Julia Regina de Cardena
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En
dos días se decidirá el rumbo de los próximos cinco
años de nuestro querido país, y ese período marcará
irreversiblemente el futuro de nuestra vida, familias, hijos y nietos.
Qué triste y peligroso sería permitir que otras personas
elijan por nosotros a nuestros gobernantes, decidiendo ese mañana
incierto porque no hicimos uso de nuestro derecho y no cumplimos con la
responsabilidad cristiana de defender a nuestra nación de ideologías
contrarias a las enseñanzas de Jesucristo, al bien moral y a la
ley natural.
El precio a pagar por la indiferencia de los que no participan será
muy alto, pues mandarán los que sí participan. No podrá
quejarse, criticar o sancionar nada quien no acuda a las urnas este 21
de marzo, para proteger nuestra fe y las exigencias éticas irrenunciables,
como el respeto a la vida, a la familia, a la dignidad de la persona,
a la libertad y a la justicia.
Nuestro pueblo ha sufrido una guerra, terremotos, huracanes y ahora corre
el grave peligro de caer en las garras del comunismo, que vendría
a destruir todo lo que ha logrado con su esfuerzo, trabajo, sacrificio,
fe y oración. Los que se auto nombran defensores de los pobres,
aprovechándose de sus necesidades, han sembrado odio, confusión
y división entre los salvadoreños con las mentiras que siguen
repitiendo ahora. Contrario al ejemplo de Jesús, quien nos llama
a buscar la paz y la justicia social por medio del amor, ellos buscan
su fin por las vías de la violencia, las armas y la destrucción,
derramando la sangre de muchos inocentes.
El comunismo no reconoce la existencia de Dios ni respeta la moral, lo
cual abre el camino al libertinaje y al individualismo, perjudiciales
para la tutela del bien de la persona y de la sociedad entera. Pero nosotros
sabemos que el hombre no se puede separar de Dios, ni la política
de la moral.
En los países comunistas no existe la libertad ni la justicia,
no conocen la reconciliación ni el entendimiento, sólo toleran
su ideología, hay una persecución religiosa, irrespetan
los derechos fundamentales de las personas y se destruye la familia que
es la piedra angular de la civilización. Por eso no es extraño
que el primer compromiso en el plan de gobierno del FMLN para las mujeres
sea ratificar el Protocolo Facultativo del CEDAW, un instrumento internacional
que nos compromete a dar el poder a un comité de feministas, a
exigir cambios de leyes contrarios a nuestra identidad cultural, creencias
religiosas y que atropellan nuestra soberanía nacional.
A los países que lo han ratificado, este comité les ha demandado
que legalicen el aborto, el lesbianismo, la prostitución y hasta
que eliminen la celebración del Día de la Madre, porque
es un estereotipo negativo para la mujer, y muchas otras cosas que no
hay espacio suficiente para publicar. ¿Es esto lo que queremos
para nuestro país?
Nuestro compromiso es con Dios y nuestro voto debe defender la libertad
que es uno de los regalos que Él nos ha dado, el derecho a la vida,
sin el cual no existe ningún otro y la protección de la
familia, núcleo de la sociedad y escuela de valores. Si queremos
que nuestros hijos crezcan en un clima de seguridad y verdadera libertad
que favorezca el bien común, debemos exigirnos nuevas y más
amplias formas de participación en la vida pública por parte
de los todos ciudadanos.
Nuestro voto debe apoyar las propuestas de soluciones capaces de respetar,
de manera coherente y sólida, los principios éticos; de
proteger los derechos de toda persona desde la concepción hasta
la muerte natural.
Análogamente, debe salvaguardar la tutela y la promoción
de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas
de sexo opuesto que está en peligro.
Cumplamos con los deberes civiles, haciendo una síntesis vital
del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico,
con los valores cristianos. Animemos a otros, para que guiados siempre
por el espíritu evangélico de acuerdo con nuestra conciencia
cristiana y en conformidad con los valores que son congruentes con ella,
desempeñemos nuestra misión de resguardar a nuestra patria
para que reine Dios, la Unión y la Libertad.
*Columnista de El Diario de Hoy.