Ricardo Rivas
El Diario de Hoy
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Al
Qaeda tiene una nueva víctima: José María Aznar.
Aznar y su Partido Popular han perdido las elecciones generales españolas.
Los indicios de la autoría de Al Qaeda en los atentados del pasado
jueves, sumado a un cuestionado manejo gubernamental de la información
post ataques, han servido, en bandeja de plata y mantelito de lino, el
gane al PSOE.
Aunque los terroristas no entiendan con qué se come la palabra
democracia, ahora, la democracia parecería haberse
aliado con ellos para botar del poder al partido que más y mejor
había combatido al terrorismo en España. ETA, sonríe.
A mí no me interesa jugar póquer político con la
tragedia del 11-M; eso de hacer baraja electoral sobre una pila de ciudadanos
asesinados a mansalva queda para otros. Sí intento volver la atención
al fenómeno del terrorismo en España, y decir que, aunque
los atentados lleven estampada la firma de Al Qaeda, quizá tampoco
sea prudente apresurarse a dar un finiquito absolutorio a ETA.
En el fondo, Al Qaeda y ETA, como el resto de bandas terroristas en el
mundo, vienen de la misma sementera. A todos éstos les une una
misma afición por la sangre. Sangre de gente común y corriente,
de obreros, de padres, de trabajadores y universitarios; de personas como
las que asesinaron e hirieron el pasado jueves en los trenes de Madrid.
Pura sangre ciudadana que nada tiene que ver con la política o
las calenturas ideológicas de estos grupos, pero que es la sangre
que suele correr cuando estos chacales arropados en una sopa de siglas
hacen valer sus derechos a pólvora limpia.
Ayer, fueron inmensos pajarracos de United y American Airlines, con las
barrigas repletas de gasolina, que impactaron en las Torres Gemelas de
Nueva York, recreando un inmenso infierno repleto de amasijos humanos
y hierros retorcidos. Ahora, el infierno se ha dado en los trenes de cercanías
de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, Renfe. Los terroristas
los han hecho explotar cargados de pasajeros y a hora pico. Todos hemos
llorado con España este nuevo genocidio.
Antes de los bombazos del pasado jueves, incluso, antes de la intervención
española en la guerra de Iraq, España ya atraía la
atención de los terroristas musulmanes. Investigaciones periodísticas
documentadas dan cuenta de que en julio de 2001, se reunieron en Tarragona
las cuatro cabezas responsables de la masacre del 11 de septiembre de
2001 (Abu Zubaidah, Kalid Sheij Mohammed, Mohammed Atta y Ramzi Binalshibi).
La cumbre fue organizada para precisar los cómo, cuándo
y dónde de la operación Alá versus América
, la gazwah contra Estados Unidos que terminaría en el fatídico
11-S.
Ante eso, las preguntas caen de su propio peso: ¿Por qué
el hilado fino de aquella operación se dio en España? ¿Por
qué en un país en donde la lucha antiterrorista es prioridad
nacional? ¿Con qué tipos de apoyo contaba Al Qaeda? Una
probabilidad es que los boys de Bin Laden hayan encontrado en España
lo que difícilmente encontrarían en otras partes del occidente
civilizado: una banda terrorista que, como ETA, les hiciera la segunda.
Quizá sea por eso que la barbarie del 11-M en Madrid muestre rastros
de Al Qaeda y la ETA.
¿Al Qaeda? ¿Al Qa ETA? Francamente, qué importan
las siglas. Vamos al hecho. Nos mata de rabia la bestialidad de esta gente.
Nos preocupa el fenómeno del terrorismo y la amenaza que éste
representa para el mundo libre, así el fenómeno se enviñete
como ETA, Al Qaeda, FARC, Hezbola o Hamas.
Al margen de las naturales y sanas diferencias entre las persona, no hay
duda de que el mundo se comienza a partir en dos: por un lado, los que
estamos al lado de la paz y la sensatez; por el otro, los que se enlistan
en el bando de la violencia, anclando sus pasiones y frustraciones en
el muelle del fanatismo político, religioso, étnico, etc.
A estos últimos pertenecen no sólo los que maquinan y producen
estas tragedias, sino también los que las apapachan con sus verborreas
de paño tibio o silencios cómplices qué decir
de los que las celebran.
Pero si inédita ha sido la masacre del 11-M en la historia de esta
España querida, más inédita aún ha sido la
respuesta del pueblo español contra los terroristas. En las plazas
y calles de la Madre Patria, millones de ciudadanos han desafiado la lluvia
para gritar ¡No al terrorismo! El mundo entero ha hecho lo mismo.
Los españoles no han estado solos. Al margen de las implicaciones
políticas que en cada país produzcan estas tragedias...
contra los terroristas, se está consolidando un gran bando.
Y de ese lado estamos nosotros.
*Columnista de El Diario de Hoy.