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Carlos Cañas Dinarte
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
La Tragedia de Morazán es la primera obra teatral salvadoreña.
Su autor fue Francisco Días, un soldado poeta morazanista asesinado
el 10 de junio de 1845, en Honduras.
Algunos expertos sobre la historia teatral salvadoreña, como José
Roberto Cea y Carlos Velis, cuestionan la calidad de la obra.
Ésta fue escrita en Quelepa (San Miguel) en 1844 y se estrenó
con gran éxito en el primigenio teatro de San Salvador, una estructura
cónica de paja que fue abierta al público en 1842, en la
zona trasera del otrora Cine Libertad, en el centro de la capital.
Francisco Días fue un prolífico escritor. Elaboró
otras obras teatrales que permanecieron anónimas y que hoy se encuentran
perdidas.
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Historia. En pleno siglo XX, los capitalinos
no tenían idea del legado de Francisco Días.
Foto EDH |
Apodado el Divino Calavera, por sus amoríos y versos
galantes, Días fue muy conocido en su época por sus poemas
que llegaron a ser populares. Su fama llegó a tal punto, que la
gente los musicalizaba y cantaba.
Por su dominio del verso jocoso, al estilo de los epigramas de Quevedo,
más de alguna vez dedicó décimas satíricas
a diversos personajes de la política de su tiempo.
Esto le hizo ganar varias amenazas a muerte y la apertura de un expediente
por difamación en un juzgado de la ciudad de San Vicente, según
lo revela la revista capitalina El Nuevo Día en 1930.
Su nombre de pila fue Francisco Días Urías. Nació
en la ciudad de San Salvador el 6 de junio de 1812 . Su cuna fue el hogar
humilde formado por José León Días y María
Josefa Urías. Su formación fue autodidacta.
Su temperamento inquieto le llevó a engrosar varias de las filas
del ejército morazánico.
Tanto así, que Días acompañó a Francisco Morazán
el día de su fusilamiento, el 15 de septiembre de 1842, en Costa
Rica.
Su muerte
Alejado de su esposa Celia y de sus hijos, en ese mismo año le
fue publicado en San Salvador la primera parte de su poema Epístola
filosófica o social o Epístola Adelio, en una edición
financiada por el gobierno de esa época.
El escrito fue reeditado en 1860, según lo contara en uno de los
tres tomos de su recopilación, Guirnaldas salvadoreñas (1884-1886),
el intelectual nicaragüense-salvadoreño Romá Mayorga
Rivas.
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Antigua. Foto de la vieja Catedral de la capital.
Foto EDH |
Mayorga Rivas y otros autores sostienen que Días
fue asesinado el 10 de junio de 1845, al caer prisionero de las tropas
que contraatacaron en Santa Rosa de Los Llanos luego de la derrota salvadoreña
de Monte Redondo.
Según lo revelara en mayo de 1921 el escritor salvadoreño
Juan Antonio Solórzano, Días fue capturado y puesto bajo
vigilancia por un soldado indígena que le asestó un golpe
mortal con su bayoneta.
Su cuerpo fue enterrado en una fosa abierta en un sitio arqueológico
prehispánico a 200 metros de la confluencia de los ríos
Texio (o Tesho) y Olax, al oriente del valle de Sensenti, en el actual
departamento de Nueva Ocotepeque, Honduras.
Sus restos bien podrían ser exhumados y trasladados a un sitial
de honor en la sección de ilustres del Cementerio General de San
Salvador, tras una colaboración conjunta entre las autoridades
culturales de ambos países centroamericanos.
El legado
Como una forma de homenaje a su memoria, en 1848 el Gobierno salvadoreño
publicó un volumen póstumo, Poesías, donde fueron
reunidas muchas de sus composiciones dispersas.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, una calle de la ciudad de San
Salvador aún pendiente de identificar con respecto a la actual
nomenclatura, vigente desde 1928 ostentó el nombre de este
malogrado escritor y militar salvadoreño, cuyo nombre permaneció
en el recuerdo de algunos intelectuales hasta ya fines del siglo XX.
Por ello, no resulta extraño que el 23 de junio de 1973 los escritores
Rafael Góchez Sosa, Gloria Marina Fernández, Jorge Campos,
Tirso Canales, Heriberto Montano, Miguel Ángel Azucena, Francisco
Saldaña y otros, fundaran el Taller Literario Francisco Días.
El grupo mantuvo casi un centenar de entregas literarias sabatinas en
un vespertino nacional.
Además, posibilitó una nueva edición de La tragedia
de Morazán, aparecida como número monográfico de
la revista La universidad, en diciembre de 1986, la cual fue acompañada
por un estudio preliminar y una actualización del lenguaje poético,
realizados por Góchez Sosa, Azucena y Saldaña.
Tres décadas más tarde, ¿habrá
interés por hacer algo por los restos y la memoria de este intelectual
centroamericano, cuya vida se debatió siempre entre el quehacer
de la pluma y las andanzas y malandanzas de la política regional?
(*) Miembro del Centro de Investigaciones y en Ciencias y Humanidades
de la Universidad Dr. José Matías Delgado.
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| Una de sus favoritasG Janet siempre ha sabido mostrar sus espectaculares
senos. |
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