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La nota del día
Cuando terroristas deciden elecciones

Los radicales musulmanes han aprendido una terrible lección: que en ciertas circunstancias pueden derrumbar a un gobierno democrático perpetrando una masacre.

Publicada 16 de marzo 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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Un grupo aún no identificado decidió las elecciones en España, al enviar un mensaje que atribuía a la red terrorista al Qaeda los atentados dinamiteros del jueves en Madrid. Para una mayoría de borregos, la forma más efectiva de combatir la violencia y el terrorismo, es contemporizar con las bandas, dejarlas en paz, imaginar que no existen, convertirlas en partidos políticos. A juzgar por la forma en que han reaccionado los votantes españoles, la manera más efectiva de garantizar su seguridad es no meterse con terroristas, no perseguirlos, no antagonizarlos.

Lo aconsejable, deben suponer, es que libios, sirios, iraníes y norcoreanos sigan sus propios caminos, aunque eso les lleve a fabricar artefactos atómicos, tiranizar a sus pueblos, oprimir a sus mujeres, financiar ataques suicidas y fortalecer sus redes del terror, para que a los europeos no les suceda nada feo.

La reacción de los votantes fue sorprendente. Una de las víctimas del atentado llegó con todo y algodones para emitir su voto de castigo: el Partido Popular nunca debió haber acompañado a Estados Unidos enviando tropas a Iraq. Lo propio es meterse debajo de la cama y esperar que las fraternales bandas terroristas no se fijen en los españoles.

En 1939, el Primer Ministro británico Neville Chamberlain viajó a Munich a participar en una conferencia europea “por la paz” y así aplacar a Hitler, que ya había invadido los Sudetes, Checoslovaquia y Austria. Chamberlain volvió a Inglaterra proclamando que había conseguido “la paz para nuestro tiempo”; Churchill le contestó que no habría paz y que con su acto aceleraba la guerra. Y guerra la hubo, de una crueldad y destrucción espantosas.

Ojalá mantenga España su curso

Por su lado los radicales musulmanes han aprendido una terrible lección: que en ciertas circunstancias pueden derrumbar a un gobierno democrático perpetrando una masacre. Se valen de la asombrosa incapacidad del mayor número de votantes para cuestionar las simples hipótesis que se manejan en política.

Es obvio que una mayoría de españoles no entiende plenamente ni alcanza a ver, lo que se ha logrado en los años de gobierno del Partido Popular. España se ha colocado a la cabeza de Europa en innovación, dinamismo, crecimiento, estabilidad. Cada año la gente es más próspera, las ciudades más esplendorosas, los cambios para lo bueno más visibles. La pujanza se siente aunque se tengan los ojos cerrados: el refinamiento toca todos los quehaceres, la alegría es desbordante. Barriadas y pueblos que hace veinte años eran vetustos y herrumbrosos, brillan hoy en día.
Los españoles no han aprendido que no se le mete mano a una máquina que funciona bien. Más puestos de trabajo fueron creados en los años de Aznar, que nunca antes. Más inversiones fueron hechas en ese período que en cualquier otro momento de la historia de España. Todo eso fue resultado de la desregulación económica, de la confianza generada, de la baja de impuestos, del clima favorable a los productores.

Dios mediante el nuevo presidente español, Rodríguez Zapatero, mantenga las reformas y continúe en el exitoso curso trazado por José María Aznar, genial artífice de lo que con justicia es “el milagro español”.

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