Lauri García Dueñas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El calor quemaba las mejillas, los grises del centro histórico
lucían su contraste en comparación con las miles de camisetas
de color rojo.
Eran las tres de la tarde de ayer, y había llegado la hora en que
el FMLN cerraría su campaña electoral en un lugar simbólico
para su historia: la Plaza Gerardo Barrios.
Faltaba el aire y el vapor se pegaba a los cuerpos hasta hacer sudar los
asistentes.
Ni un paso adelante, ni otro atrás; era imposible caminar. Para
lograrlo había que hacerlo a empellones y ganarse un par de miradas
de reproche.
Los farabundistas hicieron de las suyas para procurarse un buen lugar.
Los más intrépidos se subieron a los árboles, a los
techos de los buses, y otros llegaron hasta las torres de catedral.
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| Fuego. Militantes del partido de izquierda quemaron
un muñeco vestido con los colores del partido oficial.Foto
EDH |
De pronto, alguien abre una bolsa con agua y decide tirarla al aire,
las gotas caen refrescando un poco.
Hubo varias formas para demostrar el apoyo a su partido: globos con las
caras de los candidatos, pinturas en el rostro, gritos de vivas; pero
sobre todo, el hecho de estar parados durante las cuatro horas que duraron
los discursos.
Palabras
El pueblo salvadoreño es como la bella durmiente que despertó
con un beso del príncipe, dijo Tania de Handal, esposa del
candidato a la presidencia.
Las comparaciones del candidato contrastaron entre las de su esposa, que
lo considera el príncipe besador, y las de un pastor luterano que
llegó a afirmar que Dios ya habló y ya estableció
quien sería el próximo Presidente del país.
Tampoco faltaron, en el evento, las acciones y palabras en contra del
partido oficial, desde la quema de un muñeco vestido de tricolor,
hasta los abucheos a un avión que sobrevoló la zona portando
una bandera de ARENA. Ojalá que lleven cámaras, para
que les dé miedo ver tanta gente reunida, observó
el candidato.
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| En las alturas, para lograr ver a los candidatos.Foto
EDH |
Luego vinieron los largos discursos, cada candidato habló más
de una hora, la gente escuchaba con atención al principio, pero
luego decaía el interés.
Pero, a intervalos, los candidatos decían alguna consigna y el
mar rojo que agolpaba la plaza volvía a reaccionar.
La noche empezó a caer en el centro histórico, las nubes
iban apagando sus celajes, el discurso de Schafik Handal fue complementado
por cuetes verdes, un llamado a la unidad del pueblo salvadoreño
y las gracias.
La gente empezó a dispersarse, entre la brisa que presagiaba lluvia,
y apartaba el calor. Los buses recogían a los efemelenistas para
volver a sus casas.