El Diario de Hoy
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Una muestra de cariño y solidaridad se vivió la mañana
de ayer cuando decenas de personas asistieron a la Catedral Metropolitana
para mostrar su respeto y apoyo al pueblo español quien todavía
tiene frescas las heridas sufridas por los atentados terroristas cometidos
el 11 de marzo.
El Presidente Francisco Flores, ministros y diversas autoridades del cuerpo
diplomático se unieron a la comunión con Cristo junto a
otros fieles católicos en un clamor a Dios Todopoderoso, para que
cese de una vez por todas la locura del terrorismo.
Desde muy temprano y antes de que iniciara la misa, el ambiente al interior
del templo era una familiar mezcla de tristeza e indignación por
la tragedia ocurrida.
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Un homenaje.
Al acto religioso asistieron funcionarios del gabinete, el Presidente
y personajes de la palestra pública.. Foto
EDH |
El embajador de España en El Salvador, Francisco Montalbán,
recibió conmovido las condolencias del mandatario salvadoreño,
amigos y personas particulares quienes encuentran muy difícil expresar
con palabras la grave pena que traen como única ofrenda al pueblo
español.
Me encuentro muy emocionado y agradecido con el pueblo salvadoreño,
sabemos que tenemos amigos en todo el mundo, pero con El Salvador siempre
nos ha unido un lazo muy especial, dijo el embajador a tres días
de ocurridos los atentados en Madrid que dejaron 200 muertos y más
de mil personas lesionadas.
El acto litúrgico, presidido por Monseñor Fernando Sáenz
Lacalle, inició a las 10:13 y durante más de una hora los
fieles oraron por el descanso eterno de las víctimas mortales,
así como por pronta recuperación de los heridos. Monseñor
dijo: Pedimos a la humanidad entera que cese el terrorismo, porque
todos somos seres humanos y todos somos hermanos.
Compartiendo el pan
Entre los cánticos, las oraciones y las sabias palabras del evangelio,
algunas lágrimas afloraron para compartir el dolor de la triste
lluvia que sufrió España hace tres días, pero esta
vez los ríos de pena corrían por los rostros morenos de
estas tierras, algunos cansados por los años, otros todavía
muy tiernos en su amanecer.
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Religiosidad
Antonio Saca y su esposa, Ana Ligia, rezan por el descanso de las
almas de las víctimas y la recuperación de los heridos
en los atentados. Foto EDH
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Sin embargo, en una misa también hay tiempo para la alegría.
La paz esté con ustedes, dice el prelado y acto seguido
aparecen las sonrisas, los abrazos y manos desconocidas que se estrechan,
una muestra del amor que puede existir entre los hermanos de tierras distantes.
Llega el momento de la comunión, el cual se convierte en una verdadera
cena hermanada en el cuerpo de Cristo, los trajes y las corbatas se entremezclan
con las vestimentas más humildes.
Pero el Santo Padre ha dicho en otras ocasiones que en las peores
desgracias, en lo peor de la humanidad, surge también lo mejor
de la naturaleza humana.
La celebración casi ha llegado a su final y parece que el dolor
poco a poco se va alejando, la tristeza que invadía el santo recinto
se ha diluido.
Antes de que los feligreses se retiren, el embajador Francisco Montalbán
es invitado a dar unas palabras: Querido pueblo salvadoreño,
gracias por su solidaridad. Y concluye su discurso diciendo: Ahora,
más que nunca, sabemos que no estamos solos en nuestra lucha contra
la maldad.
Lentamente, las personas se van retirando de Catedral, pero todavía
muchas manos buscan estrechar con cariño a aquella que representa
en este pequeño país a la de todo el pueblo español.