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Cien años de cuidar niños

Centro. La sala cuna que está contiguo a la comuna capitalina celebra el centenario de su creación. Las religiosas iniciaron su trabajo con 12 infantes, hoy cuentan con 250 niños.

Publicada 16 de marzo 2004, El Diario de Hoy


Lorena Baires
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

La Sala Cuna Externa a cargo de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, celebra el centenario de su trabajo por la niñez.

Este grupo de religiosas preparó ayer un evento especial para los padres de familia. Hubo música y danza folclórica.

Los niños comieron pastel y refresco, también bailaron y jugaron junto a sus progenitores.

Otro grupo de infantes realizó una dramatización acerca de cómo se fundó la sala. “Era hermoso ver la creatividad de los menores, todos son muy inteligentes”, expresó una de las religiosas.

Fiesta. Los menores disfrutaron de un variado repertorio de música folclórica. Ellos también bailaron y cantaron con sus padres. Foto EDH

“Está bien bonito, lo mejor es que los niños se sienten a gusto con la música y la comida. Si ellos están bien, nosotros también”, agregó Yanet López, madre de uno de los pequeños.

La historia

La directora de este centro de atención para niños, Sor Angélica Velázquez, explicó que la sala fue fundada por un grupo de señoras caritativas, entre las que figuraba Sara de Saldívar.

“La idea surgió después de un evento que conmocionó al país en 1904. Una señora que lavaba ropa ajena se fue un día a la orilla del río junto a su pequeño hijo. Mientras ella trabajaba, el niño se ahogó”, expresó

Esto fue lo que motivó al grupo de altruistas a fundar un lugar en donde las madres solteras pudieran dejar a sus hijos mientras trabajan.

La religiosa aclaró que la congregación está a cargo de la sala desde 1931, en el local que se encuentra en la 9a. Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo.

Las hermanas de la caridad
- La Sala Cuna Externa es administrada por esa orden religiosa desde 1931.
- Las primeras monjas en estar a cargo de los niños fueron la colombiana Sor María Sánchez, las salvadoreñas Sor Luisa Acevedo, Sor Vicenta Panameño, Sor María Josefa González y Sor María Zamora. Se cree que todas han fallecido.
-Ahora, el lugar está a cargo de Sor Angélica Velázquez.
- En la sala también trabaja más de una decena de educadoras que realiza las veces de madres para los niños.
- También cuentan con un equipo médico permanente.

Después de cien años de experiencia, la atención que brindan a los menores es integral. Ellos reciben atención pediátrica, odontológica y participan en un programa de estudios aprobado por el Ministerio de Educación.

Además, las educadoras son las encargadas de la alimentación, que incluye un desayuno, almuerzo y dos refrigerios.
“Consideramos que damos a los niños una atención especial e individual, porque cada uno tiene un cuidado diferente, incluso, hay unos que tienen dietas especiales que les dan los médicos”, detalló María del Carmen Delgado, encargada del área de lactantes.

En este lugar se reciben niños desde los seis meses hasta los seis años. Los padres deben presentar exámenes de heces, orina y sangre de los menores para su ingreso. Esto se hace porque la pediatra lleva un control de salud del niño.

“Estamos pendientes de las medicinas y de los cambios anímicos de ellos, porque algunos no dicen lo que sienten”, comentó Delgado.

Otra de las ventajas es que también se reciben niños con capacidades especiales, como el caso del síndrome de Down.
Si quiere que su hijo esté al cuidado de las hermanas de la Caridad, visite la sala durante el mes de abril, cuando inicia el proceso de nuevo ingreso.


“Disfruté mi labor junto a los bebés”

Capacidad. La Sala Cuna Externa atiende a 275 menores. Foto EDH

Margarita Orellana es una antigua empleada de la Sala Cuna de las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Ella entró en 1972 como lavandera, pero su espíritu emprendedor y ganas de saber más, motivó a la directora a darle la plaza de educadora de la sala de lactantes y niños de mayor edad.

“En este lugar he realizado varias funciones, pero ni una de esas me ha traído tanta satisfacción como cuidar bebés”, explica.
Entre sus funciones estaban limpiar las manos de los niños, darles sus medicinas, cambiarles ropa y alimentarlos.

Una de las cosas que le agradaban era el lenguaje particular que cada menor desarrolla para comunicarse.

“Uno aprende a leer sus gestos y llantos, ellos no pueden decir qué les duele, uno debe aprender a conocer sus maneras de expresarse”.

Margarita afirma que ellas siempre se encariñan mucho de los pequeños, sobre todo, de aquellos que muestran falta de atención de parte de la familia.

Hoy ya se encuentra jubilada, pero visita la sala porque siente mucho cariño por los pequeños.

“He venido porque ellos tienen una alegría especial que no se puede ver en otro lado. Además, las religiosas me han dado un reconocimiento por mi trabajo. Me siento feliz, cuando los veo sonreír”, finalizó mientras unos niños la saludaban efusivos.

 

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