El Diario de Hoy
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Un grupo aún no identificado decidió las elecciones en
España, al enviar un mensaje que atribuía a la red terrorista
al Qaeda los atentados dinamiteros del jueves en Madrid. Para una mayoría
de borregos, la forma más efectiva de combatir la violencia y el
terrorismo, es contemporizar con las bandas, dejarlas en paz, imaginar
que no existen, convertirlas en partidos políticos. A juzgar por
la forma en que han reaccionado los votantes españoles, la manera
más efectiva de garantizar su seguridad es no meterse con terroristas,
no perseguirlos, no antagonizarlos.
Lo aconsejable, deben suponer, es que libios, sirios, iraníes y
norcoreanos sigan sus propios caminos, aunque eso les lleve a fabricar
artefactos atómicos, tiranizar a sus pueblos, oprimir a sus mujeres,
financiar ataques suicidas y fortalecer sus redes del terror, para que
a los europeos no les suceda nada feo.
La reacción de los votantes fue sorprendente. Una de las víctimas
del atentado llegó con todo y algodones para emitir su voto de
castigo: el Partido Popular nunca debió haber acompañado
a Estados Unidos enviando tropas a Iraq. Lo propio es meterse debajo de
la cama y esperar que las fraternales bandas terroristas no se fijen en
los españoles.
En 1939, el Primer Ministro británico Neville Chamberlain viajó
a Munich a participar en una conferencia europea por la paz
y así aplacar a Hitler, que ya había invadido los Sudetes,
Checoslovaquia y Austria. Chamberlain volvió a Inglaterra proclamando
que había conseguido la paz para nuestro tiempo; Churchill
le contestó que no habría paz y que con su acto aceleraba
la guerra. Y guerra la hubo, de una crueldad y destrucción espantosas.
Ojalá mantenga España su curso
Por su lado los radicales musulmanes han aprendido una terrible lección:
que en ciertas circunstancias pueden derrumbar a un gobierno democrático
perpetrando una masacre. Se valen de la asombrosa incapacidad del mayor
número de votantes para cuestionar las simples hipótesis
que se manejan en política.
Es obvio que una mayoría de españoles no entiende plenamente
ni alcanza a ver, lo que se ha logrado en los años de gobierno
del Partido Popular. España se ha colocado a la cabeza de Europa
en innovación, dinamismo, crecimiento, estabilidad. Cada año
la gente es más próspera, las ciudades más esplendorosas,
los cambios para lo bueno más visibles. La pujanza se siente aunque
se tengan los ojos cerrados: el refinamiento toca todos los quehaceres,
la alegría es desbordante. Barriadas y pueblos que hace veinte
años eran vetustos y herrumbrosos, brillan hoy en día.
Los españoles no han aprendido que no se le mete mano a una máquina
que funciona bien. Más puestos de trabajo fueron creados en los
años de Aznar, que nunca antes. Más inversiones fueron hechas
en ese período que en cualquier otro momento de la historia de
España. Todo eso fue resultado de la desregulación económica,
de la confianza generada, de la baja de impuestos, del clima favorable
a los productores.
Dios mediante el nuevo presidente español, Rodríguez Zapatero,
mantenga las reformas y continúe en el exitoso curso trazado por
José María Aznar, genial artífice de lo que con justicia
es el milagro español.