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Taiwán y China en pleito otra vez

El liderazgo chino alimenta este compromiso “revolucionario”, porque ayuda a generar un sentimiento nacionalista, una de las pocas cosas que legitima el monopolio comunista sobre el poder.

Publicada 19 de marzo 2004, El Diario de Hoy

Orville Schell*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

¿Por qué la relación entre China y Taiwán es un asunto tan complicado? ¿Por qué, si tienen intereses económicos comunes (un millón de taiwaneses viven en China continental y trabajan en alrededor de 50,000 empresas con más de 400 mil millones de dólares de inversiones procedentes de Taiwán), hay 500 misiles chinos de corto alcance apuntando hacia la isla?

Los preparativos para las elecciones presidenciales del 20 de marzo son una de las fuentes de tensión en este momento.

El Presidente actual, Chen Shui-bian, ha iniciado un proceso de referéndum que podría utilizarse algún día para preguntar a los taiwaneses si desean formalizar la independencia de facto que hoy existe. Eso enfurece a China.

Después de todo, como Mao Zedong le dijo a Edgar Snow, en 1936, “la tarea inmediata de China es recuperar todos nuestros territorios perdidos”, incluyendo explícitamente “Formosa”. Desde entonces, China ha buscado cumplir la promesa de Mao.

El nuevo liderazgo chino a menudo da muestras de juicio y moderación en su diplomacia. Pero Luo Yuan, coronel de la Academia China de Ciencias Militares, declaró recientemente que si los líderes de Taiwán “se rehúsan a entrar en razón y siguen utilizando el referéndum como pretexto para buscar la independencia, llevarán a (sus) compatriotas hacia el abismo de la guerra”.

¿Cómo es posible que en una época en la que la autodeterminación es un principio sagrado, Taiwán (que sólo ha formado parte de China durante cuatro de las últimas once décadas, y nunca ha estado bajo el control de la República Popular China) sufra el rechazo de todas las naciones cuando se atreve a preguntar en voz alta por qué no se le permite seguir su propio camino?

Las razones tienen profundas raíces históricas. Cuando Mao y los comunistas llegaron al poder en 1949, prometieron “reunificar la patria”, lo que significaba poner bajo el control del gobierno central a Xinjiang (las regiones desérticas musulmanas al oeste), el Tibet, Mongolia, Hong Kong, Macao y Taiwán.

Pero hay otra dinámica en acción. A lo largo de las dos últimas décadas se han abandonado casi todos los demás elementos de la plataforma del Partido Comunista (la guerra popular a nivel mundial, la lucha proletaria para llegar a una utopía sin clases, el triunfo sobre el capitalismo global, etc.).

Eso convierte a la unificación en el último vínculo con la revolución de Mao y en la última justificación para el gobierno de un solo partido. El liderazgo chino alimenta este compromiso “revolucionario”, porque ayuda a generar un sentimiento nacionalista, una de las pocas cosas (además del sólido desempeño económico) que legitima el monopolio comunista sobre el poder.

Los líderes chinos deben reflexionar sobre el hecho de que su país ya no es el “hombre enfermo de Asia”. Es cada vez más poderoso, activo a nivel global y robusto económicamente. Así, este es momento oportuno para revalorar su situación y comenzar a actuar desde una posición de fuerza, y no de debilidad.

Después de todo, China y Taiwán han luchado en lo político aun cuando sus economías se unifican cada vez más. Con el tiempo, bien podrían unificarse más en el frente político, si no se muestran demasiado agresivos en sus desacuerdos. La convergencia económica, si se le permite madurar, podría conducir a Taiwán y a la República Popular China por un camino hacia la soberanía común.

¿Cómo se podría lograr tal escenario? China debe declarar, con fuerza y decisión, que la meta política final es mayor democracia, no un leninismo mutante, y que, a medida que se vaya dando ese proceso evolutivo y que el clima político se vuelva más favorable, estaría dispuesta a discutir la mejor manera de formar un tejido político y económico con Taiwán. Esa declaración, por sí sola, le daría a los taiwaneses la capacidad de pensar que algún día puede ser de su interés formar parte de China.

Copyright: Project Syndicate.
*Historiador experto en China y Decano de la Universidad de California en Berkeley.

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