, entre otros, en el Museo de Arte Moderno de México y en el Museo de El Barrio de Nueva York. Ha sido presidente de la Asociación de Artistas Plásticos de El Salvador.

Un cuadro con el que empecé a jugar cuando empezaba fue La Gioconda, pero no porque me interesara en sí, no es un cuadro que me atraiga, pero crear otras imágenes a través de ese diálogo sí me interesó.

Hay una frase muy interesante de Renoir, dice que no es viendo la Naturaleza que uno decide ser artista, sino que es cuando ve otro cuadro y dice: “si éste lo hizo, lo quiero hacer yo también”. La famosa Ronda nocturna de Rembrandt está basada en unos bocetos de Tomás de Keyzer. El desayuno sobre la hierba de Manet, en un grabado de Raimundi.

P: ¿Qué tal lleva ese diálogo con contemporáneos y compatriotas?

R: No es difícil. Ciertos coloridos, ciertos desnudos, que podrían estar emparentados con don Chepe Mejía Vides. Otros cuadros que hice llegan a un abstraccionismo bajo la influencia de don Carlos Cañas.

Como dije, no teníamos la cultura europea que está en la calle y en los museos. En El Salvador, la mayor parte de artistas venimos de la clase media baja, donde no existía esa educación. Buñuel afirma que salen de las familias de la clase media alta, donde sí tienen libros. Partí a pintar con 14 años. Empecé a expresar mi realidad. Uno se metió a artista para decir cosas, y como sentí que no tenía la habilidad para escribir, pero sí la de decirlas en imágenes, me dediqué a eso.

P: ¿Y el Bosco?

R: Trato de no verlo. Ése es el problema que tengo. Incluso en Los siete pecados capitales. Ese tema no sólo lo hizo él, también James Ensor. Ha sido parte de la Historia del Arte y uno siempre va a llegar a lo mismo. Cuando uno quiere expresar una realidad que es básicamente grotesca, vamos a llegar a lo mismo. O sea, si veo y pinto una masacre me van a decir que soy Goya.

P: También le han comparado.

R: Sí, han dicho que soy goyesco, pero, claro, si vivimos en un El Salvador en guerra y vas a expresarlo, tiene que ser así. Vas a llegar a cuestiones parecidas porque las sociedades y las realidades han sido parecidas. La realidad salvadoreña es la que me hace responder con este tipo de arte.

P: Para seguir con referencias, sus personajes recuerdan al expresionismo de entreguerras o a Egon Schiele.

R: El expresionismo empieza antes de la I Guerra Mundial, no es un producto neto de ella, sino que empieza a principios del siglo, el Grupo del Puente se reúne en 1905 y el movimiento llega a un nivel alto hacia 1910, pero, claro, con la tragedia bélica muchos de estos pintores que no eran expresionistas, como Max Beckmann, van a la guerra, voluntarios, pero cuando se dieron cuenta de la realidad, cambian. Su contenido va más hacia lo místico y religioso y yo no soy muy religioso. He utilizado las imágenes religiosas por la imagen popular que tenemos de ellas.

P: Su obra también se relaciona con la Viena de principios de siglos por las máscaras, como en Eyes wide shut de Kubrick. ¿Desenmascara?

R: Pero también enmascaro. En mis cuadros siempre hay máscaras, pero también son parte del cuerpo de los personajes. Tienen una máscara de cerdo porque en el fondo son unos cerdos. La máscara son ellos, o sea que no la necesitan, pues bien se la pueden quitar y siguen siendo lo mismo.

P: ¿Quiénes son ellos?


R: La sociedad hipócrita de cualquier país. También la religión. La Iglesia la veo un fracaso, no el cristianismo, sino la institución.

P: Desde Reinaldo Echeverría, hablar de Bonilla es hablar del feísmo. Sin embargo, los Bonilla son terriblemente bellos.

R: Es que él se refiere a un arte que no está hecho específicamente para un gusto. Como si alguien tuviera la Capilla Sixtina de Miguel Ángel en casa. Esos frescos tampoco son muy agradables que digamos. Como espectador, a mí me gusta todo tipo de pintura. Disfruto de los buenos paisajes de Chepe Mejía o de uno de los dibujos grotescos de Solís, para mí uno de los iniciadores del Feísmo, como García Ponce o los dibujos sobre hospitales de Cañas. Representaban una imagen muy grotesca de la realidad salvadoreña.

El feísmo
“También han dicho que soy goyesco, pero si vives en un Salvador en guerra pintas imágenes parecidas. Hoy lo grotesco son la pobreza y la corrupción”.. Foto EDH

P: Diez años después del conflicto, ¿la realidad salvadoreña sigue siendo grotesca?

R: Sí que es grotesca, por la pobreza, la corrupción...

P: ¿Y la pintura sirve al cambio?

R: No, creo que ninguna pintura ha cambiado el mundo. Tal vez la única tendencia que influyó sobre la sociedad fueron los surrealistas.

P: Y entonces, ¿para qué pintar?


R: Como testimonio personal. Incluso ahora mi temática es diferente. No es la de los años de guerra, aunque he pintado cuadros sobre la violencia por la situación mundial. La pobreza no sólo es de aquí. Expresar ese malestar. Pensábamos que 2000 iba a ser diferente, íbamos a ver cambios, con la caída del muro y de la Guerra Fría, y no es así. El miedo, la pobreza y la marginación a nivel mundial siguen siendo enormes. El hecho de que viva aquí no quiere decir que no me solidarice con otros pueblos.

Mire, yo puedo cambiar con cinco personas que lo vean y lo comprendan, eso es suficiente.

P: Entonces, ¿para que dar dinero a la cultura cuando hay un país donde se pasa hambre y hay violencia?

P: La violencia es parte de la cultura, aquí todo lo quieren resolver con el deporte. Dan dinero para canchas. ¿Por qué no hacer talleres de expresión artística, teatro, danza? Muchos jóvenes que se meten a pandillas necesitan expresarse, fuera de la marginación en que están. Aquí quieren capitalizar la cultura desde el punto de vista capitalista, y no es así. Debería capitalizarse a través de un ser humano mejor. Con 50 mil colones puedes hacer, ¿qué?, un jardincito. Con esos pocos fondos se pueden realizar muchas actividades artísticas. Antes se hacían muchas cosas, pero hoy, como todo es ONG, si no hay financiamiento, entonces no hagamos nada. Se está esperando siempre financiación para hacer algo.

P: Y El Salvador, ¿va?


R: En relación no sólo con El Salvador, sino con el mundo, soy pesimista. Si no se hace lo que se tiene que hacer para que camine sobre la pobreza, la cuestión económica y el trabajo, puede haber un caos. Mi obra La noche está basada en toda esa miseria, no sólo de la del campo, sino que la de las ciudades. Esa familia durmiendo en el parque Cuscatlán, es patético, y mi cuadro lo hice más patético todavía que hasta me lo quitaron de una exposición.

P: La Historia del Arte se nos ha mostrado como una evolución lineal. Hacia la complejidad, desde Altamira a Rembrandt, y de nuevo hasta la más pura sencillez. También podríamos creer en ciclos. Y desde Warhol, “el arte ha muerto”. ¿ Hacia dónde va el arte?


R: De entrada, el arte rupestre no tenía nada de primitivo, el griego es la cima de lo clásico, se “cae” en el románico, deslumbra el renacimiento ¿y es que el barroco es peor que la ilustración? El problema del arte se acaba con Malevitch a principios de 1920 con su cuadrado blanco sobre cuadrado blanco. Desde entonces se empieza a plantear un comienzo nuevo del arte.

Yo ya me despreocupo de las teorías. Sirven para el arte abstracto, para explicar lo que estaban pintando (se ríe). Cada artista, cada época, aporta sus teorías, pero el problema también es que ya no son formuladas por los autores, sino por los críticos, los que dirigen el rumbo de las cuestiones artísticas en el mundo ahorita, los comisarios. Uno debe desprenderse de eso y ser honesto con lo que pinta. Respeto mucho del arte conceptual, del contemporáneo, pero también hay mucho que es como el traje nuevo del emperador de Andersen. Uno de los errores es el mercado del arte, que es el que dicta las tendencias.

Ese premio que le dan a este inglés hace dos años, el de las lucitas que se apagan y se encienden, o la lata de auténtica mierda de artista, por 25 mil dólares, del italiano aquel. Todo eso es el traje nuevo del emperador, que sólo lo ven los “inteligentes”.

A la manera de...

El Jardín de las Delicias • Hyeronimus Bosch, oleo sobre tabla, 1503.    
La noche • Antonio Bonilla, oleo sobre tabla, 2002. “El concepto que tenían en la pintura clásica era de retomar. Ese diálogo siempre ha existido y siempre existirá”.
   
Tríptico de Nantes • Bill Viola, mural de vídeo, 1992.



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